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Vídeo “Manual audiovisual de transferencias
y movilizaciones de personas con lesión medular en el entorno hospitalario”

 

ASPAYM. Asociación de Lesionados Medulares
y Grandes Discapacitados Físicos

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Iván Álvarez Campos1 y Xerach Arteaga Rodríguez2

1Técnico en Emergencias Sanitarias. Emergencias Prehospitalarias. Tenerife. España.

2Diplomado en Enfermería. Emergencias Prehospitalarias. Tenerife. España.

 

La médula espinal es una masa cilíndrica de tejido nervioso que se extiende en sentido caudal a partir del bulbo raquídeo por los orificios vertebrales. Esta ocupa las 2/3 partes superiores del conducto raquídeo. Su función es llevar los impulsos nerviosos a los 31 pares de nervios raquídeos, comunicando el encéfalo con el resto del cuerpo.

 

El perfil del lesionado medular se ha centrado principalmente en varones de edades comprendidas entre los 20 y 40 años que sufrían accidentes automovilísticos coincidiendo con el fin de semana. Destacar que el 50 % de los casos son lesiones a nivel cervical (tetraplejía). Las cifras de lesionados medulares han disminuido estableciendo una relación directa con el descenso del número de este tipo de accidentes experimentado en las carreteras en España. Sin embargo, se ha observado un ascenso de lesionados medulares con un perfil de edades comprendidas entre 60-70 años cuyas causas son los traumatismo medulares ocasionado por caídas principalmente.

 

Desde el punto de vista de gasto individual y social, debemos apuntar que esta enfermedad traumática supone un coste importante de atención y cuidados. Mayormente teniendo en cuenta que la lesión medular a nivel cervical es un problema sanitario muy serio, en el que la función respiratoria y cardiovascular se ven comprometidas por el déficit neurológico.

 

La causa principal de la lesión medular es la traumática (precipitados, accidentes de tráfico). En una enfermedad traumática, el 6% de los pacientes presentan traumatismo vertebrales y de estos, un 1,6% tienen vinculada una lesión medular.

 

Es justo en este momento, sospecha de lesión medular por traumatismo, donde los equipos de emergencias en particular y la ciudadanía en general cobran una especial importancia en la correcta atención de esta situación. La experiencia diaria en la asistencia prehospitalaria revela que un gran número de los traumatismos vertebrales pueden evolucionar a una lesión medular si este evento no se maneja adecuadamente.

 

Debemos de tener muy presente que el paciente politraumatizado es un potencial lesionado medular y la asistencia debe ser realizada como tal.

 

La atención inicial y maniobras de inmovilización en este tipo de pacientes deben realizarse de manera muy organizada. Teniendo en todo momento el control de la columna cervical, debemos actuar en equipo y de manera programada. Ante este tipo de incidente debemos valorar la escena de los hechos con el fin de trabajar en un escenario seguro, considerar la situación inicial en función de la gravedad, valoración primaria del paciente y resucitación si procede, traslado en ambulancia y valoración secundaria. Tendremos en cuenta que la vida prima sobre la funcionalidad y muy presente el no hacer mayor daño del que se presupone que ya existe.

 

Otro aspecto que los profesionales deben abordar con destreza es el conocimiento y manejo de los diferentes dispositivos que se emplean para un riguroso control de la inmovilidad del afectado.

 

También hay que pensar en las personas que padeciendo una lesión medular, precisa atención sanitaria por parte de los TES por cualquier otra razón. Estos pacientes precisan de una aproximación especial dadas sus características y su limitación en la movilidad o en la sensibildad causada por la lesión medular. En cualquier servicio público, y especialmente en el ámbito sanitario, deben tratarse a las personas discapacitadas de forma natural. Hay unas pautadas muy recomendadas para ello. Debemos preguntar a la persona si precisa de nuestra ayuda y cómo podemos ayudarle; será la persona quien nos indique la forma de ayudarle en el caso que la precise. Hay que hablar directamente a la persona discapacitada; muchas veces erróneamente dirigimos la interlocución al cuidador. No debemos hacer uso de las generalizaciones, cada discapacidad tendrá unas necesidades distintas. Los profesionales de los servicios públicos deben conocer las características de las infraestructuras donde ejercen con la finalidad de adecuar una evacuación los más eficiente posible y conocer si los servicios ofrecidos se adaptan a las necesidades de la persona discapacitada. Hay que permitir el uso de perros guías en los espacios de uso, los cuales irán perfectamente identificados para tal función.

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