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ARTÍCULO ESPECIAL

Ahogamiento: un desenlace trágico cuando relajamos la vigilancia

David Szpilman1, Joost Bierens2, Anthony Handley3 y James Orlowski4

1 Médico. Director médico y fundador de Sobrasa (Sociedad Brasileña de Rescate Acuático). Brasil.
2 Médico. Responsable de los protocolos europeos de reanimación y soporte vital básico. Holanda.
3 Médico y Editor-jefe del Libro Mundial sobre Ahogamiento. Estados Unidos.
4
Médico. Jefe del Servicio de Medicina Intensiva Pediátrica del Florida Hospital y University of South Florida. Estados Unidos.

Artículo traducido y resumido del original publicado el 26 de mayo de 2012 en la revista New England Journal of Medicine: David Szpilman, Joost Bierens, Anthony Handley y James Orlowski. Drowning: Current Concepts. N Engl J Med 2012; 366: 2102-10.
Para la bibliografía, consultar el artículo original en la web de la revista: http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMra1013317

 

 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 0,7% de todas las muertes en el mundo, o más de 500.000 anuales, se deben a los ahogamientos accidentales. Puesto que algunos casos de ahogamientos que terminan en fallecimiento no se clasifican como tales de acuerdo con los códigos de la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE), esta cifra subestima el número real de víctimas, incluso en países ricos, y no incluye los ahogamientos que son consecuencia de inundaciones, tsunamis y accidentes de navegación.

 

El ahogamiento es la causa principal de mortalidad en todo el mundo entre niños de 5 a 14 años de edad. En los Estados Unidos el ahogamiento es la segunda causa de mortalidad traumática en niños de 1-4 años de edad, con una tasa de mortalidad de 3/100.000, y en algunos países, como Tailandia, entre niños de 2 años de edad, dicha tasa es de 107/100.000. En muchos países de África y de Centroamérica, la incidencia de ahogamiento es 10-20 veces más alta que la incidencia documentada en los Estados Unidos. Los factores de riesgo de ahogamiento son el sexo masculino, una edad menor de 14 años, el consumo de alcohol, las familias de bajos ingresos, un bajo nivel de estudios, la residencia en áreas rurales, la exposición al medio acuático, las conductas de riesgo y la falta de supervisión.

 

Para los individuos que sufren epilepsia, el riesgo de ahogamiento es 15-19 veces mayor que el observado entre individuos sanos. El riesgo de fallecer por la exposición al ahogamiento, comparado con un accidente de tráfico, es 200 veces mayor. Se estima que los costes estatales del ahogamiento son de más de 273 millones de dólares anuales en los Estados Unidos y, en Brasil, son de 228 millones de dólares anuales. Por cada individuo que fallece ahogado, otros cuatro individuos reciben atención en el servicio de urgencias.

 

 

Definición y terminología

 

De acuerdo con la nueva definición adoptada por la OMS en 2002, el «ahogamiento es una experiencia de disfunción o dificultad respiratoria (aspiración de líquido) a partir de un proceso de sumersión/inmersión en líquido». La dificultad respiratoria se inicia cuando el líquido entra en contacto con las vías respiratorias (o aéreas) de la víctima en inmersión (salpicaduras de agua en la cara) o por sumersión (las vías respiratorias se encuentran por debajo de la superficie del líquido).

 

Si el individuo es rescatado, el proceso de ahogamiento queda interrumpido, lo que se denomina ahogamiento no letal. Si el individuo fallece en cualquier momento, como consecuencia del ahogamiento, se denomina ahogamiento letal. Cualquier incidente de sumersión o inmersión sin pruebas de dificultad respiratoria debe considerarse un rescate en el agua y no un ahogamiento.

 

Es preciso evitar los términos obsoletos como «casi ahogamiento», «ahogamiento seco o húmedo», «ahogamiento secundario», «ahogamiento activo y pasivo» e «inicio diferido de un síndrome de dificultad respiratoria».

 

 

Fisiopatología del ahogamiento

 

Cuando un individuo que se está ahogando no puede mantener la vía respiratoria libre de líquido, el agua que entra por la boca es expulsada o ingerida voluntariamente. La respuesta consciente siguiente es asegurar la función respiratoria, conteniendo la respiración, aunque esto no dura más de alrededor de un minuto. Cuando el estímulo respiratorio es demasiado fuerte, cierta cantidad del agua es aspirada a las vías respiratorias y la víctima tose como respuesta refleja. En raras ocasiones puede aparecer un laringospasmo, pero en tales casos se termina rápidamente con el inicio de una hipoxia cerebral. Si el individuo no es rescatado, la aspiración de agua continúa y la hipoxemia rápidamente da lugar a la pérdida del conocimiento y a apnea.

 

La secuencia del deterioro del ritmo cardíaco suele ser, en primer lugar, una taquicardia seguida de bradicardia, actividad eléctrica sin pulso y, por último, asistolia. En general, todo el proceso de ahogamiento, desde la sumersión o inmersión hasta el paro cardíaco, dura unos segundos a pocos minutos, pero, en situaciones excepcionales, como el ahogamiento en agua helada, este proceso puede prolongarse una hora.

 

Si el individuo es rescatado vivo, el cuadro clínico está determinado sobre todo por la cantidad de agua que ha aspirado y sus efectos. El agua en los alvéolos induce una disfunción o inactivación del surfactante y su lavado de los alvéolos. La aspiración de agua salada y la aspiración de agua dulce inducen grados similares de lesión, aunque con diferencias de los gradientes osmóticos. En cualquiera de ambas situaciones, el efecto del gradiente osmótico sobre la delicada membrana alveolar-capilar quebranta su integridad, aumenta su permeabilidad y, en consecuencia, su función. El cuadro clínico causado por esta lesión de la membrana alveolar-capilar es un edema pulmonar masivo, que disminuye principalmente el intercambio de oxígeno. Los efectos combinados de los fluidos en los pulmones, junto con la pérdida de surfactante y la mayor permeabilidad de la membrana dan lugar a la disminución de la distensibilidad pulmonar (complianza), un aumento de las áreas de ventilación-perfusión muy baja o de cero, atelectasia y broncospasmo.

 

Si es necesaria la reanimación cardiopulmonar (RCP), el riesgo de afectación neurológica es similar al de otros casos de paro cardíaco. Sin embargo, la hipotermia asociada al ahogamiento puede proporcionar un mecanismo protector que permite que el individuo sobreviva a episodios prolongados de sumersión, sin secuelas. La hipotermia puede reducir el consumo de oxígeno cerebral, retrasando la anoxia celular y la depleción de ATP (un elemento básico de la energía celular). La hipotermia reduce la actividad eléctrica y metabólica del cerebro de un modo dependiente de la temperatura. La tasa de consumo cerebral de oxígeno disminuye en alrededor del 5% por cada disminución de 1º C de la temperatura dentro de unos límites de 37 a 20º C.

 

 

Rescate y RCP en el agua

 

Muchos individuos que se están ahogando son capaces de salvarse a sí mismos o son rescatados a tiempo por personas que han presenciado el accidente o por socorristas profesionales. En las regiones donde trabajan socorristas, menos del 6% de todos los individuos rescatados necesitan atención médica y tan sólo un 0,5% requieren RCP. En los rescates efectuados por otros bañistas, el 30% de las víctimas necesitarán RCP. Los individuos, que no son socorristas profesionales pero tratan de rescatar a la víctima de un ahogamiento, deben hacerlo sin entrar en el agua, evitando de este modo, ahogarse y, siempre que sea posible, deben buscar ayuda fuera del agua. Las técnicas de rescate seguras incluyen tratar de alcanzar a la víctima del ahogamiento con un objeto, como un palo, pértiga, una toalla o la rama de un árbol o lanzarles cualquier objeto que flote. Con frecuencia, se pasan por alto estas respuestas rápidas y seguras que es preciso enseñar como parte de un curso básico de socorrismo.

 

Es esencial llamar a los servicios de emergencias médicas (SEM) y emprender el rescate y la reanimación de inmediato. Si la víctima está consciente, se la trasladará a tierra firme y se iniciarán lo antes posible las maniobras de Soporte Vital Básico. Para un individuo que esté inconsciente, la reanimación en el agua (tan sólo maniobras de ventilación) puede aumentar la probabilidad de un resultado favorable por un factor de más del triple, comparado con el tiempo invertido en conducir a la víctima a tierra. No obstante, la reanimación dentro del agua sólo es posible por parte de personal entrenado, es decir, un socorrista profesional. Las tentativas de compresiones torácicas efectuadas dentro del agua resultan inútiles, al igual que la evaluación del pulso carece de finalidad.

 

Los individuos ahogados que sólo manifiestan paro respiratorio suelen responder tras unas pocas maniobras de ventilación de rescate. Si la víctima no responde, el socorrista debe suponer que la víctima sufre una parada cardiorrespiratoria y, por lo tanto conviene sacarlo del agua de inmediato y colocarlo en una posición de decúbito en tierra firme, donde se puedan iniciar las maniobras de RCP eficaz.

 

Las lesiones de la columna vertebral cervical afectan amenos del 0,7% de víctimas y la inmovilización de la columna cervical en el agua sólo está indicada en aquellos casos en los que se sospeche firmemente un traumatismo craneal o cervical (es decir, en accidentes de buceo, esquí acuático, surf, o de navegación).

 

Al transportar al individuo ahogado desde el agua a tierra, el socorrista ha de tratar de mantenerlo en posición vertical procurando conservar las vías respiratorias abiertas, lo que contribuye a impedir los vómitos, al igual que una aspiración aún mayor de agua y del contenido del estómago.

 

 

RCP en tierra

 

Una vez en tierra, se colocará al ahogado en una posición de decúbito supino, con el tronco y la cabeza al mismo nivel (en general, paralelo a la línea del agua) y se iniciará el protocolo de soporte básico vital. Si el individuo está inconsciente, pero respira, se usará una posición de decúbito lateral. Si, por el contrario, no respira, es esencial iniciar la ventilación de rescate. A diferencia del paro cardíaco primario, el ahogamiento puede producir un patrón de respiración dificultosa o apneas mientras el corazón sigue latiendo, por lo que la víctima sólo requiere maniobras de ventilación.

 

La parada cardíaca como consecuencia del ahogamiento se debe sobre todo a la falta de oxígeno. Por esta razón, es importante que la RCP siga la secuencia tradicional, es decir, ABC (Airway, Breathing, Circulation [vías respiratorias, respiración, circulación]), empezando la ventilación con cinco insuflaciones iniciales, seguidas de 30 compresiones torácicas, y continuando con dos ventilaciones y 30 compresiones torácicas hasta que reaparezcan los signos vitales, hasta el agotamiento del socorrista o hasta que llegue al lugar el equipo de Soporte Vital Aavanzado.

 

En caso de ahogamiento, el Consejo Europeo de Reanimación recomienda cinco insuflaciones iniciales en lugar de dos porque las ventilaciones iniciales pueden ser menos eficientes, ya que el agua presente en las vías respiratorias puede interferir con una expansión alveolar eficaz. En individuos que se han ahogado no se recomienda una técnica de sólo compresiones torácicas.

 

Durante las tentativas de RCP, la complicación más frecuente es la regurgitación del contenido gástrico, que acontece en más del 65% de los individuos que necesitan maniobras de respiración artificial y en el 86% de los que requieren maniobras de ventilación y compresión (RCP). La presencia de vómitos en las vías respiratorias en general provoca una lesión por aspiración aún mayor y empeora el intercambio de oxígeno. Es preciso evitar los esfuerzos activos para que la víctima expulse el agua de las vías respiratorias (por medio de compresiones abdominales o colocando a la víctima con la cabeza hacia abajo) porque retrasan el inicio de la ventilación y aumentan considerablemente el riesgo de vómitos, con un aumento sustancial de la mortalidad.

 

Con frecuencia, la reanimación de los individuos que se ahogan acontece en circunstancias difíciles y muy variadas. El socorrista o bañista puede tener problemas para trasladar a la víctima hasta tierra firme, y el retraso hasta la llegada de los servicios de emergencias médicas puede ser considerable. Por otra parte, las víctimas del ahogamiento suelen ser personas jóvenes, y la probabilidad de reanimación satisfactoria es mayor entre ellas que entre víctimas de mayor edad, en general, porque la hipotermia afecta a los individuos jóvenes más rápidamente que a los adultos, de modo que la probabilidad de que la reanimación sea satisfactoria aumenta.

 

 

Cuidados prehospitalarios avanzados

 

Además de proporcionar unas medidas de soporte vital básico inmediatas, es importante alertar al equipo de soporte vital avanzado lo antes posible. Debido a la amplia variedad de presentaciones clínicas del ahogamiento, un sistema de clasificación de seis grados, en el que los mayores números indican un deterioro más grave, puede contribuir a estratificar el riesgo y a orientar las intervenciones (fig. 1).

 

Figura 1.  Figura 1. Clasificación del ahogamiento. Fuente: Szpilman D. Near-drowning and drowning classification: a proposal to stratify mortality based on the analysis of 1,831 cases. Chest 1997 sep;112(3):660-5; y Szpilman D, Elmann J, Cruz-Filho FES. Drowning classification: a revalidation study based on the analysis of 930 cases over 10 years. Presentado en Congreso Mundial sobre Ahogamiento, Amsterdam, 26-28 de junio de 2002. Resumen.

Figura 1. Clasificación del ahogamiento. (Clic para ampliar)
Fuente: Szpilman D. Near-drowning and drowning classification: a proposal to stratify mortality based on the analysis of 1,831 cases. Chest 1997 sep;112(3):660-5; y Szpilman D, Elmann J, Cruz-Filho FES. Drowning classification: a revalidation study based on the analysis of 930 cases over 10 years. Presentado en Congreso Mundial sobre Ahogamiento, Amsterdam, 26-28 de junio de 2002. Resumen.

 

 

Un individuo con una lesión pulmonar inicialmente puede ser capaz de mantener una oxigenación adecuada a través de una frecuencia respiratoria muy alta y puede ser tratado mediante administración de oxígeno con una máscara facial a una tasa de 15 litros de oxígeno por minuto.

 

Cuando la víctima muestre signos de deterioro o fatiga (grado 3 o 4) está indicada una intubación orotraqueal precoz y la ventilación mecánica. Una vez intubados, la mayor parte de individuos pueden ser oxigenados y ventilados sin dificultad. A pesar de que, en el tubo endotraqueal, puede aparecer un abundante líquido de edema pulmonar, la aspiración puede afectar a la oxigenación y debe sopesarse frente a la necesidad de ventilar y oxigenar. Los profesionales que proveen la asistencia prehospitalaria deben garantizar que hay una oxigenación suficiente para mantener una saturación de oxígeno arterial del 92-96%, y garantizar simultáneamente una expansión torácica adecuada durante la ventilación. Lo antes posible, para aumentar la oxigenación, se iniciará la ventilación con presión telespiratoria positiva (PEEP).

 

En un ámbito prehospitalario, la vía de elección para la administración de fármacos es obtener un acceso venoso periférico. Una vía alternativa de emergencia es el acceso intraóseo. No se recomienda la administración endotraqueal de fármacos. Si la oxigenación no corrige la hipotensión, se administrará una infusión rápida de una solución cristaloide, con independencia de si la víctima ha inhalado agua dulce o agua salada.

 

En las víctimas con parada cardíaca tras el ahogamiento (grado 6), el ritmo cardíaco de presentación suele ser la asistolia o la actividad eléctrica sin pulso. Rara vez se documenta una fibrilación ventricular, pero puede estar presente en caso de antecedentes de coronariopatía, si se ha utilizado noradrenalina o adrenalina (que pueden aumentar la irritabilidad miocárdica), o en presencia de hipotermia grave.

 

Durante la RCP, si las maniobras de ventilación y compresión torácica no dan lugar a la actividad cardíaca, puede considerarse la administración de dosis intravenosas de noradrenalina o adrenalina, en una dosis individual de 1 mg (o 0,01 mg/kg de peso corporal). Debido a los mecanismos de la parada cardíaca por la hipoxia y los efectos de la hipotermia, aunque es motivo de controversia, puede considerarse una dosis posterior más alta, si la dosis inicial no es eficaz.

 

Es motivo de debate la rentabilidad de disponer de un desfibrilador externo automatizado (DEA) en lugares de actividad acuática. En el ahogamiento el ritmo predominante de la parada cardíaca es la asistolia. Naturalmente, la parada cardíaca en estos lugares también puede acontecer por causas diferentes del ahogamiento y la disponibilidad de un desfibrilador puede salvar vidas. En la tabla 1 se resumen las recomendaciones sobre cuándo iniciar la RCP y cuánto tiempo debe mantenerse en los casos de ahogamiento.

 

 

Tabla 1.  Recomendación de reanimación cardiopulmonar (RCP) en caso de ahogamiento. (Clic para ampliar)

Tabla 1. Recomendación de reanimación cardiopulmonar (RCP) en caso de ahogamiento

 

 

Cuidados en el servicio de urgencias

 

La atención a una víctima de ahogamiento requiere cuidados respiratorios, circulatorios y del sistema nervioso.

 

La mayoría de víctimas de ahogamiento sólo aspiran pequeñas cantidades de agua, y se recobrarán espontáneamente. Menos del 6% de todos los individuos rescatados por socorristas requieren atención médica hospitalaria.

 

Una vez que se ha asegurado la vía respiratoria, se ha mejorado la oxigenación, se ha estabilizado la circulación y se ha insertado un tubo gástrico, es preciso instituir su aislamiento térmico. Esto irá seguido de una exploración física, una radiografía de tórax y una gasometría en sangre arterial. En la mayoría de pacientes se producirá una acidosis metabólica que, en general, corrige el esfuerzo espontáneo del propio paciente para aumentar la ventilación minuto o mediante ajustes en el ventilador mecánico con una mayor ventilación minuto o una mayor presión inspiratoria máxima. No se recomienda el uso sistemático de bicarbonato sódico.

 

La historia de los acontecimientos relacionados con el ahogamiento debe incluir información sobre la actividad de rescate y de reanimación y cualquier enfermedad actual o previa. En ocasiones, una enfermedad precipita el ahogamiento (p. ej., traumatismo, convulsiones o una arritmia cardíaca) y estos procesos deben diagnosticarse porque afectan directamente a las decisiones terapéuticas.

 

Si el individuo no responde y sigue inconsciente sin una causa evidente, se considerarán una investigación toxicológica y una tomografía computarizada craneal y cervical. Rara vez son de utilidad las determinaciones de electrólitos, urea, creatinina y hematocrito, y en pocos casos, es necesaria su corrección o la de un desequilibrio de electrólitos.

 

Los pacientes que manifiestan una oxigenación arterial adecuada sin tratamiento adyuvante y que no presentan morbilidades asociadas pueden ser dados de alta. Se recomienda el ingreso hospitalario para todos los pacientes con una presentación del ahogamiento de grado 2 a 6. Para la mayoría de pacientes con una presentación de grado 2, la administración no invasiva de oxígeno dará lugar a la normalización de la situación clínica al cabo de 6 a 8 horas, y, acto seguido, pueden ser dados de alta. Los pacientes cuyo estado clínico se deteriora son ingresados en la unidad de cuidados intermedios para una observación prolongada. Los pacientes con una presentación de grado 3 a 6, que suelen requerir intubación y ventilación mecánica, son ingresados en la unidad de cuidados intensivos (UCI).

 

 

Sistema respiratorio

 

En la UCI, el tratamiento del ahogamiento es similar al de los pacientes con síndrome de disfunción respiratoria aguda (SDRA). Se seguirán las directrices para ventilación establecidas en el síndrome. Sin embargo, puesto que el daño pulmonar se debe a una lesión temporal y local, los pacientes con insuficiencia respiratoria debida al ahogamiento tienen tendencia a restablecerse con mucha más rapidez que los pacientes con el síndrome, y las secuelas pulmonares tardías son muy poco frecuentes.

 

Es preferible no iniciar la desconexión del ventilador mecánico durante como mínimo 24 horas, aunque el intercambio de gases parezca adecuado (cociente de presión parcial de oxígeno arterial con respecto a la fracción de oxígeno inspirado > 250) porque la lesión pulmonar local no se ha resuelto lo suficiente y el edema pulmonar puede recurrir, requiriendo una nueva intubación, lo que, a su vez, dará lugar a una estancia hospitalaria prolongada y una mayor morbilidad. Apenas hay pruebas concernientes al valor de la corticoterapia para reducir la lesión pulmonar. Puede producir efectos beneficiosos sobre el broncospasmo pero debe considerarse sólo después del fracaso de un tratamiento de prueba con broncodilatadores.

 

Inicialmente, con frecuencia, se diagnostica por error una neumonía debido al aspecto radiológico precoz del agua en los pulmones. En una serie de pacientes hospitalizados, tan sólo el 12% de individuos rescatados de un ahogamiento experimentaron una neumonía y requirieron tratamiento con antibióticos. La administración profiláctica de antibióticos tiene tendencia a seleccionar un mayor número de microorganismos resistentes y agresivos.

 

El tratamiento antibiótico está indicado en presencia de fiebre y leucocitosis persistente durante más de 48-72 horas, junto con un infiltrado pulmonar persistente o nuevo en la radiografía de tórax y la presencia de una respuesta leucocitaria en la aspiración traqueal, obteniéndose a diario un cultivo y pruebas de sensibilidad de las muestras de esputo del aspirado. Además, puede efectuarse una broncoscopia para monitorizar a pacientes seleccionados en busca de una infección pulmonar y, en raras ocasiones, se utiliza para el aclaramiento terapéutico de tapones mucosos o de material sólido.

 

Puede aparecer una neumonía de inicio precoz debido a la aspiración de agua contaminada, flora endógena o el contenido gástrico. La aspiración de agua de una piscina rara vez provocará una neumonía. Durante la ventilación mecánica prolongada, el riesgo de neumonía puede detectarse a partir del tercer o cuarto día del ingreso, cuando el edema pulmonar está prácticamente resuelto. En ocasiones, la neumonía se relaciona con patógenos nosocomiales. Una vez diagnosticada, se debe iniciar tratamiento empírico con antibióticos de amplio espectro, y, una vez se disponga de los resultados del cultivo y las pruebas de sensibilidad, se iniciará el tratamiento definitivo. También deben considerarse las infecciones fúngicas o por anaerobios pero se esperará a los resultados del cultivo.

 

En algunos pacientes, la función pulmonar se deteriora tan espectacularmente que sólo puede mantenerse una oxigenación adecuada usando oxigenación por membrana extracorpórea. Para estos pacientes en estado crítico, se encuentran en investigación la administración de surfactante artificial, óxido nítrico inhalado, y ventilación líquida parcial con perfluorocarbonos.

 

 

Sistema circulatorio

 

En la mayoría de víctimas de ahogamiento, la circulación es adecuada tras la oxigenación, una infusión rápida de una solución cristaloide, y el restablecimiento de la temperatura corporal normal. En pacientes con un grado 4-6 puede aparecer una disfunción miocárdica precoz que añade un componente cardiogénico al edema pulmonar no cardiogénico. No hay pruebas de beneficios de la administración de fluidoterapia específica, diuréticos, o restricción de agua en individuos que han sido rescatados de un ahogamiento en agua dulce o salada. Si la reposición de la volemia con una infusión cristaloide no estabiliza la hemodinamia, una ecocardiografía puede contribuir a la toma de decisiones sobre el uso de fármacos inotrópicos, vasopresores o de ambas clases.

 

 

Sistema neurológico

 

En los casos de ahogamiento seguidos de reanimación, tras el incidente el desenlace más preocupante es una lesión neurológica permanente. Los pacientes que han permanecido en coma o que presentan un deterioro neurológico deben someterse a cuidados intensivos con el objetivo de obtener valores normales de glucemia, presión parcial de oxígeno arterial y presión parcial de dióxido de carbono y evitar cualquier situación que aumente el metabolismo cerebral. En estos casos la inducción de hipotermia con una temperatura corporal, mantenida entre 32 y 34º C durante 24 horas, puede ser neuroprotectora.

 

En algunos casos, la hipotermia refleja un tiempo de sumersión prolongado y se acompaña de mal pronóstico. En otros casos, una hipotermia precoz es una importante razón por la que es posible la supervivencia sin lesiones neurológicas. Los informes recientes sobre ahogamiento han documentado buenos desenlaces con el uso de la hipotermia terapéutica después de las maniobras de reanimación, a pesar de que se había estimado un mal pronóstico. En la reanimación tras el ahogamiento la paradoja es que un individuo con hipotermia requiere inicialmente un aumento de la temperatura corporal para que las maniobras de reanimación sean eficaces pero, más tarde, se beneficiará de una hipotermia terapéutica para un mejor pronóstico.

 

 

Complicaciones poco frecuentes

 

El síndrome de la respuesta inflamatoria sistémica (SRIS) después de la reanimación se ha descrito en víctimas rescatadas de un ahogamiento pero no debe interpretarse erróneamente como una infección. La sepsis y la coagulación intravascular diseminada son complicaciones posibles durante las 72 primeras horas después de la reanimación. La insuficiencia renal es poco frecuente pero puede ser consecuencia de la anoxia, shock, mioglobinuria o hemoglobinuria. Las variables pronósticas más importantes después de la reanimación se resumen en la tabla 2 (hechos importantes y factores pronósticos de la reanimación tras ahogamiento).

 

 

Tabla 2.  Factores importantes y variables pronósticas del desenlace en la reanimación de una víctima de ahogamiento. (Clic para ampliar)

Tabla 2. Factores importantes y variables pronósticas del desenlace en la reanimación de una víctima de ahogamiento

 

 

Prevención

 

Todo ahogamiento indica el fracaso de la intervención más eficaz, es decir, la prevención. En la tabla 3 (directrices para la prevención del ahogamiento) se resumen los principales mensajes de seguridad en la prevención del ahogamiento, basadas en evidencias y la opinión de expertos. Se estima que más del 85% de casos de ahogamiento pueden prevenirse con una supervisión adecuada, aprendiendo a nadar, con tecnología, reglamentación y educación del público.

 

 

Tabla 3.  Medidas de prevención del ahogamiento. (Clic para ampliar)

Tabla 3. Medidas de prevención del ahogamiento

 

 


 

Prevención en agua dulce


 

 

Prevención en la playa

 

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