11,7 créditos

Buscar:

Zona TES - Revista de formación para Técnicos en Emergencias Sanitarias

 

Movilizaciones e inmovilizaciones

Zona TES Abril-Junio 2016

Volver al sumario

ÁMBITO PROFESIONAL

Coordinación de equipos multidisciplinarios

Humberto Rodríguez Armas

Técnico en Emergencias Sanitarias. Cruz Roja Española. Socorro y Emergencias. Fuerteventura. Canarias. España.

Humberto Rodríguez Armas“No debemos ponernos límites si contamos con el mejor de los equipos y con la ayuda de los organismos e instituciones implicados”


Como Técnico en Emergencias Sanitarias he de decir que nunca se termina de aprender cosas nuevas y de adquirir experiencia.

En 2003 pasé a formar parte del Equipo de Respuesta Inmediata a Emergencias (ERIE) para atender a las personas llegadas a las costas de Fuerteventura en embarcaciones poco o nada acondicionadas para la navegación.

Comenzamos en el ERIE 7 personas contratadas a jornada completa y dedicación exclusiva para atender lo que ocurriera en la isla referente a la inmigración llegada a sus costas en las condiciones arriba mencionadas. Un médico, una enfermera, un conductor, un técnico, un patrón de embarcaciones, un socorrista acuático y yo, que era el responsable del equipo, además de los voluntarios, sumábamos un total de 120 efectivos, aproximadamente.

Una vez recibida la alerta, teníamos que desplazarnos a cualquier playa o puerto de la isla para atender las lesiones, patologías y demás incidencias que se presentaban. Mi labor era la de coordinar al equipo; aportar fluidez a la hora de tener toda la cobertura posible; recopilar la información por parte de quienes habían entrado en contacto por primera vez con los afectados (Guardia Civil, Salvamento Marítimo, Policía Local, Protección Civil, Policía Nacional, Bomberos, Agentes de Puertos de Canarias, 1-1-2, población, etc.); asegurar la disponibilidad de todos los recursos necesarios y del personal especializado para cada caso, y establecer el protocolo de actuación de acuerdo con las circunstancias del momento.

Al principio contábamos con la ayuda del personal de Médicos Sin Fronteras que estaban en la isla por el mismo motivo, mientras el Gobierno central y el autonómico firmaban un convenio con Cruz Roja para destinar fondos al fenómeno conocido como el de las pateras.

Es importante resaltar que las primeras actuaciones no fueron de nuestro agrado, porque nos veíamos desbordados en cada intervención, ya que teníamos que triar a más de 30 personas que llegaban en condiciones difíciles y al mismo lugar. Con el problema legal añadido de que no habían entrado en nuestro país de manera lícita y por ello tenían la condición de detenidos.

Mi postura era situarme fuera de la acción para poder visualizar cómo se estaban desarrollando los acontecimientos y detectar dónde debíamos reforzar o disminuir la atención. Antes, durante y después de las intervenciones se hacían recuentos de material, personal y recursos para tenerlos preparados en todo momento, ya que nos podían activar en medio de una actuación o nada más terminarla, así hasta 4 o 6 veces en un día. Una intervención podía durar de 1 a 3 horas, incluso más si era en lugares sin acceso por tierra.

Aunque pasé momentos de mucha carga emocional y estrés, debía vigilar al resto del equipo para evitar situaciones de burn-out, sin conseguirlo en algunas ocasiones, debido a lo abrumador que resultaba querer llegar a todos y ayudar sin medir nuestras fuerzas. Se estableció incluso un límite de intervenciones para que el personal fuera a descansar obligatoriamente, porque llevaba muchas horas atendiendo a los recién llegados. A todo esto había que añadir la atención a la prensa local, insular, autonómica, nacional e internacional; un auténtico desgaste en todos los sentidos.

Era de vital importancia conocer cada uno de los ámbitos que componían el equipo, la idiosincrasia del pueblo, que llevaba desde 1998 atendiendo por sí solo estos casos, las características del equipo médico, que no estaba acostumbrado a ser dirigido por un técnico pero que supo ver que éramos un equipo, lo mismo con los enfermeros/as. Con los conductores, técnicos, patrones y socorristas la situación era diferente, porque estábamos al mismo “nivel” de experiencias y vivencias.

Cometí muchos errores, y de diversa índole, como por ejemplo no controlar al principio la rotación del personal o enviar a lugares equivocados el material por no haber contrastado la información recibida.

Como Técnico en Emergencias Sanitarias, y con la experiencia que tenía, comprendí que no debemos ponernos límites si contamos con el mejor de los equipos y con la ayuda de los organismos e instituciones implicados. Aprendí también que delegando responsabilidades se consiguen más objetivos.

¿Cómo se consiguió que todo esto funcionase?

En primer lugar luchando para que no faltara material de ningún tipo, teníamos botiquines en cada vehículo, además de las comunicaciones necesarias, visores nocturnos para las búsquedas, elementos de seguridad activa y pasiva para todos/as.

El trato personal debía ser correcto en todo momento: escuchar y aceptar, tanto los errores como las sugerencias, era muy importante para que todo funcionara a la perfección, con la dificultad añadida que supone trabajar en situaciones de estrés, acumulación de horas y tareas, flexibilidad de horarios del personal voluntario, etc.

Cuando estábamos en alerta, notábamos que dependíamos de la cobertura móvil para recibir las llamadas y atenderlas sin problemas, nuestros movimientos estaban calculados y el radio de acción, también; eso causó mella en muchos. Además no se podía planificar porque a cualquier hora se podía poner en marcha un dispositivo. Aunque una vez iniciada la emergencia, era muy gratificante poder contar con tanta gente dispuesta a ayudar sin límites y con la profesionalidad con la que lo hacían, indistintamente de su puesto en el organigrama, ya que el respeto y el fin de la causa primaba ante cualquier pretensión de tipo personal o diferencia entre profesionales (los médicos atendían tanto a los heridos como a quienes necesitaban alimento y abrigo, o simplemente conversación).

Se consiguió el mejor de los ambientes de trabajo en el que yo me hubiese imaginado estar: agentes de emergencias, seguridad, salvamento, prevención, políticos, justicia, ciudadanía, prensa, amigos y hasta miembros de mi familia actuando en la misma causa.

Como técnico, este tipo de experiencias te hacen madurar.En mi caso, como responsable del equipo, disponía de toda la información necesaria para desarrollar mi trabajo, información que transmitía al resto del equipo. El objetivo estaba claro y procuraba que no se diluyese con el paso del tiempo. Comprobé que, respetando a cada uno de los intervinientes en todo lo referente a sus funciones y estableciendo los puentes de unión adecuados, pueden alcanzarse los objetivos más difíciles. Desde aquí mi agradecimiento y homenaje a todos/as quienes estuvieron y están todavía relacionados con esta etapa de mi vida y en especial a quienes lograron cumplir el sueño de una vida mejor arriesgándose de aquella manera, y a quienes no lo consiguieron, que fueron muchos.

Volver al sumario
Volver al sumario

SALUD DEL INTERVINIENTE

Seguridad vacunal en cooperantes

Paloma Merino Amador

Servicio de Microbiología Clínica. Consulta de Medicina Tropical y del Viajero. Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Madrid. España.

Los cooperantes, al igual que cualquier viajero, deben protegerse frente a las enfermedades infecciosas que pueden adquirir durante su estancia en el país al que se dirigen1. Para ello deben tener en cuenta las medidas preventivas de higiene universal (evitando las vías de transmisión o incluso, si es preciso, realizando quimioprofilaxis, como en el caso de la malaria o paludismo), y realizar una adecuada vacunación de aquellas enfermedades inmunoprevenibles.

La salud del cooperante, además de ser necesaria a nivel individual (para el cuidado y protección de uno mismo), es importante para evitar la transmisión de enfermedades a la población general (compañeros de trabajo y comunidad)2. En este artículo vamos a tratar sobre las enfermedades vacunables y el modo en el que se debe llevar a cabo esta práctica.

 

 

Vacunación

Mediante la vacunación se puede obtener inmunidad frente algunas enfermedades. No todas las vacunas son iguales, ni las personas son iguales, por lo que las recomendaciones vacunales son siempre individuales.

Cualquier persona que vaya a trabajar en cooperación y acudir a terreno deberá consultar con suficiente tiempo de antelación, para poder realizar las pautas necesarias que requiera cada vacuna y obtener de este modo la inmunización adecuada.

En primer lugar, hay que conocer si está actualizado el calendario habitual del país o área de residencia. Muchas de las enfermedades inmunoprevenibles son universales y se dan en cualquier país del mundo. Posteriormente, deberá acudir a un centro de vacunación internacional3, para que, de manera personalizada, un profesional le recomiende las vacunas que necesita según:

  • Las características individuales de salud del cooperante: enfermedades de base, inmunización previa, calendario vacunal, edad, etc.
  • Las características de la labor que va a realizar.
  • El área geográfica en la que va a trabajar.
  • El momento en el que se realiza el viaje (por si existe una epidemia o situación especial de riesgo).
  • El tiempo de permanencia.

 

Enfermedades vacunables

Existen numerosas enfermedades vacunables. Es importante tener al día el calendario vacunal (según la procedencia del cooperante, los calendarios vacunales varían según el área geográfica)4.

En la tabla 1 se muestran las vacunas más frecuentes según las características de recomendación. Existen otras muchas vacunas, que dependen del área geográfica o del momento cuando se visite la zona.

La malaria, o paludismo, no tiene hasta la actualidad una vacuna eficaz, por lo que a pesar de ser una de las enfermedades tropicales más graves, no podemos lograr la inmunización mediante vacuna. En el caso de la malaria, es necesario (según el tiempo, localización y características individuales) realizar quimioprofilaxis.

 

 

Tabla 1. Vacunas en cooperación. (Clic en la imagen para aumentar)

Tabla 1. Vacunas en cooperación

 

 

El cooperante que regresa enfermo

Cuando se ha visitado una zona de riesgo de enfermedades infecciosas es importante recordar que, a pesar de haber tomado las medidas preventivas adecuadas, incluida la vacunación y la quimioprofilaxis, nunca se consigue una protección completa, por lo que se pueden desarrollar dichas enfermedades, incluida la malaria.

Por este motivo se recomienda acudir a una consulta especializada de medicina tropical para poder realizar una revisión de rutina en la que, además de valorar el estado de salud en ese momento, se deben explicar los procesos que hayan aparecido durante el tiempo de expatriado, ya que existen enfermedades que pueden presentar periodos asintomáticos y, sin embargo, no haberse curado completamente. Esto puede suceder con enfermedades bacterianas o parasitarias, como son el caso de la tuberculosis, la malaria o la amebiosis.

La sintomatología de algunas enfermedades infecciosas pueden aparecer mucho tiempo después del regreso, por este motivo, siempre que aparezcan síntomas como fiebre, diarrea, cefalea, etc., se debe acudir a los centros sanitarios, advirtiendo de la estancia de cooperación. Es importante aportar la cartilla de vacunación o informes de enfermedades pasadas (incluyendo los antibióticos o antiparasitarios que se hayan tomado), ya que pueden orientar al diagnóstico y tratamiento actual.

 

 

Puntos clave

  • La vacunación es importante no sólo para la protección de la salud del cooperante, sino también para la salud de la comunidad en la que trabaje.
  • Es necesario realizar una vacunación individualizada y por profesionales, ya que las necesidades o contraindicaciones de vacunación dependen de múltiples factores.
  • La consulta de vacunación debe realizarse con al menos un mes de antelación al viaje.
  • En ocasiones la documentación que acredita que el cooperante está vacunado será imprescindible para cruzar algunas fronteras.
  • La vacunación o las medidas preventivas no siempre protegen completamente, aunque sí disminuyen el riesgo de padecer las enfermedades.
  • Es conveniente realizar una revisión a la vuelta del periodo de expatriación y sobre todo acudir a centros médicos especializados si aparece cualquier sintomatología, aunque sea tiempo después del regreso.
  • No olvidar aportar los informes o la información de las enfermedades que se han tenido durante la estancia de cooperación.

 

 

 


 

Bibliografía

  1. Vacunación en el Cooperante. González-Álvarez R., Bayas JM. Servicio de Medicina Preventiva. Hospital Clínic de Barcelona. Disponible en: http://www.vacunas.org/index.php?option=com_content&task=view&id=641&Itemid=348
  2. Wicker S, Rabenau HF, Kempf VA, Brandt C. Vaccination against classical influenza in health-care workers: self-protection and patient protection. Dtsch. Arztebl Int. 2009;106:567-72.
  3. Centros de vacunación Internacional. Disponible en: http://www.msc.es/profesionales/saludPublica/sanidadExterior/salud/centrosvacu.htm
  4. García De Francisco A., Prieto Zancudo C. Consulta Del Viajero (II). Vacunas y Profilaxis. Medifam. 2002;12:122-31.
Volver al sumario
Volver al sumario

VEHÍCULOS Y EQUIPAMIENTOS

¿Los asientos del futuro nos podrían ayudar en el rescate?

Sergio de Rico Herrero

Ingeniero. Ingenciber SA. Madrid. España.

Todo el personal sanitario de emergencia conoce las dificultades del rescate de las víctimas de los accidentes de tráfico. Inmovilizar al herido con un collarín y un chaleco y extraerlo del vehículo consume la mayor parte del tiempo de intervención, y el retraso que produce va en detrimento de las posibilidades de supervivencia del paciente. Para optimizar el tiempo invertido a la vez que se garantiza la correcta manipulación del paciente, se precisan otros medios técnicos que faciliten esta labor.

La seguridad pasiva protege a los ocupantes de un vehículo durante el impacto primario (vehículo-objeto) y el impacto secundario (cuerpo-habitáculo), pero no puede impedir las consecuencias del impacto terciario (traumatismos en órganos internos). La seguridad automovilística actual finaliza cuando el vehículo se detiene tras sufrir un accidente. El balance global anual de los accidentes de tráfico supone 1.200.000 muertos y 40.000.000 de heridos.

Al detectar esta necesidad surge el concepto de “seguridad post-accidente”: reducir el tiempo de actuación de los servicios de emergencias facilitando su labor para así ofrecer a las víctimas una mayor posibilidad de supervivencia y una minimización de sus secuelas.

Este concepto se materializa en la solución técnica que se denomina “e-Rescue®”: los asientos especiales del vehículo disponen en su interior de todo el material necesario para inmovilizar al paciente contra su propio asiento (fig. 1) y, posteriormente, se separa el respaldo del asiento para extraerlo del vehículo usándolo como camilla primaria (fig. 2). De esta forma, el respaldo se convierte en un elemento para la inmovilización del paciente y para trasladarlo hasta la camilla de la ambulancia (fig. 3). El tiempo de rescate se reduce así a la mitad.

 

 

Figura 1. Sistema incorporado al asiento de los vehículos para la inmovilización y extracción de los heridos en caso de accidente, que evita lastimar a las víctimas o agravar las lesiones ya producidas.

 

Figura 1. Sistema incorporado al asiento de los vehículos para la inmovilización y extracción de los heridos en caso de accidente, que evita lastimar a las víctimas o agravar las lesiones ya producidas.


Figura 2.  El respaldo del asiento del vehículo hace la función de camilla primaria.

Figura 2. El respaldo del asiento del vehículo hace la función de camilla primaria.

 

Figura 3.  La utilización del respaldo como camilla primaria permite el traslado de la víctima a la ambulancia.

Figura 3. La utilización del respaldo como camilla primaria permite el traslado de la víctima a la ambulancia.

 

 

Principales características del sistema “e-Rescue®

  • Es un dispositivo individual, integrado e imperceptible.
  • No es necesario trasladar ningún material adicional.
  • Está disponible desde el primer momento para su utilización por parte de cualquier interviniente cualificado.
  • Evita tener que mover al paciente para inmovilizarlo: no hay que introducir nada entre la espalda del paciente y el respaldo, es el propio respaldo lo que se utiliza como superficie rígida para la inmovilización. Se previene el riesgo de provocar o agravar una lesión medular por una mala movilización.
  • Resulta mucho más seguro y rápido que los chalecos actuales. La sujeción principal se realiza a nivel de las ingles y de las axilas (fig. 4), a nivel abdominal solo hay una faja elástica, en comparación con el chaleco, ninguno de estos elementos aumenta la presión en el abdomen y en la caja torácica, no comprometiendo por tanto ni la respiración ni la circulación. De esta forma también es aplicable con personas obesas o mujeres embarazadas.
  • Facilita la maniobrabilidad dentro del vehículo accidentado. Al liberar el respaldo del asiento es mucho más fácil maniobrar con el paciente en el interior del habitáculo. Se puede sacar al paciente por cualquier puerta del vehículo.
  • Ofrece la posibilidad de retirar los respaldos de los asientos no ocupados para aumentar el espacio de trabajo en el interior del vehículo.
  • El propio respaldo hace las veces de camilla primaria y permite el traslado directo a la ambulancia, se prepara la camilla doblando la colchoneta a la mitad y el respaldo queda alineado con ella. El paciente queda apoyado en plano.
  • Muy útil en accidentes con varias víctimas: cada víctima dispone de su propio sistema de inmovilización y extracción. Esto resulta clave si se instala en todos los asientos de un autobús.
  • Permite inmovilizar, extraer y trasladar al paciente de la forma más rápida y segura.

Figura 4.  La sujeción principal se realiza a nivel de las ingles y de las axila.

Figura 4. La sujeción principal se realiza a nivel de las ingles y de las axilas.

 

 

 

Protocolo de actuación (mínimo 3 intervinientes)

Se ubica una persona detrás del paciente, abre la solapa de la parte posterior del respaldo y saca el collarín cervical. La inmovilización del paciente prosigue yendo de arriba hacia abajo, se inmoviliza la cabeza contra el reposacabezas con la ayuda de dos barboquejos, se fija el tórax con sendas cinchas que pasan por debajo de las axilas y se cruzan hacia el hombro opuesto, se fijan las caderas con sendas cinchas que pasan por la ingles y retornan hacia su propio lado y, por último, se fija el abdomen con una faja elástica que no oprime. Después queda poner dos cinchas adicionales que rodean al paciente a nivel de hombros y de caderas, y que sirven para poder manipularlo. Se libera el respaldo accionado un dispositivo especial a nivel de los anclajes y se desplaza al paciente hacia atrás con la ayuda de dos tiradores posteriores unidos a la estructura del respaldo. Una vez que las piernas salgan en recto de debajo del salpicadero, se moviliza al paciente para extraerlo por la puerta más adecuada. Se traslada al paciente con una persona a cargo de las piernas y dos más, uno a cada lado del respaldo, que sujetan al paciente mediante las cinchas adicionales que se fijaron en el último paso. Se transfiere al paciente a la camilla de la ambulancia debidamente preparada tras plegar su colchoneta.

 

Alternativa en caso de fractura en la clavícula

Si el paciente presenta una fractura en la clavícula, las cinchas superiores se introducen por las axilas pero no se cruzan por delante del tórax, sino que van directamente hacia la parte superior del hombro del mismo lado (fig. 5).

 

Utilización de las cinchas dependiendo de si hay o no fractura de clavícula.

Figura 5. La sujeción principal se realiza a nivel de las ingles y de las axila.

 


Conclusiones
Se han realizado estudios con los expertos del SUMMA 112, del SAMUR de Madrid y del Servicio de Emergencias de Ciudad Real. Igualmente se encargó un informe técnico a ASEPA (Asociación Española de Profesionales de la Automoción) para conseguir la recomendación escrita del director de la Dirección General de Tráfico. El conjunto de estudios avala que la implantación de los sistemas de seguridad post-accidente conseguiría reducir 1/3 el tiempo de traslado al hospital de las víctimas de los accidentes de tráfico. Esto se traduce en una reducción del 50% de las consecuencias de la siniestralidad vial, tanto en número de muertos como de heridos. Es decir, el potencial global anual indica que se podrían salvar 500.000 vidas y evitar 15.000.000 de lesiones.

 

 

 


 

 

Vídeos

 

 

 

 

Volver al sumario
Volver al sumario

CÓMO SE USA…

Manejo del compresor torácico LUCAS

Jordi Guiu Rosa1 y Francesc Carmona Jiménez2

1 Técnico en Transporte Sanitario. Sistema d’Emergències Mèdiques. Barcelona. España.

2 Médico. Sistema d’Emergències Mèdiques. Barcelona. España.

La muerte súbita puede afectar a cualquier persona, en cualquier lugar y en cualquier momento. Cada año se atienden en Europa1 entre 17 y 53 paradas cardiorespiratorias (PCR) extrahospitalarias por cada 100.000 habitantes.

La supervivencia y la calidad de vida de un paciente que ha sufrido una PCR en el entorno extrahospitalario están muy ligadas al tiempo de respuesta y a la calidad de las maniobras de resucitación cardiopulmonar (RCP) que se efectúen2. El European Ressusitacion Council (ERC) recomienda efectuar compresiones torácicas de gran calidad, con las mínimas interrupciones posibles3. Un reanimador puede realizar maniobras de calidad en los primeros 2 minutos, disminuyendo su efectividad a medida que transcurre el tiempo4,5.

Con el paso de los años, han sido varios los dispositivos de compresiones torácica mecánica que se han ido desarrollando6, entre ellos el LUCASTM 2 (Lund University Cardiac Assist System).

El LUCASTM 2 es un dispositivo diseñado para realizar compresiones torácicas de gran calidad, con la ventaja añadida de liberar a un reanimador. Obviamente, al ser una máquina es inmune al estrés y a la fatiga, asegurando unas compresiones torácicas óptimas durante toda la reanimación. En comparación con la RCP manual, este dispositivo mejora diferentes parámetros, como el valor de CO2 espirado7 o el flujo sanguíneo cerebral8,9, sin que se observen más lesiones asociadas a su uso10. Su peso relativamente ligero (7,8 kg) lo convierte en un dispositivo ideal para la atención a pacientes que han sufrido una muerte súbita en el medio extrahospitalario.

El LUCASTM 2 está basado en un mecanismo de pistón con una ventosa que se sitúa en el centro del pecho, aproximadamente en el punto donde se colocaría el talón de la mano. El aparato ejerce la fuerza necesaria para comprimir el tórax unos 5,2 cm a un ritmo de 102 compresiones por minuto, y gracias a su ventosa descomprime el tórax activamente, generando un mecanismo de bomba torácica. El pistón recibe la energía de una batería de ion de litio recargable situada en su parte superior, con una autonomía de unos 45-50 minutos que se refleja mediante un indicador situado junto a la botonera, con tres leds que se apagan a medida que la batería se descarga, iluminándose el último en naranja cuando la batería está próxima a agotarse (fig. 1). La batería puede cargarse con el dispositivo en funcionamiento mediante un cargador a 220V que viene de serie con el dispositivo, por lo que no suele ser necesaria una batería suplementaria. En caso de que sea necesario cambiar la batería, el dispositivo memoriza los parámetros a los que estaba ajustado durante 60 segundos, una vez superado ese tiempo el LUCASTM 2 se reiniciará al colocar la nueva batería.

 

 

Figura 1.  Botonera del LUCASTM 2.

Figura 1.  Botonera del LUCASTM 2.

 

 

El LUCASTM 2 no requiere un mantenimiento específico, si bien se recomienda una revisión anual del mismo. El dispositivo dispone de un coeficiente IP 43, según norma IEC 60529, su temperatura de funcionamiento se encuentra en el rango entre 0 y 40 °C y su temperatura de almacenamiento entre 0 y 70 °C. El LUCASTM 2 dispone de un ventilador incorporado que se activa para refrigerar el dispositivo al aumentar la temperatura como consecuencia del funcionamiento continuado, sin que el aparato aumente notablemente su temperatura exterior.

El uso de este dispositivo está indicado en aquellos pacientes que han sufrido una PCR en los que estén indicadas las maniobras de RCP, tanto para el tratamiento de la PCR en el lugar en que ha ocurrido como para el traslado del paciente al hospital en situaciones potencialmente reversibles, no tratables en el medio extrahospitalario. Además, se utiliza en el traslado al hospital de los pacientes que no han sobrevivido a una PCR extrahospitalaria, y que podrían ser potenciales donantes en asistolia, para realizar compresiones torácicas durante el traslado al hospital y son numerosos los laboratorios de hemodinámica que lo utilizan para realizar compresiones torácicas durante el cateterismo cardíaco en pacientes en PCR secundaria a un infarto de miocardio.

El dispositivo es apto para pacientes que tengan un tórax con un diámetro antero-posterior entre 17 y 30,3 cm y una anchura menor de 45 cm, sin restricción de peso, lo que incluye a más del 95% de la población adulta y a la mayoría de adolescentes. Asimismo, puede utilizarse en mujeres embarazadas.

Una vez se confirma que el paciente se encuentra en PCR, se inician maniobras de RCP. Uno de los tres componentes de la dotación se encarga de preparar el LUCASTM 2, pulsando el botón de encendido al sacarlo de la bolsa. Una vez preparado, se detienen las maniobras y se coloca cuidadosamente el tablero amarillo con forma de banana bajo el paciente, colocándolo hasta que el borde superior quede por debajo de las axilas (fig. 2 y 3). Se continúan las compresiones torácicas mientras se prepara la parte superior del LUCASTM 2. De la parte superior del dispositivo, se tira de las anillas situadas en los brazos laterales para desbloquear los seguros. Primero se acopla el enganche situado más cerca del reanimador, y si es preciso detendremos nuevamente las maniobras de reanimación para acabar de acoplar el otro lateral. Se debe comprobar que ambas partes se encuentran bien fijadas tirando una vez hacia arriba.

 

 

Figura 2.  Colocación del tablero inferior.

Figura 2. Colocación del tablero inferior.

 

 

Figura 3.  Colocación del dispositivo y encaje de las patillas laterales.

Figura 3. Colocación del dispositivo y encaje de las patillas laterales.

 

 

 

El dispositivo tras encenderse queda en posición de “AJUSTE” y con dos dedos se situará la ventosa en el punto concreto de compresión (fig. 4). Una vez verificada la correcta colocación, se debe pulsar el botón 2 que fija el pistón en la posición deseada y posteriormente el botón 3, que inicia las compresiones . Este botón tiene dos opciones según se ventile al paciente con la vía aérea aislada (“continuo”) o no (“30:2”).

 

 

Figura 4.  Ajuste de la ventosa con dos dedos.

Figura 4. Ajuste de la ventosa con dos dedos.

 

 

 

Cuando el paciente esté siendo ventilado con bolsa resucitadora y cánula de Guedel, o algún dispositivo supraglótico (mascarilla laríngea, Fastrach®) el LUCASTM 2 se mantendrá en funcionamiento en el modo 30:2. Cada 30 compresiones el dispositivo se detendrá durante 4 segundos para permitir las dos ventilaciones. Si se decide intubar al paciente mediante laringoscopia o a través de la mascarilla Fastrach® (maniobra que debería realizarse sin parar las compresiones), una vez intubado se pulsará el botón de compresiones continuas sin necesidad de detener el LUCASTM 2 y se mantendrá en funcionamiento mientras dure la resucitación. Únicamente se pulsará el botón de pausa para los análisis del ritmo, ya sea mediante un desfibrilador externo automático o un desfibrilador manual, y la verificación de pulso cuando proceda, continuando las compresiones inmediatamente después del análisis, aunque se indique una desfibrilación.

Una de las grandes ventajas del LUCASTM 2 es que se puede desfibrilar al paciente sin tener que detener las compresiones torácicas, lo que mejora la tasa de recuperación de la circulación espontánea de la desfibrilación11. Si se decide el traslado del paciente durante el periodo de la resucitación, con el dispositivo en funcionamiento, deberá mantenerse en posición horizontal en la medida de lo posible. El LUCASTM 2 dispone de una cinta que se fija al dispositivo y pasa por detrás del cuello del paciente que evita que el dispositivo se desplace en dirección al abdomen cuando se inclina al paciente elevando la cabeza. Aún así, la mejor opción es mantener al paciente en posición horizontal o casi horizontal, ya que el desplazamiento del pistón en funcionamiento podría lesionar al paciente.

Una vez en la ambulancia, el dispositivo no necesita una fijación específica, ya que queda fijado al paciente (fig. 5), que debe sujetarse de forma estándar con las correas de sujeción de la camilla. El LUCASTM 2 ha sido probado en un crash test con una ambulancia a 30 km/h sin que el dispositivo se desanclase del paciente. Durante la conducción de la ambulancia únicamente es necesario seguir las mínimas normas de la fisiopatología del transporte, conocidas por todos los técnicos en emergencias sanitarias.

 

 

Figura 5.  Colocación de la banda de cuello para evitar el desplazamiento del LUCAS<sup>TM </sup>2.

Figura 5.  Colocación de la banda de cuello para evitar el desplazamiento del LUCASTM 2.

 

 

 

El uso del dispositivo LUCASTM 2 se ha ido generalizando en el mundo desde el lanzamiento de su primera versión (alimentada por gas a presión) en 2002. Actualmente Sistemas de Emergencias, Servicios de Urgencias y laboratorios de hemodinámica de todo el mundo, desde Estados Unidos a Qatar, pasando por toda Europa lo utilizan. En España también su uso se ha ido generalizando por los Sistemas de Emergencias, si bien el Sistema d’Emergències Mèdiques de Catalunya (SEM) y el SUMMA madrileño fueron los pioneros en su uso, inicialmente como compresor torácico en los programas de donación parado y tanto Mateos et al del SUMMA como Carmona et al del SEM han publicado en revistas científicas sobre su uso, tanto en programas de donación en asistolia como en pacientes en PCR9,12-4. Actualmente se están llevando a cabo diferentes ensayos clínicos en España y Europa para evaluar la eficacia del LUCASTM 2.

En conclusión, el dispositivo LUCASTM 2 es un compresor torácico que permite realizar una RCP de calidad en las diferentes situaciones que se pueden presentar durante una parada cardiaca. De fácil colocación y manejo, su uso se ha ido extendiendo desde su introducción en el año 2002 por todo el mundo con resultados prometedores.

 

 

Puntos clave
  • El dispositivo LUCASTM 2 es un compresor torácico mecánico que permite asegurar compresiones torácicas de gran calidad durante toda la resucitación cardiopulmonar, mejorando parámetros como el flujo cerebral o el valor de CO2 al final de la espiración respecto a las compresiones manuales, sin un mayor número de lesiones.
  • El LUCASTM 2 está indicado en todos los intentos de resucitación en que las maniobras de RCP estén indicadas, así como en el traslado al hospital de pacientes que pueden ser potenciales donantes en asistolia.
  • Consta de 2 partes, un tablero en forma de banana que se coloca bajo la espalda del paciente y de un arco con un pistón que se ajusta al tablero inferior, permitiendo la compresión y descompresión activa del tórax, generando un mecanismo de bombeo torácico.
  • Una vez colocado, se ajusta la altura del pistón hasta colocarlo en contacto con la pared torácica y se pone en funcionamiento el dispositivo, que debe mantenerse sin interrupciones durante toda la resucitación.

 

 

 


 

Bibliografía

  1. Grasner JT, Herlitz J, Koster RW, Rosell F, Stamatakis L, Bossaert L. Quality management in resuscitation – Towards a European Cardiac Arrest Registry (EuReCa). Resuscitation. 2011;82:989-94.
  2. Wik L, Steen PA, Bircher NG, Quality of bystander cardiopulmonary resuscitation influences outcome after prehospital cardiac arrest. Resuscitation. 1994;28:195-203.
  3. Nolan J, Soar J, Zideman D et al. European Resuscitation Council. Guidelines for Resuscitation 2010 Section 1. Resuscitation. 2010; 81:1219-76.
  4. Ochoa FJ, Ramallé-Gomara E, Lisa V, Saralegui I. The effect of rescuer fatigue on the quality of chest compressions. Resuscitation. 1998;37:149-52.
  5. Ashton A, Mc Cluskey A, Gwinnut CL, Keenan AM. Effect on rescuer fatigue on performance of continuous external chest compressions over 3 min. Resuscitation. 2002;55:151-5.
  6. Wik L. Automatic and manual mechanical external chest compression devices for cardiopulmonary resuscitation. Resuscitation. 2000;47:7-25.
  7. Axelsson C, Karlson T, Axelsson AB, Herlitz J. Mechanical active compression–decompression cardiopulmonary resuscitation (ACD-CPR) versus manual CPR according to pressure of end tidal carbon dioxide (PETCO2) during CPR in out-of-hospital cardiac arrest (OHCA). Resuscitation. 2009;80:1099-103.
  8. Rubertson S, Karlsten R. Increased cortical cerebral blood flow with LUCAS; a new device for mechanical chest compressions compared to standard external compressions during experimental cardiopulmonary resuscitation. Resuscitation. 2005;65:357-63.
  9. Carmona F, Palma P, Soto A, Rodríguez JC. Flujo cerebral medido por doppler transcraneal durante la reanimación cardiopulmonar con compresiones torácicas manuales o realizadas por un compresor torácico mecánico. Emergencias. 2012;24:47-9.
  10. Smaeckal D, Johanson J, Huzevka T, Rubertson S. No difference in autopsy detected injuries in cardiac arrest patients treated with manual chest compressions compared with mechanical compressions with the LUCAS device—A pilot study. Resuscitation. 2009;80:1104-7.
  11. Sell R, Sarno R, Lawrence B, Castillo E, Fisher R, Brainard C et al. Minimizing pre- and post-defibrillation pauses increases the likelihood of return of spontaneous circulation (ROSC). Resuscitation. 2010;81:822-5.
  12. Mateos A, Pardillo L, Navalpotro JM, Barba C, Martín ME, Andrés A. Kidney transplant function using organs from non-heart-beating donors maintained by mechanical chest compressions. Resuscitation. 2010;81:904-7.
  13. Mateos A, Cepas J, Navalpotro JM, Martín ME, Barba C, Pardillos L et al. Análisis de cuatro años de funcionamiento de un programa de donante a corazón parado extrahospitalario. Emergencias. 2010;22:96-100.
  14. Carmona F, Ruiz A, Palma P, Soto A, Alberola M, Saavedra S. Utilización de un compresor torácico mecánico (LUCAS®) en un programa de donación en asistolia: efecto sobre la perfusión de los órganos y la tasa de trasplante. Emergencias. 2012;24: 366-71.
Volver al sumario
Volver al sumario

EDITORIAL

Presentación Zona TES

Vicente Sánchez-Brunete y José Luis Esmoris

Directores Editoriales

“Zona TES es una publicación independiente y abierta a todos,
cuyos únicos criterios de publicación son el rigor y la calidad”

 

Estimados lectores,

 

El cambio social, la exigencia de los ciudadanos, los cambios de modelo de los sistemas de emergencia y de la legislación que desde este verano está en vigor son el detonante para que el salto cualitativo que los Técnicos en Emergencias Sanitarias (TES) van a experimentar en España sea una realidad inmediata.

Arrancamos este ilusionante proyecto con el deseo de contribuir al avance profesional de los TES. Somos conscientes de las expectativas que este proyecto ambicioso y oportuno ha levantado durante su incubación y estamos listos para responder a ellas.

Zona TES es una publicación de carácter técnico-sanitario y con una periodicidad trimestral, que se dirige a los TES, que son “la base del futuro de las emergencias extrahospitalarias”, como nos recuerda uno de los autores de este primer número, así como a otros colectivos implicados en las emergencias sanitarias en sus muy diversos campos. 

Nuestra ambición es dotar a estos profesionales de la referencia editorial que creemos necesaria. Por ello, nos dirigimos a todos los TES: a los que trabajan en ambulancias, ya sea en un entorno urbano o en un ámbito rural; a los que desarrollan su labor en servicios de emergencias o centros de coordinación (112, 061…); a los que forman parte de equipos de rescate, ya sea urbano, de montaña o internacional; a los que desempeñan trabajos de logistas en un servicio sanitario; a los que trabajan en un helicóptero de rescate o sanitario; a los que están implicados en proyectos de cooperación; a los que desarrollan labores de formación; a los que trabajan en salvamento marítimo, o como socorristas, etc. También nos dirigimos a aquéllos que empezaron como TES y ahora realizan labores de extinción y rescate en servicios de bomberos, o viceversa. El abanico de posibilidades es enorme y es nuestro deseo reflejarlo, y aportar conocimiento y dar voz a todos ellos.

Zona TES es una publicación independiente y abierta a todos, cuyos únicos criterios de publicación son el rigor y la calidad. Su objetivo está alineado con los conceptos de la formación continuada, la mejora de las competencias y el desarrollo profesional de los TES Independiente, porque en el proyecto editorial intervienen profesionales guiados por el rigor y la objetividad profesional. Abierta, porque, partiendo de la premisa de que estamos en este proyecto para aprender, recabamos colaboración de todos los ámbitos y leeremos artículos escritos por TES o cualquier otro profesional que tenga una voz autorizada, sean médicos, psicólogos, enfermeras, bomberos, ingenieros, etc. para que desde un abordaje pluridisciplinario aporten sus experiencias y conocimientos técnicos y científicos en el área de las emergencias. Pretendemos que Zona TES sea una plataforma para que los TES dispongan, como ocurre con el resto de colectivos sanitarios, de una publicación profesional de referencia en la que puedan publicar, siempre desde la calidad y el rigor.

Esta publicación hace suya la aproximación multicanal: además de la revista en papel, generamos sinergias con la página web, donde no sólo está la revista en versión online, sino que también se ofrece formación continuada acreditada (a partir de 2013), recursos formativos para los formadores profesionales, vídeos, noticias, etc. Además, cuenta con un foro que pretende ser un punto de encuentro para todos aquellos que quieran compartir experiencias y conocimientos. La web también alimenta los contenidos de la revista a través del buzón abierto para sugerencias, en el que los lectores podrán dejar sus propuestas de temas a tratar y los autores podrán ver sus experiencias publicadas. En este sentido, todos los manuscritos enviados serán remitidos al Comité Editorial para valorar su publicación. Tanto las normas de publicación como la dirección de envío de manuscritos pueden encontrarse en www.zonates.com.

Volver al sumario
Volver al sumario

CÓMO SE HACE

Aplicación del torniquete.
Experiencia en Afganistán

Armando José Munayco Sánchez1, Alberto Castro Díaz2 y Mario R. Mora Castaño2

1 Capitán Médico de Vuelo Emergencista, Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue (UMAAD Madrid). Madrid. España.

2 Cabo Primero Logística Aérea, Técnico en Emergencias, Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue (UMAAD Madrid) Madrid. España.

Los conflictos armados, sobre todo en el marco de la conocida como “Guerra global contra el terror”, han ratificado las tres principales causas de muerte evitable en el campo de batalla: la hemorragia exanguinante en extremidades, el neumotórax a tensión y la obstrucción de la vía aérea.

A raíz de estas conclusiones basadas en la evidencia científica se han desarrollado procedimientos de asistencia a las bajas en el teatro de operaciones que deben ser asimilados por todos y cada uno de los integrantes de las operaciones.

En la misión “International Security Assistance Force (ISAF)” en Afganistán, la sanidad de las Fuerzas Armadas españolas ha desplegado, entre otros recursos, un hospital con capacidad de Cirugía de Control de Daños (ROLE 2E), Unidades de Soporte Vital Avanzado desplegadas por la provincia de Badghis y equipos MEDEVAC en ala rotatoria para aeroevacuaciones avanzadas (primera asistencia) y tácticas (traslados secundarios). La experiencia desarrollada desde 2005 (2002 en Bagram) ha ratificado estos mismos datos sobre el terreno¹ poniendo de manifiesto que la primera asistencia inmediata tras la incidencia resulta vital.

Entre las diferentes técnicas asistenciales a realizar en este ámbito destaca la aplicación del torniquete.

Tanto el Comité de Directores de Sanidad de Militar de la OTAN (COMEDS), como los comités que asesoran al Departamento de Defensa de Estados Unidos, entre otros, avalan a través de sus conclusiones en forma de directrices el empleo de estos dispositivos desde el primer interviniente que es el propio combatiente.

En el ámbito de nuestras Fuerzas Armadas, es de aplicación la normativa OTAN a través de los “Acuerdos de estandarización” (STANAG). En particular, en la STANAG 2122² queda recogido, en el apartado de “Asistencia de emergencias en situaciones de combate”, que dentro de la formación que debe tener todo militar está la necesidad de recibir adiestramiento en la colocación del torniquete.

 

 

El torniquete

El torniquete es un dispositivo que, aplicado sobre las extremidades, ejerce una presión concéntrica para colapsar los vasos sanguíneos frenando el flujo sanguíneo que se dirige al foco hemorrágico. Así se consigue la hemostasia inmediata.

Existen múltiples modelos, pero deben ser probados para verificar que cumplen su función correctamente en las condiciones más complicadas. Además de ser de uso sencillo, es recomendable que sean aplicables con una sola mano (el primer asistente puede ser el propio herido).

De entre todos los modelos podemos mencionar el que dota a nuestras Fuerzas Armadas. Se trata de un torniquete de aplicación directa y sencilla, con posibilidad de colocarlo con una sola mano en la extremidad superior (fig. 1), aunque para la extremidad inferior hay que reconfigurar el torniquete con ambas manos. A pesar de su sencillez, su uso requiere de instrucción continuada.

El más sencillo y rápido de colocar en cualquier extremidad, incluso con una sola mano, es el sistema de torniquete integrado (fig. 2), pues presenta los torniquetes ya configurados y situados en los puntos clave de presión de las extremidades.

Finalmente, destacaremos los dispositivos neumáticos por ser también sencillos, eficaces y menos lesivos (fig. 3). Este tipo de dispositivos son más indicados para entornos controlados y para ser aplicados por personal sanitario.

Uno de los últimos dispositivos incorporados y aprobados en entorno táctico es el Combat Ready Clamp (fig. 4). Este dispositivo, conocido como torniquete inguinal, sin emplear el mecanismo habitual de otros modelos de torniquetes, ejerce presión directa sobre los vasos en región inguinal, donde no son efectivos otros torniquetes ya mencionados.

Como hemos mencionado, existen muchos dispositivos eficaces que hay que estudiar y validar en cada área.

 

 

Figura 1. Torniquete.

Figura 1. Torniquete.

 

 

Figura 2. Sistema de Torniquete Integrado.

Figura 2. Sistema de Torniquete Integrado.

 

 

Figura 3. Torniquete neumático EMT.

Figura 3. Torniquete neumático EMT.

 

 

Figura 4.  Combat Ready Clamp.

Figura 4. Combat Ready Clamp.

 

 

¿Cómo se aplica un torniquete?

La aplicación del torniquete (fig. 5) variará en función de la situación en la que nos encontremos, y así podemos decir que:

 

Figura 5. Colocación torniquete.

Figura 5. Colocación torniquete.

 

 

1. En aquellas situaciones en las que hay peligro inmediato para los heridos y los primeros intervinientes prima la seguridad, dejando como única opción asistencial la colocación del torniquete, en la raíz del miembro, por encima de la ropa. Es necesario confirmar el cese de la hemorragia y la ausencia de pulso distal.

Debe anotarse la hora de colocación y emplear un torniquete homologado.

Se acepta que existe un periodo de isquemia tolerable para mantener la viabilidad de la extremidad de dos horas³. En el caso de amputación traumática la aplicación del torniquete es preceptiva.

 

2. En aquellas situaciones en las que el peligro ha cesado temporalmente, se coloca el torniquete sobre la piel, cinco centímetros por encima de la herida próximo a la raíz del miembro, hasta que cese la hemorragia y desaparezca el pulso³.

Debe anotarse la hora de colocación. En ningún caso se acepta aflojar periódicamente el torniquete. Sólo se retira en quirófano o por acción facultativa en situaciones en las que se valore que se ha conseguido hemostasia y se superen las horas previstas de isquemia tolerable. En resumen y en general, el torniquete puesto ni se retira ni se afloja.

 

3. En entorno táctico4.5, junto al torniquete se valora el empleo de agentes hemostáticos para aquellas heridas exanguinantes en las que no se puede aplicar el torniquete, como sería el caso de heridas sangrantes en extremidades que se tratan con presión directa y vendaje compresivo; o en aquellas heridas sangrantes en cuello, tronco, etc.

 

La creación de unos protocolos, la adquisición de estas habilidades y una preparación adecuada por parte del personal de los Servicios de Emergencias Médicas contribuirían a minimizar los errores en el uso de los torniquetes (tabla 1).

 

 

Tabla 1. Los seis errores más comunes en la colocación de un torniquete

Tabla 1. Los seis errores más comunes en la colocación de un torniquete

 

 

¿Aplicación del torniquete en el ámbito civil?

Históricamente, muchas de las lecciones aprendidas en la asistencia de heridos en el ámbito militar han encontrado aplicación en la atención al traumatizado en el campo civil6.

En fechas recientes, los servicios de emergencias médicas civiles han sido alertados para prestar asistencia en actos de terrorismo que presentan factores tácticos similares a los encontrados en el combate. La amenaza de no operar en una zona segura, teniendo que asistir a múltiples heridos y con tiempos prolongados de evacuación ha entrado y puede seguir entrando en juego. Incluso en estos entornos urbanos, comenzar el tratamiento y el transporte de heridos puede requerir tácticas y entrenamiento fuera de los parámetros de los protocolos actuales de los mencionados servicios.

El aprendizaje de estas técnicas de colocación de un torniquete por parte de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado contribuiría además a la continuidad táctica de las operaciones.

Diferentes estudios han considerado el empleo de torniquetes en el ámbito prehospitalario a nivel civil 4, de tal manera que se están introduciendo en algunos sistemas de emergencias médicas.

Podemos destacar las siguientes situaciones en las que se podría estudiar el desarrollo de protocolos de empleo del torniquete con la formación adecuada (tabla 2):

  • En caso de amputación traumática está totalmente indicado.
  • En incidentes de múltiples víctimas, la objetivación de hemorragia exanguinante en extremidad sería susceptible de aplicación de un torniquete que permitiría pasar a clasificar la siguiente baja.
  • En caso de hemorragia exanguinante en extremidad en situaciones de rescate o de difícil asistencia.
  • En situaciones de hemorragia exanguinante en extremidad con tiempo desde aplicación del torniquete hasta tratamiento definitivo en quirófano inferior a 2 horas.

 

Tabla 2. Puntos clave en el empleo del torniquete. (Clic en la imagen para aumentar)

Tabla 2. Puntos clave en el empleo del torniquete

 

 

El personal implicado sería todo aquel que forma parte de equipos de asistencia de emergencias médicas y además aquellos miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y servicios de extinción y rescate expuestos a contingencias asociadas a violencia, rescates y desastres.

Insistimos en la necesidad de desarrollar protocolos de actuación en lo referente a las indicaciones y técnicas de colocación.

Resulta también fundamental completar los procedimientos de hemostasia con el empleo de agentes hemostáticos y vendajes compresivos.

Finalmente, sin embargo, no debemos olvidar que cada servicio o institución tendrá una política sobre el empleo del torniquete que debe ser conocida y respetada por todos los técnicos, de modo que estará adaptada a la capacidad del Servicio, las isocronas y los supuestos de uso.

 

 


 

Bilbiografía

  1. Navarro R. Bajas por arma de fuego y explosivos. Experiencia del hospital militar español desplegado en Herat (Afganistán) 2005-2008. Soporte Vital Avanzado en Combate. Tesis Doctoral. Universidad Autónoma de Madrid Facultad de Medicina Departamento de Cirugía. 2009.
  2. STANAG 2122. Requirement for Training in First-Aid, Emergency Care in combat situations and basic hygiene for all military personnel. 2009.
  3. Directrices de Tactical Combat Casualty Care. Committee TCCC. United States Special Operations Command. Unites States Army Institute of Surgical Research. 2011.
  4. Kotwal RS, Montgomery HR, Kotwal BM, Champion HR, Butler FK Jr, Mabry RL, et al.Eliminating preventable death on the battlefield. Arch Surg. 2011;146:1350-8.
  5. http://www.soc.mil/USASFC/USASFC.html. US Army Special Operations Command, 2929 Desert Storm Dr, Fort Bragg, NC 28310, USA.
  6. Doyle GS, Taillac PP. Los torniquetes: una revisión de sus indicaciones actuales con propuestas para la ampliación de su uso en el contexto prehospitalario. Prehospital Emergency Care. 2008;1:363-82.
Volver al sumario
Volver al sumario

COMUNICACIONES Y NUEVAS TECNOLOGÍAS

La catástrofe en tu tableta

Alberto Montarelo Navajo

Médico de Emergencias del Servicio SUMMA 112. Madrid. España.
Director Técnico de Tassica Emergency, Training & Research. Madrid. España.

El reto de los incidentes con múltiples víctimas

Denominamos incidente con múltiples víctimas (IMV) a aquel accidente en el cual el elevado número de heridos y la naturaleza de sus lesiones hacen imposible a los recursos sanitarios disponibles actuar según sus procedimientos habituales. En estos casos, se produce un desbordamiento de la capacidad de resolución inmediata de estos recursos, lo cual exige optimizar al máximo su actuación.

Se trata de situaciones relativamente poco frecuentes, pero que cuando se producen someten al personal sanitario interviniente a un elevadísimo nivel de estrés. A este estrés contribuyen no sólo el propio impacto psicológico de las lesiones y la responsabilidad de tener que gestionar una situación tan crítica, sino también otros factores que hay que analizar.

La respuesta sanitaria ante un IMV implica, entre otras cosas, aplicar procedimientos operativos y asistenciales específicamente diseñados para este tipo de intervenciones, y trabajar en estrecha relación con otros servicios de emergencia.

Las acciones formativas en IMV, basadas sobre todo en simulacros, son complejas y caras, lo que limita críticamente el acceso de los profesionales a las mismas. En consecuencia, los sanitarios no dominan tanto estos procedimientos específicos como aquellos otros de entrenamiento más sencillo o que manejan a diario.

Además, en nuestro medio es un hecho que los distintos servicios implicados emplean diferentes procedimientos operativos de campo y redes de comunicación aisladas entre sí, basadas fundamentalmente en voz por radiofrecuencia (con reducida capacidad y baja fiabilidad de transmisión de la información, difícil priorización y procesamiento de los mensajes, etc.).

Todo ello dificulta la coordinación operativa en la respuesta ante un IMV, introduce incertidumbre en la toma de decisiones, y da demasiadas opciones al desorden, a la ineficacia o al error.

 

 

El Tablet PC en la asistencia sanitaria extrahospitalaria

En el verano de 2004, con el impacto del 11-M aún en la mente de todos, empezaba a implantarse en la Comunidad de Madrid el Plan Integral de Urgencias y Emergencias. El plan apostaba por los sistemas de información y posicionamiento en tiempo real aplicados a la gestión de los recursos asistenciales y por crear un área específica de gestión para la atención de situaciones de catástrofe con una estructura logística y de telecomunicaciones propia.

En el 2004 el doctor J.L. Arnold1 publicó un análisis de las aplicaciones de las tecnologías de la información desarrolladas hasta esa fecha para emergencias y desastres, en el que concluía que la mayoría de aplicaciones estaban pensadas para las fases no agudas (mitigación, preparación y planificación o recuperación), pero muy pocas propuestas abordaban la aplicación de estas tecnologías en la propia fase de la respuesta inmediata frente a los desastres.

El artículo1 señalaba ya el potencial de las redes inalámbricas como soporte de la respuesta organizada ante una emergencia colectiva, dependiente básicamente de un adecuado intercambio de la información clave. Esta información debería difundirse de forma constante y actualizada entre los distintos intervinientes, y estaría en relación con aspectos como el escenario del incidente (p. ej., riesgos y su ubicación), las necesidades de actuación (incluyendo número y condición de las víctimas, capacidades y requerimientos operativos, etc.), los procedimientos de intervención (incluyendo ayudas operativas), las decisiones, alertas, etc.

Unos años después, en 2008, M. Turnock presentaba una guía de Aplicación de la Telemedicina en la Fase Aguda de los Desastres2, según la cual la telemedicina facilitaría la toma de decisiones operativas apoyadas en información precisa, mejoraría las capacidades del personal sanitario sobre el terreno y la atención sanitaria in situ, facilitaría la evacuación ordenada y reduciría el tiempo de acceso al tratamiento de las víctimas de un desastre.

A estas ventajas, el Grupo de Trabajo de Preparación y Respuesta Frente a la Emergencia de la Asociación Americana de Telemedicina añadía que los sistemas de telemedicina harían más fácil la capacitación y la formación continua de todos los profesionales involucrados en la gestión de desastres, al poder entrenarse en simulacros desarrollados en el entorno virtual3.

Precisamente en 2008 el servicio SUMMA 112 fue pionero en nuestro país en la incorporación del Tablet PC en sus unidades móviles, lo cual le supuso el premio a la Innovación Tecnológica en el Congreso de Nuevas Tecnologías y Servicios al Ciudadano celebrado en 2011. Hoy día sigue creciendo el número de los servicios de emergencias extrahospitalarios que los incorporan, haciendo posible consultar y aportar datos a la historia clínica digital única desde la cabecera del paciente4.

Pero la intervención sanitaria en emergencias colectivas como los IMV, reviste una complejidad específica que sobrepasa las prestaciones de las aplicaciones diseñadas para la asistencia a la urgencia o emergencia individuales.

En nuestros días, además de los Tablet PC embarcados en las unidades móviles, prácticamente la totalidad del personal de emergencias porta su propio teléfono móvil, muchos de ellos smartphones con conexión a internet y transmisión de datos por vía 3G, GPRS, etc. Es decir, con posibilidad de conectarse y trabajar en red.

No obstante, las comunicaciones y el intercambio de información en la intervención sanitaria en una emergencia colectiva siguen basándose, en pleno siglo XXI, en dispositivos de radiofrecuencia propios del siglo pasado.

 

 

Tassica MCI Management: intervención en red en incidentes con múltiples víctimas

En este contexto, se presenta en nuestro país Tassica MCI Management, una aplicación que permite gestionar en tiempo real la asistencia sanitaria en IMV mediante la conexión y el intercambio de información en red entre los intervinientes a través de los dispositivos disponibles en el lugar (Tablet PC embarcados, smartphones, PC portátiles, etc.).

Esta aplicación funciona con cualquier conexión a internet disponible, tanto wifi como 3G o satélite, y, al tratarse de una aplicación web, no requiere la preinstalación de programas adicionales en los terminales operativos para poder emplearlos como generadores o consultores de datos.

Mediante la aplicación Tassica MCI Management, el primer interviniente en llegar al lugar del accidente dispone inmediatamente del plano de la zona por geoposicionamiento. Deslizando fácilmente unos iconos sobre este mapa, puede localizar de forma precisa el punto del suceso, las vías establecidas para el flujo de los recursos y las ubicaciones asignadas a los mismos, etc. (fig. 1).

 

Figura 1.  Mapa del lugar de intervención con ubicación de foco y de los recursos desplegados.

Figura 1. Mapa del lugar de intervención con ubicación de foco y de los recursos desplegados.

 

 

Esta información resulta inmediatamente visible para el Centro Coordinador, que puede a su vez informar a los recursos que estime necesarios para la respuesta, a los hospitales potencialmente implicados en la recepción de heridos, o a las autoridades.

Los sucesivos intervinientes sanitarios van asumiendo de forma ordenada roles de mando o asistenciales, guiados en su cometido por las propias pantallas de usuario y recibiendo clara y puntualmente toda la información necesaria en su propio terminal. Al mismo tiempo están informando al resto del operativo y a los mandos, facilitando la continuidad de la respuesta y la toma de decisiones informada y proactiva.

En cada zona asistencial se registra de manera sencilla la información relativa a las víctimas: filiación, ubicación, condición clínica, recurso y lugar de evacuación, etc. (fig. 2). De este modo, antes de que llegue el paciente evacuado, el hospital receptor puede consultar ya su informe clínico y preparar todo lo necesario para recibirle.

 

Figura 2. Pantalla de datos de los pacientes en un IMV.

Figura 2. Pantalla de datos de los pacientes en un IMV.

 

 

Toda la actuación en respuesta al IMV queda registrada en la aplicación, pudiéndose elaborar un informe del estado de la situación durante la intervención, o un informe final tras terminar la misma.

Tassica MCI Management da respuesta a los retos pendientes en la intervención sanitaria en IMV al posibilitar:

  • Un aprendizaje más sencillo en IMV mediante el entrenamiento a través de simulacros virtuales desarrollados con la propia aplicación.
  • Una respuesta más rigurosa, uniforme, coordinada, rápida, segura y eficaz de todos los recursos, por encima de la multiplicidad y diversidad de intervinientes.
  • Una fácil trazabilidad de las víctimas.
  • Un análisis más riguroso de las intervenciones realizadas y de las oportunidades de mejora.
  • Una reducción del impacto sanitario, económico y social de los incidentes con múltiples víctimas.

 

Puntos clave
  • En un incidente con múltiples víctimas (IMV), el elevado número de afectados y la naturaleza de sus lesiones hacen que los recursos sanitarios humanos y materiales disponibles sean insuficientes para atender inmediatamente a todos los heridos, lo cual exige aplicar procedimientos operativos y asistenciales específicos y complejos, y optimizar al máximo la gestión de dichos recursos.
  • Los distintos servicios de emergencias emplean generalmente diferentes procedimientos y redes de comunicación aisladas entre sí, basadas fundamentalmente en medios de transmisión de voz por radiofrecuencia, propios del pasado siglo. Esto conlleva una reducida capacidad de transmisión de la información, una baja fiabilidad de la misma y un importante compromiso de la operatividad global de la intervención.
  • Tassica MCI Management es una solución específica que revoluciona la respuesta frente a un IMV, mediante la conexión en red y el intercambio de información en tiempo real entre los intervinientes.


 


 

Bibliografía y recursos en la red

  1. Arnold JL, Levine BN, Manmatha R, Lee F, Shenoy P, Tsai MC, et al. Information-sharing in out-of-hospital disaster response: The future role of information technology. Prehosp Disast Med. 2004;19: 201-7.
  2. Turnock M, Mastouri N, Jivraj A. Application of Telemedicine in acute onset disaster situation. McMaster University . December 2008. Disponible en: http://www.un-spider.org/health-support-guides/pre-hospital-application-telemedicine-acute-onset-disaster-situations-matthew
  3. Balch D. Developing a National Inventory of Telehealth Resources for Rapid and Effective Emergency Medical Care: a white paper developed by the American Telemedicine Association Emergency Preparedness and Response Special Interest Group. Telemed J E Health. 2008;14:606-10.
  4. http://www.europapress.es/andalucia/andalucia10-00713/noticia-equipos-emergencias-tendran-acceso-inmediato-historial-paciente-traves-tablet-20120111144931.html

 

 

Volver al sumario
Volver al sumario

COMUNICACIONES Y NUEVAS TECNOLOGÍAS

Aplicaciones de smartphone útiles para técnicos de emergencias sanitarias

José Ayoze Sánchez Silva

Enfermero de ambulancia sanitarizada. Servicio de Urgencias Canario (SUC). Las Palmas. Canarias. España.

Los smartphones o teléfonos inteligentes han cambiado la forma de entender las comunicaciones. El acceso a internet en cualquier lugar con cobertura o la posibilidad de comunicarnos con cualquier persona por medio de la imagen, sonido o texto ha revolucionado el mundo. Esta revolución digital es tremendamente importante y no podemos dejar pasar la oportunidad de aplicarla a la emergencia, donde las comunicaciones son tan importantes como el propio conocimiento. Atrás han quedado las épocas donde llevábamos el chaleco o la guantera de la ambulancia cargados de manuales. También han quedado atrás aquellos momentos en los que no sabíamos las contraindicaciones de los fármacos que tomaba el paciente, ahora sólo tenemos que buscar en Google o en cualquier aplicación creada ad hoc.

En esta sección pretendemos dar a conocer los avances en aplicaciones para smartphones, ya que son el verdadero motor de la revolución de los teléfonos inteligentes. El hardware sólo está para que las aplicaciones sean más rápidas o para que tengamos más memoria y almacenar mayor cantidad de ellas.

Este artículo pretende mostrar una pequeña cantidad de aplicaciones básicas útiles para los técnicos de emergencias. En posteriores ediciones nos dedicaremos a exponer aplicaciones más especializadas, como las enciclopedias de fármacos, los manuales, las de electrocardiogramas, etc.

 


 

MediRate

 

Esta es una aplicación de gran utilidad. Nos permite medir las frecuencias cardíaca y respiratoria pulsando sobre la pantalla cada vez que el paciente respire o tenga una pulsación, por lo que no tendremos que invertir una gran cantidad de tiempo en ello.
 

Plataforma: iOS  |  Precio: 0,79 € Idioma: Inglés

 

Descargar

 


 

PocketCPR


Esta es una aplicación que nos ayudará a realizar una reanimiación cardiopulmonar (RCP) con los estándares de calidad requeridos por la American Heart Association (AHA) en las recomendaciones de 2010. Por una parte, nos guía en la evalución de la víctima y, por la otra, nos ayuda a realizar el masaje cardíaco sujetando el teléfono en las manos y, mediante los acelerómetros, a determinar la idoneidad del mismo.
 

Plataformas: iOS y Android  |  Precio: Gratuita   |  Idioma: Inglés

 

Descargar para iOS  |  Descargar para Android

 


 

Pocket First Aid & CPR


Esta aplicación es oficial de la American Heart Association (AHA) y permite ver las recomendaciones de RCP, cuidados cardíacos de emergencia y de primeros auxilios. Las explicaciones son sencillas y nos muestran también vídeos explicativos de las técnicas más comunes.
 

Plataformas: iOS y Android  |  Precio: 1,59 € (iOS), 1,51 € (Android)  |  Idioma: Inglés

 

Descargar para iOS  |  Descargar para Android

 


 

UkParaPack


Esta es una de las aplicaciones de asistencia prehospitalaria más completa que existe y sus seguidores dicen que es la mejor que hay en el mercado. Esta aplicación reúne las recomendaciones asistenciales del Joint Royal College Ambulance Liaison Committee (JRCALC) del Reino Unido. Por supuesto, es una aplicación diseñada para paramédicos, pero puede llegar a ser muy útil en nuestro entorno, ya que abarca todos los campos de la asistencia prehospitalaria, desde el manejo de materiales peligrosos hasta el Soporte Vital Básico (SVB).


Plataformas:
iOS y Android  |  Precio: 5,49 € (iOS), 6,21 € (Android)  |  Idioma: Inglés

 

Descargar para iOS  |  Descargar para Android

 


 

MedCalc
(Calculadora Médica)


Esta sencilla aplicación permite acceder de una forma muy intuitiva a todo un abanico de cálculos, escalas y complicadas fórmulas médicas con gran facilidad de uso. Todo un clásico entre los profesionales del sector.


Plataforma: iOS   |  Precio: 1,59 €  |  Idioma: Español

 

Descargar

 


 

iMedimecum


Esta es una aplicaión dirigida a la consulta farmacológica rápida. Permite consultar cientos de fármacos diferentes sin necesidad de conexión, porque la información de consulta está en la propia aplicación. Permite consultar indicaciones, interacciones, posología, efectos adversos, intoxicación, etc. Un punto en su contra, el precio.


Plataforma: iOS  |  Precio: 34,99 €  |  Idioma: Español

 

Descargar

Volver al sumario
Volver al sumario

SEGURIDAD

Paciente agresivo

José Andrés Lastra Fernández

Técnico en Emergencias Sanitarias. SUMMA 112. Madrid. España.

El objeto del presente artículo es establecer unas pautas para abordar las intervenciones que tienen como objeto la atención de un paciente agresivo, teniendo como máxima innegociable no comprometer en ningún momento la seguridad del equipo interviniente.

 

 

Fase de aproximación

La clave de la seguridad reside en la información que se pueda obtener durante la fase de aproximación y las medidas que establezca el equipo interviniente, si éstas fueran insuficientes, pueden darse situaciones potencialmente peligrosas. Si:

  • Se trata de un paciente agresivo o psiquiátrico cuyos antecedentes puedan hacer sospechar una situación conflictiva o actitud agresiva (p. ej., hipoglucemia, traumatismo craneoencefálico).
  • Se trata de un paciente que ha sufrido una agresión, o se trata de un intento autolítico.
  • Es una zona de aviso históricamente conflictiva o en la que existe presión social, o bien si la asistencia sufre demora.

Si cualquiera de las preguntas anteriores tiene respuesta afirmativa, deberemos extremar las precauciones estableciendo las medidas de seguridad de la tabla 1.

 

 

Tabla 1. Medidas de seguridad

Tabla 1. Medidas de seguridad

 

Figura 1.  Si es necesario, establecer un punto de contacto con la policía. (Fotografía SUMMA 112).

Figura 1. Si es necesario, establecer un punto de contacto con la policía. (Fotografía SUMMA 112).

 

 

Abordaje del paciente

Durante el proceso de abordaje del paciente, es necesario distinguir cuál es el origen de la agresividad, pudiendo establecerse como:

 

Paciente que presenta actitud agresiva

Además de lo mencionado anteriormente deben tenerse en cuenta las pautas de actuación siguientes:

  • Mantener con el paciente una distancia de seguridad situándonos fuera de su pasillo de fuerza, aunque lo suficientemente cerca para no transmitir miedo o inseguridad.
  • Adoptar una postura corporal que permita escapar de un agarre o evitar golpes interponiendo incluso barreras físicas, si fuera necesario.
  • Dirigirnos al paciente presentándonos como “ayuda”, utilizar lenguaje sencillo con mensajes positivos sin ocultarle la realidad de la situación, haciéndole partícipe de la resolución de ésta.
  • Establecer un tiempo razonable para empatizar con el paciente, no dejando en ningún caso que sea él quien maneje la situación.
  • Si no disminuye el nivel de agresividad del paciente, dejar el control de éste en manos de los efectivos policiales.
  • No tratar al paciente hasta que no esté asegurada nuestra integridad, aun si es necesario el empleo de medios físicos o mecánicos.

 

Paciente que presenta agresividad producida por patología médica o traumática, o por ingesta de alcohol (alteración del nivel de consciencia)

 

Este tipo de pacientes responden de forma agresiva sin ser conscientes de ello, con lo cual el manejo debe llevarse a cabo por el equipo sanitario de manera diligente tratando su patología, e intentando disminuir su nivel de agresividad sin utilizar técnicas estresantes para el paciente.

  • Actuar con serenidad, sin gritos ni movimientos bruscos, eliminando ruidos y luz excesiva.
  • Proteger a la víctima de dañarse con los objetos que le rodean y poner algo bajo su cabeza que impida que se la golpee.
  • Sólo si es necesario, inmovilizar al paciente, bien sea para la administración de fármacos o para cualquier otro fin. Esta maniobra debe realizarse evitando sujetarle por las extremidades envolviéndolo en una manta o sábana y limitando su movimiento de forma progresiva según se calme (la imagen es la de la madre que arrulla a su bebé con una manta para darle calor y calmar el llanto).

 

Paciente psiquiátrico

Como pautas generales, sería de aplicación lo expuesto en los casos anteriores, pero dada la complejidad del manejo de este tipo de pacientes por sus implicaciones legales, es necesario que se ocupen de ellos personal con formación específica en este tipo de situaciones (fig. 2).

 

Figura 2. Interior de una ambulancia psiquiátrica. (Fotografía SUMMA 112).

Figura 2. Interior de una ambulancia psiquiátrica. (Fotografía SUMMA 112).

 

 

CONCLUSIONES

 

El manejo del paciente agresivo no es exclusivamente un problema sanitario, en ocasiones puede convertirse en un problema de orden público, para la resolución del cual puede ser necesario el empleo de técnicas de reducción y contención física para las cuales el equipo sanitario en general, y el TES en particular, no está debidamente formado y, lo que es más importante, no están amparados legalmente si es necesario el empleo de la fuerza. Es importante destacar que sin la adecuada formación y amparo legal los cursos de formación en técnicas de defensa personal derivadas de las artes marciales o el empleo de material policial, en ocasiones dan una sensación de seguridad que es del todo falsa. El conocimiento de un arte marcial que permita en un momento dado escapar de una agresión no se consigue con un curso de formación de una semana o menos, sino mediante el entrenamiento continuo con maestros especializados que desarrollan en la persona una actitud-aptitud correcta para hacer frente a este tipo de situaciones no sólo en el ámbito laboral.


La única batalla que se gana es la que no se produce.

 

Volver al sumario
Volver al sumario

EN ACCIÓN

Técnicos de emergencias en Soporte Vital Básico como primeros intervinientes en accidentes de tráfico

Carmen Marín Lastra y Jesús Díaz Balsera

Técnicos en Emergencias Sanitarias. Servicio de Protección Civil.
Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada. Madrid. España.

Fotografía: M. Carrillo, RACC. Serveis Mèdics

 

El objetivo general este artículo es identificar y dar a conocer las dificultades con las que se encuentra el técnico de emergencias en Soporte Vital Básico (SVB) y cómo las enfrenta hasta la llegada del Soporte Vital Avanzado (SVA).

 

Por lo que se refiere a los objetivos prácticos, estos son:

Conocer las normas básicas de protección (conducta PAS).

  • Valorar al paciente (ABCDE).
  • Interpretar la situación global.
  • Aplicar las técnicas adecuadas y necesarias.
  • Ajustar los tiempos de respuesta.

 

Valoración, Interpretación y Aplicación de técnicas primarias en Soporte Vital Básico

Para una mejor comprensión de la importancia de los técnicos de emergencias en SVB como primeros intervinientes en situaciones de accidentes de tráfico, se relata a continuación un caso real y se analiza la intervención.

A las 04:48 horas somos interceptados por la Policía Local para asistir en un accidente de tráfico. Se trata de una salida de vía en la que el paciente ha salido despedido unos 20 m por la luna trasera del coche. Con él se encuentra un agente de la policía que le inmoviliza la cabeza y le sujeta la lengua, y que nos comenta “parecía que se estaba ahogando”.

De los tres puntos de la Conducta PAS (Proteger, Alertar y Socorrer) (tabla 1), los dos primeros, Proteger y Alertar, han sido realizados por los cuerpos de seguridad que ya se encontraban en el lugar del accidente, por lo que a nosotros nos quedaba Socorrer.

 

 

Tabla 1. Conducta PAS (Proteger, Alertar y Socorrer)

Tabla 1. Conducta PAS (Proteger, Alertar y Socorrer)

 

Figura 1. La estrecha cooperación del equipo de Soporte Vital Básico con otros equipos de Soporte Vital Avanzado, policía y bomberos garantiza el mejor tratamiento disponible para el paciente (Fotografía SUMMA 112).

Figura 1. La estrecha cooperación del equipo de Soporte Vital Básico con otros equipos de Soporte Vital Avanzado, policía y bomberos garantiza el mejor tratamiento disponible para el paciente
(Fotografía SUMMA 112).

 

 

En la valoración inicial observamos a un varón joven, en decúbito supino, con olor enólico, que no responde a ningún estímulo. Con respiraciones irregulares y apneas, con pulso y que presenta traumatismo fronto-parietal izquierdo.

De manera inmediata, reconocemos parámetros que son indicativos de SVA: inconsciencia, dificultad respiratoria con traumatismo craneoencefálico (TCE). El técnico conductor alerta al Centro Coordinador que nos confirma la salida del SVA (UVI Móvil).

En caso de gravedad es importante solicitar SVA a la vez que se asiste al paciente para, en la medida de lo posible, reducir tiempos de espera. Asimismo, debe informarse lo mejor y más detalladamente posible para que el SVA que acuda disponga de la mayor información posible sobre el estado y la situación hemodinámica del paciente.

En la asistencia primaria (tabla 2) procedemos a la apertura de la vía aérea (A) con cánula orofaríngea, control cervical (fig. 2), (collarín y sujeción manual) debido a las respiraciones superficiales con periodos de apnea y cianosis, iniciamos ventilaciones (B) con balón resucitador a 15 litros por minuto. Realizamos la toma de constantes (C) presión arterial (PA) 120/100, saturación de oxígeno 70%, frecuencia cardíaca (FC) 132, frecuencia respiratoria 12. Valoramos por la Escala de Glasgow (tabla 3) el nivel de consciencia en un 3/15, con pupilas midriáticas, isocoricas, reactivas y con respuesta lenta a la luz. (D) Por ser un impacto de alta energía y por la trayectoria que recorrió el accidentado al salir despedido del vehículo sospechamos que puedan existir lesiones en la columna vertebral. No obstante, dado el compromiso respiratorio que existe, dejamos de lado por el momento esta posibilidad, ya que no modificaría las técnicas de nuestra asistencia. Observamos que mejora la saturación de oxígeno a 94% con las técnicas aplicadas. El paciente permanece inconsciente, (E) le abrigamos y reevaluamos las constantes vitales (PA: 90/60, FC: 140).

 

 

Figura 2. Control cervical con collarín.

Figura 2. Control cervical con collarín.

 

 

Tabla 2. Asistencia primaria y secundaria

Tabla 2. Asistencia primaria y secundaria

 

 

Tabla 3. Asistencia primaria y secundaria (Clic en la imagen para aumentar)

Tabla 3. Escala de Glasgow

 

 

Realizamos valoración secundaria (de cabeza a pies):

  • Cabeza: Se objetiva un TCE fronto-parietal cerrado, sin deformidad ni crepitación. Sin otorragia. Pupilas midriáticas, isocóricas, de reacción lenta a la luz. Conserva todas las piezas dentales y no se encuentran otro traumatismo ni sangrado en zona facial.
  • Cuello: No encontramos deformidad cervical, ni desviación de la tráquea.
  • Tórax: No se aprecian deformidades torácicas, ni asimetría a la ventilación, ni heridas o erosiones.
  • Abdomen: Blando a la palpación, sin erosiones ni heridas.
  • Pelvis: Sin aparente deformidad.
  • Miembros superiores: Con erosiones y heridas, sin deformidades aparentes.
  • Miembros inferiores: Con erosiones, sin deformidad aparente, ambos miembros son simétricos.

 

Apoyo al Soporte Vital Avanzado

Preparamos colchón de vacío y colocamos camilla de cuchara, cuando estamos en este punto del proceso, llega el SVA UVI-Móvil; de manera inmediata el médico se hace cargo de la vía aérea, manteniendo respiración asistida, mientras le relatamos toda la situación y la información recabada: cómo ocurrió, el estado en que encontramos al paciente y nuestra valoración (toma de constantes realizadas, técnicas aplicadas y última reevaluación).

Colaboramos en la movilización del paciente hasta la UVI-Móvil, donde el médico valora la columna vertebral con hallazgo de crepitación en el fragmento de las últimas dorsales y primeras lumbares, se procede a la inmovilización de la columna mediante colchón de vacío. Posteriormente el facultativo procede a la intubación.

 

 

El informe y transferencia en Soporte Vital Básico

La Ley 41/2002 de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de los derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, en su capítulo 1, art. 2 párrafos 6 y 7 dice: “Todo profesional que interviene en la actividad asistencial está obligado no sólo a la correcta prestación de sus técnicas, sino al cumplimiento de los deberes de información y de documentación clínica, y al respecto de las decisiones adoptadas libre y voluntariamente por el paciente”.

El informe, en la transferencia del paciente en SVB documenta nuestra actuación y traslada los datos necesarios al siguiente escalafón sanitario. El informe debe escribirse en el papel de la institución para la que se trabaja y debe estar adaptado a las funciones de los técnicos de emergencias, con duplicado para el paciente y cuya custodia pertenece al hospital hasta el alta del mismo, cumpliendo con la normativa de la recogida de datos con carácter sanitario, siendo visible el texto de ley y archivo de la protección de datos, teniendo en cuenta que los datos sanitarios son los de más alta protección, además de debernos al secreto profesional.

 

 

Puntos clave

  • Las víctimas de un accidente de tráfico en la primera valoración pueden no mostrar ningún síntoma y presentar posteriormente inestabilidad clínica, a causa de la inmediatez del suceso, por lo que la reevaluación y el acompañamiento del paciente debe ser constante.
  • Debe llevarse a cabo una valoración primaria y secundaria del paciente y de la situación, y aplicar las técnicas necesarias a seguir.
  • Disponer de procedimientos claros y estandarizados a seguir sobre las técnicas a realizar en momentos críticos nos aportan confianza en la toma de decisiones.
  • La actuación del Soporte Vital Básico (SVB), como primeros intervinientes en accidentes de tráfico, puede ser decisivo, por lo que la formación y la práctica debe ser continuada.
  • En la medida de lo posible, la comunicación con el Centro Coordinador será continua, esto servirá para reducir tiempo en la solicitud de recursos específicos y facilitar información fiable para el equipo que acuda a la intervención en apoyo al SVB.
  • Son de vital importancia las habilidades de comunicación y una buena escucha, dado que algunos de los pacientes que asistimos están en una situación de impacto emocional que les puede generar sentimiento de indefensión, histeria, shock emocional, ansiedad, etc., por ser situaciones en su mayoría inesperadas. Es igualmente importante fomentar actitudes de empatía, sensibilidad, aceptación, respeto y asertividad.

 

 


 

Bibliografía recomendada

 

Ayuso Baptista F, Ruiz Madruga M, Caravaca Caballero. Protocolos de actuación del técnico en emergencias sanitarias asistenciales (II). Madrid: Arán Ediciones; 2010.

 

Volver al sumario
Volver al sumario

PUESTA AL DÍA

A vueltas con la RCP. Seguimos revisando

Beatriz Valentín López1 y Juan Antonio Blasco Amaro2

1 Especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública. Técnico de la Unidad de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de la Agencia Laín Entralgo. Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Madrid. España.

2 Especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública. Coordinador de la Unidad de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de la Agencia Laín Entralgo. Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Madrid. España.

Una reciente revisión de la evidencia científica sobre la reanimación cardiopulmonar ha puesto de manifiesto novedades y cambios sustanciales en algunas de las maniobras y pautas de actuación firmemente establecidas1. El objetivo de esta revisión es evaluar la efectividad y seguridad que sustentan las diferentes pautas, maniobras y técnicas de actuación en reanimación cardiopulmonar (RCP) en adultos.

La revisión de la evidencia se efectúa mediante una estrategia de búsqueda realizada en junio 2010 que comprende una revisión bibliográfica sobre maniobras, técnicas y recomendaciones de actuación en la RCP en diferentes bases biomédicas, como Medline, Cochrane y otras bases de datos, así como páginas electrónicas de instituciones nacionales e internacionales que elaboran guías e informes técnicos sobre RCP.

Para la evaluación de la calidad de la evidencia se emplean los sistemas de clasificación del Comité Internacional de Coordinación sobre Resucitación (ILCOR)2, con cinco categorías numéricas (I-V) y de la American Heart Association (AHA) con tres niveles de evidencia (A, B o C) y cuatro grados de recomendación3 (tabla 1).

 

Tabla 1. Resumen de la evidencia y grado de recomendación de las intervenciones y maniobras en reanimación cardiopulmonar (Clic para ampliar)

Tabla 1. Resumen de la evidencia y grado de recomendación de las intervenciones y maniobras en reanimación cardiopulmonar

 

 

Entre las novedades más importantes de las guías, está el cambio en la secuencia de reanimación tan bien conocida “A-B-C”, sustituida por la nueva secuencia “C-A-B”, donde el inicio de las compresiones torácicas se convierte en una prioridad que precede a la comprobación de la vía aérea y a la ventilación4,5. Esto se sustenta en un estudio observacional que mostró que comenzar con la tanda de 30 compresiones, antes que las dos ventilaciones, acortaba la demora en suministrar la primera compresión2,5,6 (ILCOR 5, AHA Evidencia C, Recomendación IIb), aunque aún no hay evidencia de la mejora en los resultados finales. No obstante, los profesionales sanitarios deben adaptar la secuencia de actuaciones a la causa más probable de parada cardiaca.

La nuevas guías enfatizan la importancia de proporcionar compresiones torácicas efectivas de alta calidad, con una frecuencia de al menos 100 compresiones/min2,5-8 (AHA Evidencia B, Recomendación IIa), una profundidad de al menos 5 cm en un adulto2,5-8 (AHA Evidencia B, Recomendación IIa), permitir recuperar el volumen torácico después de cada compresión5-8 (AHA Evidencia B, Recomendación IIa) y reducir las interrupciones tanto en número como en duración2,5-8 (AHA Evidencia B, Recomendación IIa).

Las compresiones torácicas son esenciales para mantener el flujo sanguíneo en la RCP, por lo que todas las víctimas de una parada cardiaca deben recibir compresiones torácicas2,5-8 (AHA Evidencia B, Recomendación I) (fig.1). En caso de tratarse de un reanimador no entrenado, se recomienda realizar reanimación con-sólo-compresiones-torácicas (AHA Evidencia B, Recomendación I), con especial énfasis en “empujar fuerte y rápido”2,5,6. Diferentes estudios observacionales han demostrado que la RCP con-sólo-compresiones-torácicas es igual de efectiva que la RCP convencional en los primeros minutos de una parada cardiaca sin asfixia (ILCOR D2, D3) y es mejor que no hacer ninguna maniobra de reanimación2,5-7. Si el reanimador se encuentra capacitado para realizar las maniobras ventilatorias o es un profesional sanitario, se recomienda proporcionar reanimación con ciclos de 30 compresiones torácicas/2 insuflaciones ventilatorias2,5-8 (AHA Evidencia B, Recomendación IIa). La RCP convencional, combinando las compresiones torácicas con la ventilación es el método de elección más efectivo en la reanimación, cardiaca comparado con la RCP con-sólo-compresiones (ILCOR D2,D3)2,6.

 

 

Figura 1. Algoritmo reanimación cardiopulmonar (RCP) básica. Modificado Guía AHA 2010.

 

Figura 1. Algoritmo reanimación cardiopulmonar (RCP) básica. Modificado Guía AHA 2010.

 

 

Otra de las novedades incluida en la revisión es la integración del uso de los desfibriladores externos (automáticos y semiautomáticos) en la RCP para una mejora de la supervivencia. La desfibrilación es el tratamiento de elección para la fibrilación ventricular de corta duración5,7,9 (AHA Evidencia A, Recomendación I), arritmia más frecuente en adultos víctimas de parada cardiaca súbita. La recomendación actual es comenzar las maniobras de reanimación mientras se prepara el desfibrilador para la descarga (AHA Evidencia B, Recomendación I), sin especificar un periodo de tiempo rutinario de 2-3 minutos como en las guías de 20057,9-11.

La formación de reanimadores no sanitarios para realizar una desfibrilación inmediata tras la RCP básica, junto con la recomendación de ubicar los desfibriladores externos automáticos en sitios públicos de gran afluencia7-10 (AHA Evidencia B, Recomendación I), así como su uso por los cuerpos de seguridad y servicios de emergencias7-10 (AHA Evidencia B, Recomendación I) permite reducir el tiempo de la desfibrilación tras la parada cardiaca, con un incremento de la supervivencia de hasta el 75% en aquellos casos en los que la descarga se efectúa en los 3 primeros minutos de la parada7,9,10.

Las nuevas guías simplifican las actuaciones de la RCP avanzada siendo clave proporcionar RCP de alta calidad. La intubación traqueal de forma precoz puede retrasarse, para minimizar las interrupciones en las compresiones torácicas, hasta que el paciente responda a las maniobras iniciales, puesto que no se ha demostrado que incremente la supervivencia (AHA evidencia C, Recomendación IIb)7,8,12-14. Se recomienda el uso de la capnografía para confirmar y monitorizar la colocación del tubo traqueal, valorar la calidad de la RCP y proporcionar mediciones fiables de la recuperación de la circulación espontánea7,8,12-14 (AHA Evidencia A, Recomendación I). Otras actuaciones recomendadas, como la utilización de ciertos fármacos, como la adrenalina, el empleo de la vía venosa y el manejo avanzado de la vía área, aunque asociados con un incremento de la recuperación de la circulación espontánea, no han demostrado aún ser capaces de mejorar la supervivencia7,12-14 (ILCOR 1) y permanecen en un segundo plano por detrás de las maniobras de RCP de alta calidad y la desfibrilación.

Las nuevas guías enfatizan la importancia de la atención y los cuidados del síndrome posreanimación, que mejora la probabilidad de supervivencia del paciente con buenos resultados neurológicos, por lo que se recomienda la implantación de programas integrales, estructurados y multidisciplinarios de cuidados posparada cardiaca7,12,14,15 (AHA Evidencia B, Recomendación I). La hipotermia terapéutica, única intervención que ha demostrado mejora en la recuperación neurológica, se recomienda en todo paciente comatoso que haya sufrido una parada cardiaca asociada inicialmente a fibrilación ventricular (ILCOR 1,2; AHA Evidencia B, Recomendación I), así como en paradas cardiacas con ritmos no cardiovertibles (ILCOR 1,2; AHA Evidencia B, Recomendación IIb), aunque se necesitan más estudios que sustenten esta última evidencia7,8,12,14,15.

La evidencia científica que sustenta las pautas de actuación, técnicas y tratamientos a realizar en la reanimación cardiorrespiratoria es fundamental para identificar aquellas maniobras que incrementan las posibilidades de una reanimación efectiva y presentan un mayor impacto potencial en la supervivencia de los pacientes.

En resumen, las intervenciones que han demostrado, con suficiente evidencia científica, que contribuyen a un incremento de la supervivencia tras una parada cardiaca y constituyen la base del soporte vital son la RCP inmediata con compresiones torácicas de alta calidad, y sin interrupciones, y la desfibrilación precoz. Las demás actuaciones recomendadas, como el manejo avanzado de la vía aérea, el acceso vascular y la administración de fármacos, aún no han conseguido demostrar con los estudios existentes una mejora en la supervivencia. Es fundamental la realización de estudios tanto de nuevas tecnologías y tratamientos en la RCP, como de maniobras y pautas actualmente utilizadas en la práctica habitual.

 

 

Puntos clave

  • Nueva secuencia de reanimación “C-A-B”: inicio de las compresiones torácicas antes que la ventilación.
  • Compresiones torácicas de alta calidad: frecuencia ≥ 100 comp/min, profundidad ≥ 5cm, permitir recuperar volumen y reducir al máximo las interrupciones.
  • Desfibrilación precoz elemento clave de la supervivencia en fibrilación/taquicardia ventricular.

 

 

 


 

Bibliografía

  1. Valentín B, Blasco JA. Revisión de la evidencia sobre las maniobras y pautas de actuación en la reanimación cardiorrespiratoria. Madrid: Unidad de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (UETS), Agencia Laín Entralgo. Julio 2011. CE02/2011.
  2. International Liaison Committee on Resuscitation. 2010 International Consensus on Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care Science with Treatment Recommendations. Disponible en: http://www.ilcor.org/en/consensus-2010/costr-2010-documents
  3. Sayre MR, O’Connor RE, Atkins DL, Billi JE, Callaway CW, Shuster M et al. Part 2: evidence evaluation and management of potential or perceived conflicts of interest: 2010 American Heart Association Guidelines for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. Circulation, 2010;122(suppl 3):S657-S64.
  4. Nolan JP, Soar J, Zideman DA, Biarent D, Bossaert LL, Deakin C, et al. European Resuscitation Council Guidelines for Resuscitation 2010. Section 1. Executive summary. Resuscitation. 2010;81:1219-76.
  5. Berg RA, Hemphill R, Abella BS, Aufderheide TP, Cave DM, Hazinski MF, et al. Part 5: Adult Basic life support: 2010 American Associtation Guidelines for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. Circulation. 2010;122(suppl 3):S685-S705.
  6. Koster RW, Baubin MA, Bossaert LL, Caballero A, Cassan P, Castrén M, et al. European Resuscitation Council Guidelines for Resuscitation 2010. Section 2. Adult Basic life support and use of automated external defibrillators. Resuscitation. 2010;81:1277-92.
  7. Resuscitation Guidelines 2010. Edited by JP Nolan. Resuscitation Council 2010 (UK).
  8. Cardiopulmonary Resuscitation Guidelines 2010. Australian Resuscitation Council and New Zealand Resuscitation Council. Consultado 7 Abril 2011. Disponible en: http://www.resus.org.au/
  9. Deakin CD, Nolan JP, Sunde K, Koster RW. European Resuscitation Council Guidelines for Resuscitation 2010. Section 3. Electrical therapies: Automated external defibrillators, defibrillators, defibrillation, cardioversion and pacing. Resuscitation. 2010;81:1293-304.
  10. Link MS, Atkins DL, Passman RS, Halperin HR, Samson RA, White RD, et al. Part 6: electrical therapies: automated external defibrillators, defibrillation, cardioversion and pacing: 2010 American Heart Association Guidelines for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. Circulation. 2010;122(suppl 3):S706-S19.
  11. Sunde K, Jacobs I, Deakin CD, Hazinski MF, Kerber RE, Koster RW, et al. Part 6: Defibrillation. 2010 International Consensus on Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care Science with Treatment Recommendations. Resuscitation. 2010;81S:e71-e85.
  12. Deakin CD, Nolan JP, Soar J, Sunde K, Koster RW, Smith GB, et al. European Resuscitation Council Guidelines for Resuscitation 2010. Section 4. Adult Advanced life support. Resuscitation. 2010;81:1305-52.
  13. Neumar RW, Otto CW, Link MS, Kronick SL, Shuster M, Callaway CW, et al. Part 8: adult advanced cardiovascular life support: 2010 American Heart Association Guidelines for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. Circulation. 2010;122(suppl 3):S729-S67.
  14. Deakin CD, Morrison LJ, Morley PT, Callaway CW, Kerber RE, Kronick SL, et al. Part 8: Advanced life support. 2010 International Consensus on Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care Science with Treatment Recommendations. Resuscitation. 2010;81S:e93-e174.
  15. Peberdy MA, Callaway CW, Neumar RW, Geocadin RG, Zimmerman JL, Donnino M, et al. Part 9: post-cardiac arrest care: 2010 American Heart Association Guidelines for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care. Circulation. 2010;122(suppl 3):S768-S86.
Volver al sumario

© 2017 Sirá Ediciones S.L.