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TRANSPORTE SANITARIO Y EMERGENCIAS: UNA MIRADA HISTÓRICA

Dominique-Jean Larrey

José Ayoze Sánchez Silva

Dominique-Jean Larrey.

 

 

• Nombre completo: Dominique-Jean Larrey.

• Año y lugar de nacimiento: 1766, Beaudéan (Pirineos franceses).

• Dedicó su vida a: la cirugía militar, la medicina de guerra
   y la enseñanza de ambas.

• Aportación más importante: la organización sanitaria militar.

• Invento más importante: la ambulancia moderna.

• Contemporáneo de: Napoleón Bonaparte.

• Año y lugar de fallecimiento: 1842, Lyon.

 

 

 

 

Dominique-Jean Larrey fue un cirujano francés reconocido por sus grandes avances en el campo de la evacuación de heridos y la organización sanitaria militar, pero también por su contribución al avance de la cirugía en los campos de la cirugía vascular, torácica y neurocirugía, entre otros; creó nuevos procedimientos con la mejora de algunos ya existentes, y abandonó prácticas obsoletas. Los reconocimientos que recibió en vida fueron muchos, incluso Napoleón le legó 100.000 francos en su testamento y el emperador diría de él que era el hombre más virtuoso que había conocido 

 

Larrey en la batalla

Larrey en la batalla.

 

 

Dominique-Jean Larrey nació cerca de los Pirineos franceses en 1766. Quedó huérfano a temprana edad y pasó al cuidado de su tío, cirujano jefe en un hospital de Toulouse que le hizo estudiar medicina, ya que había demostrado ser un joven brillante. Su paso por la universidad fue muy exitoso y finalizó sus estudios con varios premios académicos.

 

Durante 6 meses sirvió en la Armada Francesa como cirujano en la fragata La Vigilante, que protegía a los pescadores franceses en las costas de Terranova, pero, debido a que no se acostumbró a la mar (a causa de sus continuos mareos), dejó el servicio militar.

 

Después de su breve paso por la Armada, de donde se licenció con una felicitación por su trabajo, capacidad organizativa y disciplina, para subsistir se dedicó a la docencia, dando cursos de anatomía y obstetricia en la École Practique des Hautes Études de la Universidad de París. Posteriormente ejerció como cirujano en diferentes hospitales parisinos durante el período de la Revolución Francesa, en la que participó activamente asistiendo a muchas manifestaciones populares.

 

En 1792 se casa con la hija del ministro de Finanzas del gobierno que surge de la Revolución, y unos meses más tarde se une de nuevo al ejército como cirujano en distintas campañas de las Guerras revolucionarias francesas, que enfrentarían a Francia contra diversas coaliciones de países de su entorno. Es ahí donde conoce a un joven comandante de artillería llamado Napoleón Bonaparte, con el que mantendría una estrecha relación durante los 18 años siguientes.

 

El ejército francés da un giro estratégico en la concepción de la guerra que se había desarrollado hasta el momento, con la introducción masiva de la artillería de campaña en la batalla de Valmy (septiembre de 1792), donde consigue una gran victoria sobre Austria y Prusia. La artillería de campaña está tirada por caballos, es muy rápida y maniobrable, por lo que puede llegar hasta el mismo centro de la acción. Esto hace que el número de muertos y heridos por metralla se incremente grandemente y se generen heridas de una magnitud que hasta el momento no se habían visto en los campos de batalla. En este momento de la historia, los heridos pasan 24 horas de media en el campo de batalla hasta llegar al hospital y, al llegar, éstos están desbordados y los cirujanos sobrepasados por la gravedad de las heridas.

 

Este período marca un hito en la persona de Larrey, que queda asombrado con la deficiente organización de la sanidad militar. Después de una escaramuza en la ciudad de Limburg, concibe la idea de crear un sistema que permita transportar a los heridos hasta el hospital, y toma como modelo la artillería de campaña que, al ser tirada por caballos, es tremendamente móvil en prácticamente cualquier terreno. Esta idea es comunicada por escrito a su comandante, que le da autorización para construir su “ambulancia volante”. Su primera idea fue la de transportar a los heridos a lomos de caballos, pero la experiencia le hace desistir y fijarse en los sistemas de transporte de los cañones de la artillería de campaña. A partir de ese modelo, diseñó y construyó una carreta con una suspensión que permitiera un transporte cómodo, rápido y seguro de los heridos y los equipos quirúrgicos.

 

La ambulancia volante consistía básicamente en un carro ligero de 2 ruedas, con suspensión de ballesta, dotado de una cámara cerrada, tirado por caballos y con las sillas de montar modificadas para albergar material quirúrgico. Este nuevo vehículo acompañaría a las tropas de vanguardia y recibiría su bautismo de fuego en la batalla de Landau (1793), en la que Larrey fue herido en una pierna. El éxito fue tal que ese mismo año Larrey fue destinado a París con el objetivo de extender su idea a todo el ejército francés. Tenía entonces 28 años. En 1794 el Consejo de Sanidad del ejército francés aceptó su idea de un servicio de ambulancias volantes.

 

Ambulancia volante.

Ambulancia volante.

 

 

Después de un breve período en el que vuelve a la docencia en la Escuela de Medicina Militar de Valde-Gracé, es llamado a filas de nuevo para la campaña del norte de Italia (1795-1797). En esta campaña, Napoleón es proclamado general de los ejércitos de Italia y encomienda a Larrey el manejo y la evacuación de los heridos en el campo de batalla. También se le encomienda el establecimiento de un sistema de hospitales de campaña que se mantendrían a menos de 5 kilómetros del campo de batalla y recibirían a los heridos evacuados en ambulancia. Este sistema de evacuación, junto con los hospitales en las proximidades del campo de batalla, tendrá un gran éxito y será un elemento que contribuirá a elevar la moral de las tropas francesas. Así, Larrey llegó a ser conocido como “el amigo de los soldados”, sobrenombre que le puso el propio Napoleón. Larrey también se opone ferozmente a que se remate a los soldados enemigos en el campo de batalla, y postula que muchos de ellos se podrían salvar con una buena organización sanitaria.

 

En la campaña italiana, Larrey diseña dos modelos distintos de ambulancia: a) la primera es ligera y está montada en una carreta de dos ruedas tirada por dos caballos que lleva dos camillas, y b) la segunda es más pesada, está montada en un carro de 4 ruedas, está tirada por 4 caballos y puede llevar 4 camillas y equipo quirúrgico. Estas ambulancias se integraron en unidades mayores, compuestas por hasta 340 hombres que incluían a 15 cirujanos, 2 farmacéuticos, 12 ambulancias ligeras y 250 soldados camilleros. A su vez, esta cantidad de personal y material podía dividirse en unidades más pequeñas, compuestas por una ambulancia, un cirujano, un oficial de intendencia, un suboficial y 24 soldados.

 

Uno de sus colaboradores, el cirujano Pierre-Françoise Percy, desarrolla a su vez la “Würst” o “superambulancia”, cuya principal variación respecto a la ambulancia de Larrey es que lleva al personal médico y el equipo necesario al campo de batalla en un carro pesado tirado por entre 6 y 8 caballos, donde se puede trasladar a 8 cirujanos, 8 asistentes y pertrechos para asistir a 1.200 hombres heridos, pero no sirve para llevar a los heridos a los hospitales. Obviamente este tipo de ambulancia tan pesada no era maniobrable, ni segura, por lo que sólo podía utilizarse cuando cesaban las hostilidades y, obviamente, tuvo una vida efímera. Larrey se quejará amargamente a sus superiores de que se trata de un plagio de su idea original.

 

La ambulancia Würst.

La ambulancia Würst.

 

 

En la campaña de Egipto (1798-1801), Larrey es nombrado cirujano en jefe de Oriente. En este período se perfecciona aún más el uso de ambulancias, y se integra a 24 de ellas en cada división. Larrey llega también a diseñar ambulancias para el desierto, donde se transportaría a los heridos a lomos de dromedarios, en unas cestas de mimbre con colchones. En esta campaña se desarrollará su moderno sistema de selección, del cual escribirá: “Los lesionados rescatados por las ambulancias volantes pueden ser llevados rápidamente a un sitio de concentración, donde los heridos más graves pueden ser operados; siempre empezaremos por los más gravemente lesionados, sin importar su rango, distinción o nacionalidad”. Larrey fue un firme defensor de los primeros auxilios como base de la evolución posterior del herido, e inició los cuidados quirúrgicos en el mismo lugar donde estaba el herido en el campo de batalla. En un informe dirigido al alto mando, uno de sus comandantes dirá de él: “Sus cuidados para con los heridos son una contribución a la Humanidad y un honor para la patria”.

 

El dromedario ambulancia.

El dromedario ambulancia.

 

Equipo quirúrgico personal de Larrey.

Equipo quirúrgico personal de Larrey.

 

 

En mayo de 1803, con 37 años, se convierte en el primer doctor en Cirugía, ya que en esa época las ciencias médica y quirúrgica se unen en un solo cuerpo doctrinal. Su doctorado se titula Ensayo sobre las amputaciones de las extremidades como consecuencia de los disparos, campo en el que es probablemente el mayor experto en la Europa de su tiempo. Es un firme defensor de la amputación rápida (antes de 4 horas) cuando la herida ha tocado el hueso, para evitar la gangrena, además de desarrollar diferentes métodos de amputación y de ser el primero en ligar vasos sanguíneos.

 

“Fusilamientos del 3 de mayo”. Francisco de Goya, 1814.

Manuscritos de Larrey.

 

 

En 1804 es nombrado Cirujano de la Guardia Imperial e Inspector General del Ejercito Francés, y el 8 de marzo de 1808 es enviado a España donde tiene la oportunidad de observar las lesiones que tienen lugar en los miembros inferiores al pisar minas que colocan las guerrillas en la Guerra de la Independencia española (1808-1814). Está presente en Madrid en los incidentes del 1 y 2 de mayo, en los que recrimina a Murat el trato a los heridos civiles. A finales de año en Valladolid pide que se cree un hospital para el enemigo afectado por el tifus.

 

 

“Fusilamientos del 3 de mayo”. Francisco de Goya, 1814.

“Fusilamientos del 3 de mayo”. Francisco de Goya, 1814.

 

 

En 1809 es nombrado barón en un curioso incidente en el que, después de una derrota en la batalla de Aspern-Essling (Austria), 1.200 heridos quedan aislados tras un puente destruido en el río Danubio. En cuanto se restablece el puente, Napoleón da prioridad a la evacuación de los heridos, ya que éstos han pasado más de 48 horas a la intemperie. Para poder alimentarlos, Larrey utiliza corazas desechadas para cocinar y sacrifica caballos, algunos incluso de oficiales superiores, para hacer caldo. Napoleón recibió quejas de generales indignados y su respuesta fue nombrar a Larrey barón en el acto. Estos heridos fueron evacuados a Viena, donde se reclutó a todos los médicos civiles y se utilizaron todos los hospitales de la ciudad para atenderlos.

 

En la invasión de Rusia en 1812, donde 600.000 soldados partieron hacia Moscú y sólo regresaron a Francia 30.000, Larrey permaneció con sus soldados hasta su retorno a París. Después de la batalla de Borodinó, realiza más de 200 amputaciones en menos de 24 horas. Napoleón pasa cerca de su ambulancia y le encuentra trabajando; allí mismo le obsequia con su propia espada, ya que Larrey había perdido la suya en la batalla. En otro episodio memorable, en plena retirada del ejército en invierno, un Larrey exhausto está a punto de caer al río y morir de frío, cuando un soldado lo reconoce y dice su nombre en voz alta. Inmediatamente todos los soldados se vuelven y se apresuran a ayudarlo; en un instante Larrey se ve rodeado de mantas y paja para que entre en calor.

 

En 1814, cuando Napoleón es derrotado y enviado a la isla de Elba, Larrey se mantiene fiel a la monarquía. Diez meses después, cuando Napoleón escapa de su exilio y vuelve a Francia, Larrey es uno de los primeros oficiales en unirse a él. Esta aventura durará 100 días y finalizará en la batalla de Waterloo, donde el propio Larrey termina atendiendo a heridos en una ambulancia en medio de los combates y el Duque de Wellington, impresionado por la presencia de una ambulancia trabajando en las proximidades de la vanguardia inglesa, ordena desviar el fuego de artillería para no alcanzar a la ambulancia. Cuando el Duque de Wellington es informado de que el cirujano que va en la ambulancia es Larrey, éste, conocedor de su fama, responde: “Yo saludo el honor y la lealtad de tal doctor”. Larrey es herido, capturado por el ejército prusiano y condenado a muerte, pero no llega a ser fusilado por la intercesión, ante el mariscal Gebhard Leberecht von Blücher, de un cirujano alemán que había sido alumno suyo. Blücher le recibe en su despacho y le agradece que atendiera y salvara la vida de su hijo, capturado en la campaña de Austria, en la que Larrey cuida del muchacho y le salva la vida. Luego le proporciona un salvoconducto, dinero y comida, para que pueda regresar a Francia.

 

“Wellington en Waterloo”. Robert Alexander Hillingford

“Wellington en Waterloo”. Robert Alexander Hillingford

 

 

Después de 28 años de servicio, 25 campañas, 60 grandes batallas, 400 escaramuzas y varios asedios a fortalezas, termina su carrera como cirujano militar. Larrey tiene entonces 49 años.

 

Sus últimos años se ven ensombrecidos por trastornos emocionales. Es nombrado cirujano jefe del Hôtel Royal des Invalides, pero molesta continuamente a los administradores con su mal humor y sus desplantes, por lo que es enviado por toda Francia, Italia y Túnez en misiones de inspección sanitaria.

 

Se jubila en 1838 a los 72 años y en 1842, después de un viaje a Argelia del que llega agotado a Toulon, se le diagnostica una neumonía, pero decide no descansar, ya que ha recibido noticias de que su esposa está gravemente enferma. De camino a París, en Lyon, recibe la noticia de la muerte de su esposa y, cansado, fallece al día siguiente. Es enterrado en París con honores civiles y militares. Su cuerpo no fue trasladado hasta 1992 a su sepultura definitiva, en “un rincón del jardín del Hôtel Royal des Invalides”, tal como dejó escrito en su testamento.

 

Su legado es muy amplio, se le conocerá para siempre como el padre de la moderna cirugía de emergencia, la enseñanza de la medicina militar, la cirugía de guerra, la organización de los servicios médicos de las fuerzas armadas y como inventor de la ambulancia moderna, entre otros muchos avances científicos.

 

En su libro apócrifo Juicios, en el apartado de los “Sabios, hombres de letras y artistas”, Napoleón escribió de él: “Él me ha dado la idea de un verdadero hombre de bien. A la ciencia, él unía, en el último grado, toda la virtud de una filantropía efectiva. Todos los heridos eran de su familia; ya no había para él consideración alguna desde que se trataba de sus hospitales. En nuestras primeras campañas republicanas tan calumniadas, el departamento de cirugía experimentó la más feliz de las revoluciones, que se ha esparcido después en todos los ejércitos de Europa: la Humanidad, así, es deudora en gran parte a Larrey de este beneficio. Hoy día los cirujanos participan de los peligros de los soldados; en medio mismo del fuego van a prodigar sus cuidados... Larrey tiene toda mi estimación y reconocimiento. Vigilante e infatigable en el ejercicio de su profesión, se le ha visto en el campo de batalla después de una acción, acompañado de cirujanos jóvenes, esforzándose a descubrir algunas señales de vida en los cuerpos tendidos en la tierra. Se le encontraba en la estación más cruel, y a todas las horas del día y de la noche, en medio de los heridos. Apenas permitía un momento de reposo a sus ayudantes y continuamente los tenía en sus puestos. Atormentaba a los generales, e iba a despertarlos de noche siempre que había necesidad de alivio o de socorros para los heridos o los enfermos. Todo el mundo le temía, porque sabían que iba a quejarse a mí sobre la marcha. A nadie hacia la corte, y era enemigo de todos los abastecedores... Es el hombre más virtuoso que he encontrado”.

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