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Zona TES - Revista de formación para Técnicos en Emergencias Sanitarias

 
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ÁMBITO PROFESIONAL

Coordinación de equipos multidisciplinarios

Humberto Rodríguez Armas

Técnico en Emergencias Sanitarias. Cruz Roja Española. Socorro y Emergencias. Fuerteventura. Canarias. España.

Humberto Rodríguez Armas“No debemos ponernos límites si contamos con el mejor de los equipos y con la ayuda de los organismos e instituciones implicados”


Como Técnico en Emergencias Sanitarias he de decir que nunca se termina de aprender cosas nuevas y de adquirir experiencia.

En 2003 pasé a formar parte del Equipo de Respuesta Inmediata a Emergencias (ERIE) para atender a las personas llegadas a las costas de Fuerteventura en embarcaciones poco o nada acondicionadas para la navegación.

Comenzamos en el ERIE 7 personas contratadas a jornada completa y dedicación exclusiva para atender lo que ocurriera en la isla referente a la inmigración llegada a sus costas en las condiciones arriba mencionadas. Un médico, una enfermera, un conductor, un técnico, un patrón de embarcaciones, un socorrista acuático y yo, que era el responsable del equipo, además de los voluntarios, sumábamos un total de 120 efectivos, aproximadamente.

Una vez recibida la alerta, teníamos que desplazarnos a cualquier playa o puerto de la isla para atender las lesiones, patologías y demás incidencias que se presentaban. Mi labor era la de coordinar al equipo; aportar fluidez a la hora de tener toda la cobertura posible; recopilar la información por parte de quienes habían entrado en contacto por primera vez con los afectados (Guardia Civil, Salvamento Marítimo, Policía Local, Protección Civil, Policía Nacional, Bomberos, Agentes de Puertos de Canarias, 1-1-2, población, etc.); asegurar la disponibilidad de todos los recursos necesarios y del personal especializado para cada caso, y establecer el protocolo de actuación de acuerdo con las circunstancias del momento.

Al principio contábamos con la ayuda del personal de Médicos Sin Fronteras que estaban en la isla por el mismo motivo, mientras el Gobierno central y el autonómico firmaban un convenio con Cruz Roja para destinar fondos al fenómeno conocido como el de las pateras.

Es importante resaltar que las primeras actuaciones no fueron de nuestro agrado, porque nos veíamos desbordados en cada intervención, ya que teníamos que triar a más de 30 personas que llegaban en condiciones difíciles y al mismo lugar. Con el problema legal añadido de que no habían entrado en nuestro país de manera lícita y por ello tenían la condición de detenidos.

Mi postura era situarme fuera de la acción para poder visualizar cómo se estaban desarrollando los acontecimientos y detectar dónde debíamos reforzar o disminuir la atención. Antes, durante y después de las intervenciones se hacían recuentos de material, personal y recursos para tenerlos preparados en todo momento, ya que nos podían activar en medio de una actuación o nada más terminarla, así hasta 4 o 6 veces en un día. Una intervención podía durar de 1 a 3 horas, incluso más si era en lugares sin acceso por tierra.

Aunque pasé momentos de mucha carga emocional y estrés, debía vigilar al resto del equipo para evitar situaciones de burn-out, sin conseguirlo en algunas ocasiones, debido a lo abrumador que resultaba querer llegar a todos y ayudar sin medir nuestras fuerzas. Se estableció incluso un límite de intervenciones para que el personal fuera a descansar obligatoriamente, porque llevaba muchas horas atendiendo a los recién llegados. A todo esto había que añadir la atención a la prensa local, insular, autonómica, nacional e internacional; un auténtico desgaste en todos los sentidos.

Era de vital importancia conocer cada uno de los ámbitos que componían el equipo, la idiosincrasia del pueblo, que llevaba desde 1998 atendiendo por sí solo estos casos, las características del equipo médico, que no estaba acostumbrado a ser dirigido por un técnico pero que supo ver que éramos un equipo, lo mismo con los enfermeros/as. Con los conductores, técnicos, patrones y socorristas la situación era diferente, porque estábamos al mismo “nivel” de experiencias y vivencias.

Cometí muchos errores, y de diversa índole, como por ejemplo no controlar al principio la rotación del personal o enviar a lugares equivocados el material por no haber contrastado la información recibida.

Como Técnico en Emergencias Sanitarias, y con la experiencia que tenía, comprendí que no debemos ponernos límites si contamos con el mejor de los equipos y con la ayuda de los organismos e instituciones implicados. Aprendí también que delegando responsabilidades se consiguen más objetivos.

¿Cómo se consiguió que todo esto funcionase?

En primer lugar luchando para que no faltara material de ningún tipo, teníamos botiquines en cada vehículo, además de las comunicaciones necesarias, visores nocturnos para las búsquedas, elementos de seguridad activa y pasiva para todos/as.

El trato personal debía ser correcto en todo momento: escuchar y aceptar, tanto los errores como las sugerencias, era muy importante para que todo funcionara a la perfección, con la dificultad añadida que supone trabajar en situaciones de estrés, acumulación de horas y tareas, flexibilidad de horarios del personal voluntario, etc.

Cuando estábamos en alerta, notábamos que dependíamos de la cobertura móvil para recibir las llamadas y atenderlas sin problemas, nuestros movimientos estaban calculados y el radio de acción, también; eso causó mella en muchos. Además no se podía planificar porque a cualquier hora se podía poner en marcha un dispositivo. Aunque una vez iniciada la emergencia, era muy gratificante poder contar con tanta gente dispuesta a ayudar sin límites y con la profesionalidad con la que lo hacían, indistintamente de su puesto en el organigrama, ya que el respeto y el fin de la causa primaba ante cualquier pretensión de tipo personal o diferencia entre profesionales (los médicos atendían tanto a los heridos como a quienes necesitaban alimento y abrigo, o simplemente conversación).

Se consiguió el mejor de los ambientes de trabajo en el que yo me hubiese imaginado estar: agentes de emergencias, seguridad, salvamento, prevención, políticos, justicia, ciudadanía, prensa, amigos y hasta miembros de mi familia actuando en la misma causa.

Como técnico, este tipo de experiencias te hacen madurar.En mi caso, como responsable del equipo, disponía de toda la información necesaria para desarrollar mi trabajo, información que transmitía al resto del equipo. El objetivo estaba claro y procuraba que no se diluyese con el paso del tiempo. Comprobé que, respetando a cada uno de los intervinientes en todo lo referente a sus funciones y estableciendo los puentes de unión adecuados, pueden alcanzarse los objetivos más difíciles. Desde aquí mi agradecimiento y homenaje a todos/as quienes estuvieron y están todavía relacionados con esta etapa de mi vida y en especial a quienes lograron cumplir el sueño de una vida mejor arriesgándose de aquella manera, y a quienes no lo consiguieron, que fueron muchos.

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