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Zona TES - Revista de formación para Técnicos en Emergencias Sanitarias

 
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CATÁSTROFES, RESCATE, COOPERACIÓN Y SALVAMENTO

El sistema ERU (Emergency Response Unit) de Cruz Roja. La perspectiva española

Iñigo Vila Guerra

Responsable de la Unidad de Emergencias Cooperación Internacional. Cruz Roja Española. Madrid. España.

La palabra catástrofe proviene de los vocablos griegos “hacia abajo” y “voltear”, y que podemos traducir como ‘destruir’ o ‘abatir’. Según la Real Academia Española (RAE), el término catástrofe hace referencia a un “suceso infausto que altera gravemente el orden regular de las cosas”. El concepto de catástrofe está directamente asociado al de desastre que, según la RAE, significa “desgracia grande” y que se ha adaptado del término inglés disaster. Habitualmente, ambos se utilizan como sinónimos y de forma indistinta, y conllevan la sucesión de una serie de hechos que sobrepasarán la capacidad de respuesta, de estructuras y de medios, previstos por un sistema o sociedad ante cualquier tipo de adversidad. En este sentido, las catástrofes o desastres producirán una alteración brusca del estado habitual y cotidiano de las cosas, un antes y un después no superable sin la ayuda externa. Este tipo de sucesos afectarán de forma negativa a la vida, produciendo grandes cambios que, en muchas ocasiones, serán permanentes en la sociedad o en el medio ambiente.

 

Casi diariamente ocurre en el mundo un desastre de grandes proporciones, y semanalmente suele presentarse una catástrofe natural que requiera apoyo internacional (tormentas, inundaciones, incendios o terremotos). No parece que esta tendencia tienda a disminuir durante la próxima década.

 

Si a estas previsiones le añadimos factores como el incremento de la densidad de población y su asentamiento en terrenos inapropiados; la falta o mala distribución de recursos alimentarios; el procesamiento cada vez mayor de materias peligrosas y su transporte; la especulación y la industrialización incontrolada de los países en vías de desarrollo, podemos intuir la alta probabilidad de que los futuros “grandes desastres” afecten a un potencial de millones de damnificados cada vez mayor.

 

 

Salud y desastres

 

Desde el punto de vista sanitario, un desastre se debe definir a partir de las consecuencias que tiene sobre el estado de salud y los servicios sanitarios afectados. El deterioro del estado de salud de la población suele ser uno de los impactos más graves de los desastres, tanto en los generados por catástrofes naturales, como por conflictos armados. En ocasiones, los desastres acarrean auténticas crisis sanitarias, que se caracterizan por la propagación de epidemias que se convertirán en la principal causa de mortalidad. En consecuencia, todas las actuaciones que puedan emprenderse en materia de salud serán prioritarias durante las emergencias.

 

Los desastres afectarán a la situación de la salud principalmente de tres formas:

  • Aumentarán la susceptibilidad o propensión fisiológica a contraer enfermedades.
  • Aumentarán las lesiones y la exposición a las enfermedades.
  • Disminuirán la capacidad estructural y de funcionamiento del sistema y los servicios de salud.

Ante las situaciones anómalas generadas en los desastres, las personas vulnerables tendrán un riesgo mayor de mortalidad o morbilidad asociada, debido a una serie de circunstancias desfavorables.

  • Serán menos capaces de evitar las consecuencias de una catástrofe. (por ejemplo, estas personas viven en lugares que carecen de disposiciones para la protección contra el agua y de saneamiento y drenaje).
  • Se verán más afectadas por las catástrofes (la población infantil, por su parte, presenta un riesgo mayor de morir por diarrea e infecciones respiratorias agudas respecto a la población adulta).
  • hacer frente a la enfermedad y a las adversidades (por ejemplo, no pueden pagar la asistencia médica o los medicamentos).

 

Fases de asistencia en catástrofes

 

Las emergencias complejas –ya sean desastres naturales, como conflictos bélicos– combinan diferentes elementos, como hambruna, desplazamientos poblacionales, epidemias, etc. Se trata de procesos dinámicos que pueden dividirse en varias etapas, cada una de las cuales se caracteriza por problemas y prioridades que irán modificándose en el tiempo.

Los objetivos de las intervenciones sanitarias en situación de emergencia pueden ordenarse en función de la secuencia de los eventos que se suceden en el tiempo, desde los efectos inmediatos hasta la rehabilitación, y serían:

  1. Prevenir y reducir la mortalidad, causada por la catástrofe, como por la demora en la asistencia o por la carencia de cuidados apropiados.
  2. Suministrar cuidados a los heridos, damnificados, afectados psicológicamente, etc.
  3. Prevenir la morbilidad y la consiguiente mortalidad relacionada con el desastre, a corto y a largo plazo, mediante la mejora del control de enfermedades transmisibles, el saneamiento, el hacinamiento, centros de alimentación comunitaria, el control de epidemias, controlando la aparición de problemas mentales y emocionales, y, finalmente, la morbilidad y la mortalidad debidas al colapso del sistema de salud local.
  4. Asegurar la recuperación del estado de salud con la prevención de la malnutrición a largo plazo, causada por un deterioro de la seguridad alimentaria familiar por múltiples factores: pérdida de la producción agrícola, pérdida de los ingresos, declive del estado sanitario y de salubridad, etc.
  5. Restablecer o rehabilitar, en la medida de lo posible, los servicios de salud, procurando mejorarlos con criterios de sostenibilidad, respecto a su situación previa.

Una vez producida una catástrofe, se establecen tres fases de actuación: a) una fase preliminar, en la que se planeará la ayuda, se detectarán necesidades y se preparará a los expatriados o los cooperantes; b) una fase de acción, en la que la atención integral a las víctimas será la principal tarea, y c) finalmente, una fase de recuperación, para intentar que el sistema afectado vuelva a la máxima normalidad posible de una forma planificada y consensuada por todos los actores implicados.

 

 

Indicadores de salud

 

Los indicadores son variables que intentan medir u objetivar de forma cuantitativa o cualitativa los sucesos colectivos, o los cambios producidos, hayan sido de forma voluntaria o no, con el objetivo de poder establecer acciones de mejora. Los indicadores nos permitirán, de una manera objetiva, saber si estamos haciendo bien nuestro trabajo.

 

En la catástrofe, no siempre todas las ONG siguen de forma homogénea el trabajo con indicadores. En la fase aguda, durante la asistencia, el registro de actividad y el uso de sistemas de medida no suele ser tan estricto como en fases posteriores y en los planes de desarrollo, pero en realidad tienen la misma importancia.

 

La Organización Mundial de la Salud define como indicadores a las “variables que sirven para medir los cambios”. En el ámbito de salud permiten:

  • Determinar cuáles son los problemas sanitarios.
  • Orientar la formulación de políticas sanitarias y planificar programas de salud.
  • Detectar primeras evidencias de brotes epidémicos.
  • Supervisar la efectividad y la cobertura de los programas de atención sanitaria.
  • Asegurar que los recursos se dirigen a los más necesitados.
  • Suministra información comparable (muestra la disparidad entre países, etnias, grupos socioeconómicos).
  • Provee orientación para la investigación.

Por tanto, los indicadores de salud nos proporcionarán información sobre el estado de salud de las personas, de cómo se encuentra el “sistema sanitario”, de los servicios médicos disponibles o de las políticas en el ámbito sociosanitario.

 

Hay un subgrupo de indicadores de salud, llamados epidemiológicos, que se utilizan para estimar la magnitud y la trascendencia de una situación determinada. Están referidos a una población específica, y a un tiempo y lugar concretos, nos informarán de la situación de salud de una determinada población, su calidad actual de vida y el grado de desarrollo humano. Ejemplos de ello serían la salud materna, la natalidad, la esperanza de vida al nacer, las tasas de morbilidad y de mortalidad infantil (ya sea en menores de 1 año o de 5 años), el estado nutricional, las inmunizaciones, el número de cuadros diarreicos, etc.

 

 

Recomendaciones generales en asistencia sanitaria en emergencias

 

Con los cambios bruscos a los que se enfrentan los individuos afectados por una catástrofe y la necesidad prácticamente obligada de solicitud de ayuda exterior, la llegada de cooperantes o expatriados a la zona de desastre, su adaptación, coordinación e incorporación a las tareas asignadas, supone un nuevo reto. Para ello, sería aconsejable actuar siempre siguiendo las recomendaciones siguientes:

  1. No tipificar las catástrofes, no considerarlas a todas por igual.
  2. Es muy importante prestar los servicios sanitarios respetando las condiciones culturales y sociales del lugar, por lo que:
    • Es conveniente contar con el máximo apoyo de las “autoridades” locales.
    • Es fundamental la supervisión, la comunicación y la coordinación con la contraparte local.
    • La utilización de recursos humanos y materiales de la zona puede facilitar mucho la obtención de información sanitaria y adecuar el tipo de asistencias a realizar.
  3. Debemos conocer con claridad las necesidades reales.
  4. La ayuda de emergencia debe complementar, no duplicar, las medidas aplicadas por el país afectado.
  5. Hemos de realizar una actuación continua en salud, desde los primeros auxilios más básicos, hasta los programas –si los hay– de control de enfermedades crónicas y el uso de medicamentos.
  6. El trabajo debe ser en equipo y de la forma más estandarizada posible.
  7. En las primeras fases tras el suceso, las víctimas de los desastres tienen un sentimiento similar de fragilidad, de pérdida y de “afectado”, sea cual sea su situación previa.
  8. Debemos incidir sobre los más vulnerables y trabajar no sólo sobre la víctima, sino también sobre la comunidad afectada y su sistema de salud.
  9. La salud materno-infantil y reproductiva, la violencia de género y sexual, los colectivos con virus de la inmunodeficiencia humana, tuberculosis y malnutrición, así como el soporte psicológico, deben ser especialmente considerados en las emergencias.
  10. Hemos de aplicar las normas aprobadas internacionalmente en ayuda humanitaria, como guías interagencias o el Proyecto Esfera.

 

Las Unidades de Respuesta a la Emergencia de Cruz Roja: las Emergency Response Unit (ERU)

 

El cambio constante en el panorama mundial, así como las situaciones de emergencia que se están produciendo de forma cada vez más frecuente en el mundo, hacen necesario un replanteamiento en la Ayuda Internacional Humanitaria en situaciones de catástrofe.

 

Ante algunas de estas emergencias, las organizaciones humanitarias, las agencias internacionales y la población, en general, demandan una intervención rápida, proporcionada y eficaz para minimizar al máximo los efectos producidos por las catástrofes en la población afectada y, en concreto, en los colectivos más vulnerables (mujeres, niños, ancianos, enfermos y discapacitados), que en caso de catástrofe o desastre sufrirán de forma acentuada los efectos.

 

Cruz Roja Española, sensible ante esta situación, ha desarrollado un sistema modular de intervención rápida en caso de desastre, dentro de un proyecto coordinado por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y Media Luna Roja, que engloba a 188 países con presencia de la organización, de los cuales España, juntamente con Estados Unidos, Austria, Bélgica, el Reino Unido, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Alemania, los Países Bajos, Noruega, Suiza, Suecia y Japón, forma parte del proyecto ERU (Emergency Response Unit).

 

El concepto ERU (Unidades de Respuesta a Emergencias) surge en 1994, ante la necesidad de crear unos sistemas rápidos, eficaces y autónomos que, coordinados a nivel internacional, den una respuesta efectiva, eficiente y ajustada a las distintas realidades de las emergencias humanitarias producidas por los desastres. Así, se trata de un replanteamiento en la respuesta de la Ayuda Internacional Humanitaria ante la emergencia que surge de la demanda específica de necesidades y que pretende ser proporcionada.

 

 

Operatividad y criterios para el desplazamiento de ERU

 

Ante una catástrofe, en la fase preliminar, el equipo de evaluación de la Federación Internacional de la Cruz Roja desplazado a la zona determinará los recursos necesarios para afrontar la intervención. Entre estos recursos se encuentran incluidas las ERU, de tal forma que valorarán la necesidad o no de unidades de este tipo. En caso necesario, la International Federation of Red Cross (IFRC) solicitará a las sociedades nacionales de la Cruz Roja del programa ERU el estado y la operatividad de sus unidades para un desplazamiento inminente a una zona determinada. Después de un breve plazo de tiempo y con toda la información, la IFRC determinará qué tipo de ERU se desplaza y el país encargado de la operación, junto a los recursos necesarios. Estas unidades se despliegan en la zona afectada en un plazo máximo de 72 horas.

 

En España hasta ahora se dispone de las unidades siguientes:

  • ERU de Telecomunicaciones.
  • ERU de Cuidados Básicos de Salud.
  • ERU de Agua y Saneamiento.
  • ERU de Saneamiento Masivo.
  • ERU de Logística.
  • ERU de Distribuciones.

 

La ERU de Cuidados Básicos de Salud

 

Cuando los servicios médico-sanitarios locales han sido sobrepasados por ser insuficientes, estar dañados o destruidos, una de las necesidades más apremiantes será poder ofrecer atención en salud a la comunidad. En las situaciones de emergencia, la ERU-UCBS (Unidades de Cuidados Básicos de Salud) tendrá como objetivo proveer a la población de servicios de salud básicos (curativos, preventivos y en salud comunitaria) de forma inmediata.

 

Tiene capacidad para atender a las necesidades de atención primaria de salud de una población de hasta 30.000 personas (fig. 1). Su funcionamiento es flexible: puede prestar su asistencia desde un solo lugar o desde varios, según sean las necesidades identificadas, la dispersión geográfica y el tamaño de la población.

 

Figura 1.  Zona de clínica desplegada en el terremoto de Pakistán 2005.

Figura 1.  Zona de clínica desplegada en el terremoto de Pakistán 2005.

 

 

Esta ERU puede cubrir las necesidades de:

  • Atención básica de salud: se realizan visitas de urgencias y ambulatorias. A parte de los box de visita rápida, el equipamiento de esta ERU incluye 10 camas para pacientes que requieren observación durante las 24 horas, ampliables a 20 camas.
  • Atención materno-infantil (fig. 2) con posibilidad de atención a partos, sin complicaciones previstas, y servicios preventivos, como vacunaciones en caso de epidemias, si fuera preciso.
  • Promoción y educación a la salud: a través de la formación de equipos de información sanitaria y el trabajo con agentes de salud de la comunidad afectada, se desarrollan distintas actividades, como por ejemplo campañas de promoción de higiene. Siempre en el marco de atención primaria de salud.
  • Vigilancia epidemiológica y nutricional: se realizan registros de actividad diarios y se reportan para su uso como indicadores de salud.

 

Así, la ERU-UCBS es un centro de salud levantado en un breve intervalo de tiempo y allí donde realmente se necesita, con grandes tiendas de campaña y que cuenta con zona de registro de enfermos (fig. 3), zona de espera, sala de curas, varias consultas médicas, farmacia, almacén y servicio de observación.

 

Figura 2. Enfermera en el despliegue de la ERU Cuidados Básicos Salud en terremoto Chile 2010.

Figura 2.  Enfermera en el despliegue de la ERU Cuidados Básicos Salud en terremoto Chile 2010.

 

 

Figura 3.  Zona de registro de pacientes, terremoto Pakistán 2005.

Figura 3.  Zona de registro de pacientes, terremoto Pakistán 2005.

 

 

Los equipos humanos de esta ERU están compuestos por coordinadores, un jefe de equipo, personal sanitario (médicos, enfermeras/os y farmacéuticas/os) y personal especializado en el mantenimiento de las estructuras (técnicos de fontanería, electricidad, etc.). Cada vez más, en la unidad y debido a la población y afecciones atendidas, es más necesaria la incorporación de especialistas a las unidades, como traumatólogos, psicólogos, comadronas y, por supuesto, pediatras, pero siempre teniendo en cuenta que la unidad debe dar una atención integral, y la polivalencia debe ser una de las características del personal desplazado.

 

La Cruz Roja Española con la ERU-UCBS, desde su creación, se ha desplegado en los contextos siguientes:

  • Crisis de refugiados en Albania (mayo de 1999).
  • Terremoto en Turquía (agosto de 1999).
  • Terremoto en la India (febrero de 2001).
  • Terremoto en Argelia (mayo de 2003).
  • Terremoto en Pakistán (octubre de 2005). (Vídeo en la web)
  • Huracanes en Haití (septiembre de 2008).
  • Terremoto en Chile (marzo de 2010).
  • Cuerno de África Kenia (octubre de 2011).

La ERU-UCBS de Cruz Roja Española está preparada para dar una respuesta rápida, efectiva y proporcionada ante cualquier situación de desastre que precise una atención sanitaria de emergencia.

 

Su capacidad operativa permite prestar asistencia en todas y cada una de las fases de la catástrofe, asistencia que se realizará de forma reglada siguiendo los protocolos y los principios básicos de ayuda humanitaria, y en coordinación con las autoridades locales. Nuestro objetivo es atender a toda la población afectada, pero prestando especial atención a los colectivos más vulnerables.

 


 

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