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PUESTA AL DÍA

Picaduras, mordeduras y envenenamientos por animales marinos

Santiago Nogué1, Josep-Maria Gili2, Dacha Atienza2 y Verónica Fuentes2

1 Médico. Sección de Toxicología Clínica. Servicio de Urgencias. Hospital Clínic de Barcelona. Barcelona. España.

2 Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (CSIC). Barcelona. España.

 

Introducción

 

Todas las personas que visitan un litoral marítimo se exponen a accidentes derivados de la picadura, mordedura o contacto con los diversos animales que habitan en el mar; esta revisión se centra en los animales marinos que inoculan veneno. Los motivos de esta exposición pueden ser simplemente lúdicos o deportivos, como ocurre con los bañistas o los buceadores, o profesionales, como ocurre con los pescadores, pescaderos o navegantes.

 

La gama de especies que pueden causar problemas toxicológicos es muy amplia; entre ellas se encuentran las medusas y otros cnidarios, como las anémonas de mar o los erizos; y algunos peces, como el pez araña, la escórpora, la raya o el torpedo.

 

El riesgo ante estas exposiciones se incrementa muchas veces por falta de información o conocimiento, como en el caso de la inmensa mayoría de los bañistas, pero también por falta de prevención y de adquisición de hábitos de precaución en los profesionales. Por tanto, es necesario insistir en la adopción de medidas preventivas, como puede ser la utilización repetida de cremas solares en los bañistas, que además de una protección eficaz frente a las radiaciones solares, es una excelente medida para prevenir las afecciones cutáneas frente a organismos urticantes como las medusas.

 

 

Medusas

 

Generalidades

 

Las medusas son, en su inmensa mayoría, organismos marinos. En determinados periodos del año, especialmente en primavera y verano, las especies de medusas oceánicas son arrastradas hacia la costa. A su vez, en el Mediterráneo existen especies de medusas que cumplen todo su ciclo de vida en las costas y la fase medusa se encuentra presente fundamentalmente en la misma época del año.

 

En las costas españolas pueden encontrarse cuatro especies de medusas y una de sifonóforos (Physalia physalis [fig. 1], perteneciente, como las medusas, al grupo de los cnidarios). Las medusas más urticantes son Pelagia noctiluca (fig. 2), Chrysaora hysoscella (fig. 3), Rhizostoma pulmo (fig. 4) y Carybdea marsupiali. Sin embargo, Cotylorhiza tuberculata (fig. 5), conocida comúnmente como «huevo frito», apenas causa problemas de picaduras.

 

Figura 1.  Physalia physalis.

Figura 1.  Physalia physalis.

 

Figura 2.  Pelagia noctiluca.

Figura 2.  Pelagia noctiluca.

 

Figura 3.  Chrysaora hysoscella.

Figura 3.  Chrysaora hysoscella.

 

Figura 4.  Rhizostoma pulmo.

Figura 4.  Rhizostoma pulmo.

 

Figura 5.  Cotylorhiza tuberculata.

Figura 5.  Cotylorhiza tuberculata.

 

 

Una de las principales características de las medusas es que poseen unas células urticantes conocidas con el nombre de cnidocistos o nematocistos, que miden de 2 a 50 µ de diámetro y que alcanzan su máxima concentración en los tentáculos, donde puede haber de 105 a 106 células por cm2. Se disparan por simple contacto o por cambios de presión o de temperatura. Los accidentes se producen con mayor frecuencia al contactar accidentalmente con ellas durante el baño en el mar, y se suele producir con medusas ya muertas o con restos de ellas. Después de un temporal, por ejemplo, pueden quedar varadas sobre la playa y producir sintomatología al ser pisadas o tocadas con las manos o los pies.

 

Manifestaciones clínicas

 

El contacto con los tentáculos de las medusas causa lesiones cutáneas y, muy excepcionalmente, manifestaciones generales. Las reacciones locales pueden ser lineales, multilineales o serpiginosas, con erupciones cutáneas persistentes (días o meses), con eritema, edema, petequias, reacciones urticariformes, incluso urticaria papular, vesículas y purito local con dolor intenso. En la especie conocida como carabela portuguesa, las lesiones cutáneas pueden evolucionar hacia formaciones queloides.

 

La primera sensación en el momento de la picadura es muy similar al dolor causado por la quemadura de un cigarrillo. En una segunda fase, las erupciones pueden ser persistentes o recurrentes (fig. 6) y causar una sintomatología sistémica con calambres, náuseas o vómitos. La evolución habitual y espontánea es hacia la remisión de la afectación cutánea en pocos días, aunque en algunas personas el dolor puede persistir durante semanas. Las primeras reacciones al veneno son más tóxicas que alérgicas, ya que el dolor ocurre inmediatamente después de la incidencia. Excepcionalmente, el veneno puede pasar a la sangre y dar lugar a síntomas sistémicos. Las reacciones tardías son de tipo inmunológico. También se conocen algunos casos de reacciones anafilácticas que pueden generar síntomas graves que requieren hospitalización.

 

Figura 5.  CotyloFigura 6.  Lesiones cutáneas persistentes en el antebrazo a las 3 semanas de un contacto con medusas en el mediterráneo (Islas Baleares).rhiza tuberculata.

Figura 6.  Lesiones cutáneas persistentes en el antebrazo a las 3 semanas de un contacto con medusas en el mediterráneo (Islas Baleares).

 

 

Tratamiento

 

El tratamiento de las picaduras puede variar levemente de una especie a otra. En general, una vez se ha producido la picadura, las medidas que se deben adoptar son, por este orden:

  • Procurar no rascarse ni frotar sobre la zona en la que se nota el resquemor o el dolor intenso.
  • No lavarse con agua dulce, ya que el cambio osmótico haría que se disparasen más cnidocistos, pero sí con agua salada.
  • Salir del agua y procurar apartar de la piel, si es posible con guantes o pinzas, los restos de tentáculos visibles.
  • No secarse la piel con toallas ni utilizar arena.
  • Aplicar lo antes posible compresas frías de 5 a 15 minutos. Pueden prepararse con una bolsa de plástico llena de hielo. No se debe aplicar la pieza de hielo directamente sobre la piel, ya que haría el mismo efecto que el agua dulce. El objetivo de esta crioterapia es favorecer la desnaturalización de la toxina y evitar que pase a la sangre, excepto en el caso de la carabela, en que se precisa calor para desnaturalizar el veneno. 

Con las medidas comentadas y aplicadas con prontitud (dentro de la primera hora), se pueden solucionar en la misma playa más del 90% de los casos. Si las molestias continúan, y especialmente si se acompañan de temblores, náuseas, mareos o dolor intenso, se debe proseguir con antihistamínicos por vía oral o parenteral, que se aconsejan también en las erupciones cutáneas persistentes. El dolor se controla con antiinflamatorios no esteroideos. Si lo que se aprecia es una urticaria papular, se recomienda aplicar corticoterapia. El diazepam puede ser útil para reducir la ansiedad que con frecuencia acompaña a estas picaduras. También hay que revisar la inmunidad antitetánica. Las heridas pueden sobreinfectarse y necesitar tratamiento antibiótico. Está indicado reposo relativo, y si los calambres y los dolores persisten, se aconseja una valoración hospitalaria.

 

Cualquier tipo de barrera natural para evitar el contacto de la piel con la medusa será la mejor medida de prevención, como pueden ser las cremas solares, la vellosidad y la superficie cubierta por el bañador.

 

 

Anémonas y otros cnidarios

 

Generalidades

 

Las anémonas y actinias son animales marinos de aspecto característico, dotadas de unos tentáculos prensores parcialmente retráctiles y con cnidocistos, las mismas células que tienen las medusas, y que sirven tanto para la defensa como la captura de presas, además de ser capaces de inocular un líquido tóxico urticariforme. Miden de 10 a 20 cm y su aspecto floral y ligero las hace de apariencia inofensiva. Suelen estar adheridas a las rocas, y los accidentes se producen al contactar con ellas durante el baño en el mar. Las especies más comunes son la anémona común (Anemonia sulcata) (fig. 7) y la actinia (Actinia cari).

 

Figura 7.  Anemonia sulcata.

Figura 7.  Anemonia sulcata.

 

 

Manifestaciones clínicas

 

Las lesiones suelen ser menos importantes que las producidas por las medusas. Se caracterizan por una sensación dolorosa y quemante, con eritema, prurito y reacción urticariforme. Excepcionalmente puede estar presente una sintomatología general con náuseas, vómitos o postración. Se han descrito casos mortales debido a una hepatitis fulminante.

 

Tratamiento

 

Se recomienda empapar la zona afectada con vinagre o alcohol con el objeto de inactivar los nematocistos y, a continuación, desenganchar los tentáculos o filamentos mediante un raspado cuidadoso con el borde de una tarjeta de crédito u objeto similar, o preferentemente unas pinzas. La zona puede lavarse suavemente con agua de mar, evitando el agua dulce, que podría provocar la descarga de los nematocistos. El mismo tratamiento de frío propuesto para las medusas se puede aplicar a las picaduras de estas especies. Asimismo, se debe desinfectar la piel para evitar infecciones posteriores. Sintomáticamente pueden utilizarse antihistamínicos y analgésicos.

 

 

Erizos de mar

 

Generalidades

 

Los erizos de mar pertenecen, como las estrellas de mar, al tipo de los equinodermos. Son de forma esférica y miden unos 5-10 cm de diámetro. Casi toda su superficie está recubierta de púas, a excepción de la cara basal, por la que se adhieren a las rocas. Provocan accidentes al pisarlos paseando por playas rocosas o al cogerlos con las manos.

 

En los erizos hay que distinguir dos formaciones superficiales: las espinas, que son los elementos más característicos, y los pedicilios y pies ambulacrales, que son unas pequeñas glándulas fijadas al caparazón, entre las espinas, y que pueden poseer una sustancia venenosa. En el Mediterráneo se conocen once especies diferentes de erizos, pero solo tres son frecuentes en nuestras costas: el erizo negro (Arbacia lixula) (fig. 8), el erizo marrón o rojizo (Paracentrotus lividus) y el erizo violeta (Sphaerechinus granularis).

 

Figura 8.  Erizo negro con algas atrapadas entre sus púas.

Figura 8.  Erizo negro con algas atrapadas entre sus púas.

 

 

Manifestaciones clínicas

 

Las heridas punzantes producidas por los erizos son muy dolorosas, con la particularidad de que las púas o espinas suelen romperse y quedar fragmentadas en el interior de la piel, donde se comportarán como un cuerpo extraño y pueden dar lugar a la formación de granulomas, quistes y abscesos. Sin embargo, se considera que poseen escasa toxicidad.

 

Tratamiento

 

En caso de herida, las espinas deben ser retiradas. La extracción debe hacerse con una aguja o alfiler y sobre todo con la piel mojada con agua salada, nunca agua dulce. Para facilitar la extracción de las púas y la disolución de las mismas habría que empapar la herida con compresas de vinagre. También se debe revisar la profilaxis antitetánica. La cura tópica puede hacerse con crema con corticoides. El dolor se combate con analgésicos.

 

 

Pez araña

 

Generalidades

 

Las arañas de mar son peces de cuerpo alargado y comprimido lateralmente, con una boca grande y oblicua dotada de afilados dientes, y con un opérculo que cubre sus agallas y que tiene una espina central característica. La primera aleta dorsal es corta y está compuesta de espinas conectadas a glándulas que segregan un líquido limpio y azulado que es muy venenoso. La mayoría de las arañas miden entre 15 y 45 cm. Todas las especies tienen los mismos hábitos de vida, y se hallan muy cerca del fondo, sobre diversos sustratos, como la arena, el fango o la grava, preferentemente en la zona litoral. Se entierran en el fondo y dejan al descubierto los ojos y el extremo de la aleta dorsal.

 

El veneno es una mezcla de proteínas con capacidad antigénica, mucopolisacáridos y enzimas (fosfatasas, lipasas, proteasas) que produce una intensa irritación local que puede llegar a provocar necrosis. Los casos mortales son excepcionales y de patogenia anafiláctica, y algunos se han producido en España. Las arañas de mar que viven en nuestras costas pertenecen a dos géneros: Trachinus (T. araneus, T. draco [fig. 9] y T. radiatus [fig. 10]), caracterizado por dos pequeñas espinas encima de los ojos, y Echiichthys (E. vipera).

 

Figura 9.  Trachinus draco.

Figura 9.  Trachinus draco.

 

Figura 10.  Trachinus radiatus.

Figura 10.  Trachinus radiatus.

 

 

Manifestaciones clínicas

 

Estos peces son bastante sedentarios y no suelen atacar, a menos que se sientan molestados o se lancen a la caza de sus presas. La mayoría de las picaduras se producen al pisarlos inadvertidamente con el pie cuando están semienterrados en la arena de la playa, o al desengancharlos con la mano del anzuelo o de la red con los que han sido pescados sin que se haya reconocido la especie. La toxina puede permanecer activa durante horas en el pez ya muerto, por lo que incluso en estas circunstancias hay que ser siempre muy cuidadoso al manipularlos.

 

La picadura causa un dolor local instantáneo, muy intenso y que se va incrementando durante los siguientes 60 minutos. El dolor llega a irradiarse a toda la extremidad y puede acompañarse de manifestaciones vegetativas (náuseas, vómitos, boca seca, sensación de mareo) y elevación térmica. Localmente se produce una tumefacción y puede llegar a producirse una necrosis. Algún enfermo puede agitarse y, excepcionalmente, presentar síncope o convulsiones. La herida puede infectarse, y las molestias locales pueden persistir durante meses.

 

Tratamiento

 

El mejor remedio contra la picadura consiste en aproximar el extremo de un cigarrillo encendido al punto de inoculación durante varios minutos, o sumergir la zona afectada en agua muy caliente (unos 45 ºC), ya que las toxinas son termolábiles. El baño con agua caliente tiene que durar al menos media hora. El dolor es tan intenso que puede precisarse anestesia local y/o analgesia general. La herida debe limpiarse y desinfectarse hasta que cicatrice, y hay que asegurarse de que no han quedado restos fracturados de la espina. No es necesario administrar antibioterapia profiláctica, aunque debe emplearse si se infecta la herida. En algunos casos se aconseja la aplicación de cremas con corticoides cuando la afección cutánea es muy persistente. Debe revisarse el estado de inmunidad antitetánica.

 

 

Pez escórpora

 

Generalidades

 

Los escorpénidos son una familia de peces ampliamente distribuida por todos los océanos. En las costas españolas se encuentran una docena de especies; entre ellas, las cinco más abundantes son: Helicolemus dactylopterus, Scorpaena maderensis, S. porcus, S. scrofa y S. notata (fig. 11). Suelen tener un cuerpo oblongo y una cabeza voluminosa y parcialmente acorazada. Son peces de carácter solitario y sedentario que viven habitualmente entre rocas o en fondos de arena entre algas o fanerógamas, con una coloración aposemática (se confunde con el sustrato), pero de predominio rojizo, que los hace pasar desapercibidos cuando descansan inmóviles. Además, pueden cambiar de color según la coloración del fondo. Los adultos pueden llegar a medir de 10 a 40 cm. La mayoría de las especies poseen glándulas venenosas conectadas a los radios espinosos de las aletas. Las toxinas son termolábiles, por lo que pueden desnaturalizarse a temperaturas de unos 45 ºC.

 

Figura 11.  Scorpaena notata.

Figura 11.  Scorpaena notata.

 

 

Manifestaciones clínicas

 

El contacto con las espinas produce heridas muy dolorosas. Estas picaduras se producen tanto por distracción, al tocarlas con las manos o los pies, o al manipular los ejemplares después de capturarlos con anzuelos u otros artes de pesca. El dolor, generalmente muy intenso, empieza en la zona de inoculación, y a los 15 minutos afecta ya a toda la extremidad. El edema local es constante pero no suele progresar, y puede tardar varios días en desaparecer. La picadura de las espinas puede acompañarse de moderados signos generales (agitación, náuseas, vómitos o lipotimia).

 

Tratamiento

 

Al igual que ocurre con la araña de mar, el mejor remedio contra las picaduras de los escorpénidos consiste en aproximar durante varios minutos la punta de un cigarrillo encendido al lugar de inoculación, o bien en sumergir la zona afectada en agua muy caliente. El dolor es tan intenso que puede precisar anestesia local y/o analgésicos opiáceos. La herida se debe limpiar y desinfectar y asegurarse de que no han quedado restos fracturados de la espina. No se aplicará antibioterapia profiláctica, aunque debe controlarse la evolución de la herida en los días siguientes por la posible sobreinfección bacteriana. También es necesario revisar el estado de inmunidad antitetánica.

 

 

Pez raya

 

Generalidades

 

Los peces raya son una familia de peces cartilaginosos, de cuerpo aplanado y aspecto romboide, con un diámetro máximo que puede llegar hasta 1-2 m. Están dotados de una aleta caudal muy alargada y espinosa, en forma de látigo, en cuyo extremo hay un aguijón de punta aguda y bordes en diente de sierra. A lo largo de toda la estructura cartilaginosa de la aleta caudal se abren unas hendiduras que alojan el tejido glandular y las bolsas de veneno, que será vertido en la herida coincidiendo con el latigazo.

 

Hay unas 130 especies de rayas conocidas en el mundo, una docena de las cuales pueden encontrarse en nuestras costas. Las rayas prefieren las aguas poco profundas y se esconden camuflándose entre la arena y el fango, donde a veces se entierran parcialmente. Las especies más comunes en el litoral español son: Raja clavata, R. radula, R. alba, R. asterias, R. batis, R. brachyura, R. circularis, R. fullonica, R. miraletus, R. microcellata, R. montagui, R. naevus, R. oxyrinchus y R. undulada (fig. 12).

 

Figura 12.  Raja undulata.

Figura 12.  Raja undulata.

 

 

Manifestaciones clínicas

 

La mayoría de las lesiones se producen cuando el nadador pisa la raya o cuando es capturada. Es frecuente su captura en los barcos de arrastre que faenan en la plataforma. El animal se defiende con el aguijón de la cola, que penetra en alguna extremidad, produciendo heridas de bordes desgarrados causadas por el aguijón en forma de sierra, proceso en el cual la púa se suele romper. El síntoma local predominante es el dolor inmediato, punzante, que puede irse intensificando hasta 2 horas después de la picadura e irradiarse a toda la extremidad. La herida puede ser sangrante y estar rodeada de equimosis, placas lívidas y edema, y acompañarse de linfangitis y adenopatías satélites. La herida puede sobreinfectarse. Los síntomas generales son inconstantes y en forma de lipotimia, trastornos digestivos e hipotensión arterial. Aunque se considera excepcional, en otros países se han descrito casos mortales con hemólisis, shock y paro cardiorrespiratorio.

 

Tratamiento

 

El tratamiento es sintomático y está basado en la analgesia local (infiltración) o general. La herida debe limpiarse y desinfectarse, y hay que asegurarse de que no han quedado restos fracturados de la espina. No se aplicará antibioterapia profiláctica pero debe controlarse al paciente en los días siguientes por la posible sobreinfección bacteriana. También se debe revisar el estado de inmunidad antitetánica.

 

 

Pez torpedo

 

Generalidades

 

Los torpedos son una familia de peces parecida a las rayas, que miden de 30 a 60 cm y que se caracterizan por tener, sobre el dorso, un par de órganos que generan una pequeña descarga eléctrica por contacto cuando el animal se siente acosado o cuando se captura. En el litoral español existen tres especies de torpedos: Torpedo marmorata, T. torpedo y T. nobiliana (fig. 13).

 

Figura 13.  Torpedo nadando sobre el lecho marino.

Figura 13.  Torpedo nadando sobre el lecho marino.

 

 

Manifestaciones clínicas

 

La mayoría de las lesiones se producen cuando el nadador pisa el torpedo o cuando se le coge de las redes, produciéndose la descarga eléctrica, que aunque no resulta peligrosa para la vida del ser humano, deja al individuo perplejo ante tal sensación.

 

Tratamiento

 

El contacto con estos peces no llega a producir heridas ni reacciones urticariformes. Los pacientes solo suelen precisar psicoterapia que les alivie de la sensación experimentada.

 

 

Morena, congrio, pez gato y pintarroja

 

Generalidades

 

Se trata de especies que no causan picaduras ni descargas eléctricas, pero que son peligrosas por su agresividad. Entre estas se encuentran las morenas (Muraena helena), el congrio (Conger coger) (fig. 14), los escualos, en especial el pez gato (Scyliorhinus stellaris), y la pintarroja (Scyliorhinus canicula). Todas estas especies producen lesiones por mordedura cuando se las captura o se las molesta.

La morena es un pez nocturno, poco activo durante el día y que permanece en su agujero rocoso, con la cabeza fuera. La mordedura puede ocurrir bajo el agua, tras su captura o una vez a bordo del barco. Las heridas se producen por cuatro dientes largos, en forma de gancho, móviles y con material venenoso que penetra tras la mordedura. El congrio tiene la característica de que, si se le incordia en su refugio, ataca, muerde y se revuelve al ser arponeado.

 

Figura 14.  Congrio.

Figura 14.  Congrio.

 

Manifestaciones clínicas

 

La morena produce una mordedura dolorosa y provoca escalofríos, polipnea y espasmos musculares. Dentro del agua hay peligro de ahogamiento.

Las lesiones que produce el congrio son más graves que las de la morena debido al gran deterioro tisular que producen, ya que al morder efectúa movimientos convulsivos de la cabeza. En el ataque de los escualos se han descrito amputaciones digitales.

 

Tratamiento

 

En todas estas especies el tratamiento es sintomático. Se trata de curar la herida para que se detenga la hemorragia y no se infecte. La hemorragia puede ser importante y podría causar hipovolemia y shock. En casos graves, y si la persona mordida está provista del traje de goma (buceo), se mantendrá hasta que se reciba asistencia adecuada, ya que realiza las funciones de un torniquete.


 

Puntos clave

  • Picadura de medusa: no rascarse ni frotar sobre la zona; no lavarse con agua dulce, pero sí con agua salada; apartar de la piel los restos de tentáculos, si son visibles, con guantes o pinzas; no secarse la piel con toallas ni utilizar arena; aplicar compresas frías durante 5-15 minutos, que pueden prepararse con una bolsa de plástico llena de hielo.
  • Picadura de erizo: para facilitar la extracción de las púas y su disolución habría que empapar la herida con compresas de vinagre. La extracción debe hacerse con una aguja o alfiler y sobre todo con la piel mojada con agua salada, nunca agua dulce.
  • Picadura de araña de mar: aplicar calor local, aproximando el extremo de un cigarrillo encendido al punto de inoculación durante varios minutos o sumergiendo la zona afectada en agua muy caliente (45 ºC), ya que las toxinas son termolábiles. El baño con agua caliente tiene que durar al menos 30 minutos. El dolor es tan intenso que puede precisarse anestesia local y/o analgesia general.
  • Picadura de escórpora: es muy dolorosa. La toxina es termolábil, por lo que debe aplicarse calor local, de forma análoga a lo que se hace en las picaduras por araña de mar.
  • Pez raya: su aleta caudal es un auténtico látigo, con la peculiaridad de que en sus hendiduras hay alojadas unas glándulas con veneno que se inocula al mismo tiempo que se produce el latigazo. La herida es dolorosa y sangrante, y requiere medidas antisépticas y, en ocasiones, anestesia local.

 

 


 

Bibliografía recomendada

  • Gili JM, Atienza D, Fuentes V, Nogué S. Picaduras de animales marinos [Internet]. Laboratorios Menarini [acceso 8/6/2014]. Disponible en: http://www.viajartranquilo.com/pages/durante-picaduras-I.php
  • Gili JM, Nogué S. Toxicidad por picadura de medusas. JANO. 2006;1816: 45-6.
  • Nogué S, Martín MC, Gili JM, Atienza D, Fuentes V, Vernet D. Urgencias por contacto, picadura o mordedura de animales venenosos [Internet]. Laboratorios Menarini [acceso 8/6/2014]. Disponible en: http://www.formacionsanitaria.com/cursos/urgencias_animales/index.php
  • Nogué S, Sanz-Gall-en P, Garrido M, Gili JM. Lesiones por picadura o contacto con los animales de nuestro litoral marítimo. Med Integral. 2001;38:140-8.

 

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