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La RCP con la cabeza elevada,
¿una novedad pasajera?

Ayoze Sánchez Silva

Enfermero de ambulancia sanitarizada. Las Palmas. España.

Director editorial de Zona TES

 

 

Los servicios de emergencia de Seúl cuando deciden transportar un paciente en PCR se encuentran a menudo con un problema, «¿Cómo lo meto en el ascensor para transportarlo?», ¿con la cabeza hacia arriba o con la cabeza hacia abajo?», «¿y si reanimamos al paciente con la cabeza elevada?». Este problema, que ocurre también en muchas de nuestras poblaciones, fue el detonante de una interesante corriente de modernas investigaciones que aún siguen generando discusiones.

 

A pesar de tratarse de un concepto contraintuitivo, algunos estudios recientes1 indican que reanimar al paciente con la cabeza elevada, o incluso con el tórax y la cabeza elevados, puede contribuir a una mejora en la supervivencia del paciente.

 

Al parecer, el principal beneficio obtenido mediante el uso de esta técnica es una mejoría en el retorno venoso cerebral, lo que podría contribuir a mejorar el flujo de la sangre arterial dentro de la cabeza. También se especula con la posibilidad de que la elevación de la cabeza pueda reducir en cierta forma un potencial edema cerebral en pacientes hipóxicos o hipercápnicos. Esta técnica de elevación de la cabeza ya se aplica como parte de los cuidados de los pacientes que sufren traumatismo craneoencefálico y de los pacientes sometidos a ventilación mecánica, que son mantenidos en posición de Fowler a 30º.

 

 

Otro de los beneficios de practicar la RCP con el paciente con la cabeza y el tronco elevadas en posición de Fowler reside en la distribución fisiológica del flujo de sangre en los pulmones, lo que podría repercutir en una mejora del volumen de sangre movilizado durante las compresiones o una mejora en la oxigenación de la sangre en los pulmones.

 

En la práctica, reanimar al paciente con la cabeza elevada puede resultar algo complicado. El procedimiento propuesto incluye la elevación de la camilla completamente en un ángulo aproximado de 30º, con el paciente sujeto en una camilla de cuchara o una tabla espinal y con un cardiocompresor acoplado para lograr la automatización del proceso, que de ser realizado de forma manual resultaría muy complicado de llevar a cabo. También se recomienda en conjunto con un dispositivo de aumento del umbral de impedancia (ITD), cuya función es facilitar la salida del aire del interior del tórax durante las compresiones.

 

En 2015 el cuerpo de Bomberos del Condado de Palm Beach en California informó de una tasa de recuperación de la circulación espontánea (ROSC) que aumentó de un 16% a un 23% al poner en práctica esta técnica de forma experimental en su trabajo de campo.

 

 

Por otra parte, uno de los últimos estudios publicado en la prestigiosa revista Resuscitation, en agosto de 2018, indica que en un experimento con un modelo animal porcino, los animales que fueron reanimados con la cabeza elevada 30º tuvieron peores resultados que los que permanecieron en posición supina cuando eran reanimados sin dispositivos de umbral de impedancia, lo que abre la puerta a interpretar que el uso combinado de diferentes elementos, incluida la elevación de la cabeza, puede ser beneficioso.

 

Te recomendamos dos interesantes artículos sobre publicados sobre este tema en la revista JEMS:

 


Bibliografía

  1. The “do’s and don’ts” of head up CPR: Lessons learned from the animal laboratory. Moore, Johanna C.Segal, NicolasDebaty, GuillaumeLurie, Keith G. et al. Resuscitation, Vol. 129, e6 - e7.

 

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