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Zona TES - Revista de formación para Técnicos en Emergencias Sanitarias

 

Zona TES Abril-Junio 2016

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PUESTA AL DÍA

Donante a corazón parado

Carlos Méndez Alonso

Técnico en Emergencias Sanitarias. SUMMA 112. Madrid. España.

 

La donación de órganos en España es casi un valor en sí mismo que expresa lo mejor de la sociedad: la solidaridad entre las personas y el altruismo cuando se trata de salvar la vida de los semejantes. Los ciudadanos se sienten orgullosos de un sistema sanitario que permite expresar estos valores al más alto nivel y que pone en valor uno de los pilares de la sociedad occidental del bienestar. La legislación en España es una de las más avanzadas del mundo en materia de trasplantes, y viene a decir que todo ciudadano es donante a no ser que manifieste su voluntad en contra. En la búsqueda de la mejora continua, la Organización Nacional de Trasplantes, responsable en España de la gestión del proceso de donación y trasplante, ha pisado recientemente el acelerador, promoviendo un consenso sobre el mejor modo de tratar a los candidatos a donantes con los que nos topamos los Servicios de Emergencias Médicas (SEM): los donantes en asistolia o donantes tras muerte cardíaca, a los que va dedicado este artículo.

 

Los donantes tras muerte cardíaca fueron los primeros donantes de la historia de los trasplantes. Cuando en la década de 1940 se iniciaron los trasplantes, los órganos procedían de aquellas personas a las que, una vez producida la parada cardíaca, se les extraían los riñones tras un periodo de tiempo más o menos prolongado. Los malos resultados obtenidos, junto con la aparición y regulación de la muerte cerebral en los años sesenta del siglo xx, que permitía obtener órganos de donantes muertos pero con función cardíaca conservada y, por tanto, órganos perfundidos, hizo que los donantes a corazón parado quedasen prácticamente abandonados.

 

La escasez de donantes y el gran número de indicaciones de los trasplantes hace que algunos hospitales vuelvan a las fuentes iniciales, desarrollando protocolos para la obtención de órganos de donantes a corazón parado y obteniendo resultados a largo plazo comparables a los que se obtienen con donantes en muerte cerebral, todo ello gracias a las mejoras en las dos últimas décadas en los métodos de perfusión, preservación y conservación de los órganos.

 

En 1995 se celebró en Maastricht (Holanda) una reunión científica en la que se definieron los cuatro tipos de donantes universales: fallecido fuera del hospital por parada cardíaca, fallecido por la misma causa antes de llegar al hospital tras técnicas de reanimación cardiopulmonar (RCP), fallecido en el hospital por muerte cerebral en espera de la muerte cardíaca y fallecido en el hospital por parada cardíaca tras muerte encefálica (tabla 1). Hasta ahora, la principal fuente de donantes de órganos en el mundo han sido los dos últimos tipos.

 

 

Tabla 1.  Clasificación de los donantes en asistolia de Maastricht (modificación de Madrid, 2011)

Tabla 1.  Clasificación de los donantes en asistolia de Maastricht (modificación de Madrid, 2011)

 

 

El principal problema que aparece en los donantes a corazón parado es que, tras la parada cardíaca, la degradación de los órganos es muy rápida y estos dejan de ser viables en el obligado periodo de tiempo necesario para la obtención del permiso judicial y familiar.

 

Los dos últimos tipos se consideran métodos reales de preservación, ya que gracias a la hipotermia o normotermia –según el órgano que se va a trasplantar–, y a la perfusión de los órganos, se retrasa el daño isquémico y esto proporciona un tiempo variable de entre 2 y 4 horas antes de la extracción para realizar los trámites legales, solicitar el permiso familiar, etc.En el protocolo de donante a corazón parado que existe en la Comunidad de Madrid, por poner un ejemplo concreto, se incluyen el Hospital 12 de Octubre, el Hospital Clínico San Carlos, el SUMMA 112 y el SAMUR, y en él se definen y delimitan una serie de aspectos importantes para que tanto la donación como el trasplante sean viables.

 

Lo primero de lo que tendremos que ser conocedores es de que los pacientes que pueden entrar en el proceso de donación y trasplantes han de reunir unos determinados criterios de ingreso: deben cumplir las condiciones generales con respecto a las enfermedades neoplásicas, sistémicas o transmisibles; la edad para la donación debe estar comprendida entre los 15 y los 65 años; debe conocerse la hora en que se ha producido la parada (el intervalo de tiempo desde que se ha producido la parada hasta que se han iniciado las maniobras de RCP avanzada debe ser inferior a 15 minutos, y el intervalo de tiempo desde que se ha producido la parada hasta que se realiza la transferencia del paciente al hospital receptor debe ser inferior a 120 minutos); la causa de la muerte debe ser conocida o fácilmente diagnosticable, se descartan los casos de agresiones o de sospecha de lesiones sangrantes en el abdomen y el tórax; y, por último, el donante debe tener un aspecto externo sano, sin factores de riesgo –al menos apreciables durante la inspección– para la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

 

Tras las maniobras correspondientes de reanimación cardiopulmonar avanzada y en el caso que nos ocupa, en el momento en el que la parada cardíaca se vuelve irreversible, hay que valorar los criterios de posible donante en muerte cardíaca, para acto seguido proceder a la notificación al centro coordinador de urgencias, mientras se comienza con el traslado del paciente manteniendo la RCP avanzada. Es entonces cuando se localiza a la familia y tiene lugar la activación del programa de donantes tras muerte cardíaca mediante una llamada directa a la coordinadora de trasplantes y/o a la UCI de trauma y emergencias.

 

El procedimiento extrahospitalario comienza con la parada cardíaca del paciente. Es aquí cuando el recurso se desplaza hasta el lugar para instaurar las maniobras de soporte vital avanzado (SVA), en las que tendremos presente la cardiocompresión externa, ya sea manual o asistida mediante dispositivos externos de compresión.

 

Actualmente existen al menos dos cardiocompresores que son utilizados por los SEM, el LUCAS 1 y 2
(fig. 1), y el Autopulse (fig. 2).

 

Figura 1.   Dispositivos LUCAS 1 y 2.

 Figura 1.  Dispositivos LUCAS 1 y 2.

 

Figura 2.   Dispositivo Autopulse.

 Figura 2.  Dispositivo Autopulse.

 

 

El LUCAS 1 y 2 (fig. 1) (Lund University Cardioarrest System) realiza un tipo de compresión y descompresión activa, lo cual quiere decir que tras la compresión en el centro del esternón este cardiocompresor utiliza su ventosa que se ajusta en el tórax del paciente para descomprimirlo, lo cual facilita la carga del corazón. Estos modelos dan 100 compresiones por minuto y 50 kg de presión, y deprimen el esternón 4 o 5 cm. El modelo LUCAS 1 utilizaba gas a presión para su funcionamiento y no tenía la función del 30/2, que era continuo y se tenía que parar cuando se quería ventilar a un paciente no intubado, y el modelo LUCAS 2 se alimenta mediante baterías recargables o incluso se puede conectar a la red eléctrica en un domicilio particular. Esto permite una notable mayor autonomía al no depender de un suministro de gas a presión como el modelo anterior.

 

El Autopulse (fig. 2) es un modelo de cardiocompresor que, mediante una banda ajustable, comprime toda la caja torácica del paciente. El dispositivo consta de una tabla de compresión que contiene las baterías y el mecanismo de compresión, sobre la cual hay que colocar al paciente. Las compresiones se producen con una frecuencia de 80 por minuto y los modelos más recientes permiten monitorizar al paciente sin que las compresiones artefacten el registro, mediante equipos compatibles suministrados por el mismo fabricante.

 

La utilización de estos compresores ha facilitado los procesos de RCP en las emergencias extrahospitalarias (tabla 2), y favorecen la captación de los posibles donantes tras muerte cardíaca, ya que se asegura que los órganos estarán bien perfundidos antes y durante el transporte hasta el hospital de destino. Por otro lado, y no menos importante, la seguridad de los intervinientes mejora notablemente al no tener que realizar las compresiones de forma manual en vehículos en marcha. Esto es especialmente crítico para el mantenimiento de este programa en helicópteros sanitarios. Finalmente, la velocidad de transporte del paciente puede ser más elevada con estos dispositivos, y no es tan importante el mantenimiento de una velocidad estable.

 

 

Tabla 2.  Tipos de cardiocompresión del proceso de donación en asistolia tipo II de Maastricht, N (%). España, 2013 (modificada)

Tabla 2.  Tipos de cardiocompresión del proceso de donación en asistolia tipo II de Maastricht, N (%). España, 2013 (modificada)

 

 

Por poner un ejemplo concreto, el protocolo de actuación en el SUMMA 112 para donante en asistolia, que internamente se denomina “código cero» es el que se expone a continuación.

 

Entra una llamada que alerta de la presencia de una persona inconsciente. Se activa el SVA más próximo a la vez que el centro coordinador activa el vehículo especial de catástrofes (VEC).

 

El SVA comienza las maniobras de reanimación avanzada, y si tras los 30 minutos de reanimación en circunstancias normales –como sabemos, algunas intoxicaciones o la hipotermia accidental pueden prolongar el tiempo de reanimación– el paciente no muestra signos de recuperación, se inicia el proceso de consideración acerca de si el paciente va a ser un posible donante. Para poder hacer esto, se recaba información de las personas que han presenciado la parada, se determina la hora de la inconsciencia o parada cardiorrespiratoria, si se ha llevado a cabo algún tipo de RCP básica, y cuánto tiempo llevan ejecutándola. Se contacta con el centro coordinador para comunicar los datos del paciente, si tiene patologías previas o toma medicación y si está en la ventana de edad. Actualmente, los sistemas informáticos embarcados permiten a la dotación del recurso asistencial consultar estos datos directamente de la base de datos sanitarios del paciente, si es que en alguna ocasión hubiera recibido asistencia sanitaria. Una vez hecho esto, y con la contestación del hospital receptor confirmando la disponibilidad de su equipo quirúrgico, se procede al transporte hasta dicho centro.

 

La donación en asistolia o en muerte cardíaca plantea serios desafíos, tanto a las organizaciones que deciden participar en el programa como al personal que está en primera línea de la asistencia y la coordinación. Los servicios que se proponen trabajar en este campo han de estar preparados para la máxima exigencia y el rigor que supone trabajar con pacientes críticos, con tomas de decisiones ágiles y rápidas. El sistema de emergencias ha de estar perfectamente engrasado para recibir a estos pacientes y tratarlos con la máxima celeridad (fig. 3). Sin embargo, el beneficio que la organización obtiene en retorno es enorme. Su capacidad de resolver problemas complejos se ve reforzada y su integración con el resto de las estructuras participantes es inevitablemente mucho mejor. Se debe destacar la labor de coordinación de todas aquellas personas y equipos de los centros coordinadores de los SEM cada vez que se dispara el “código cero” en sus centrales (tabla 3). La precisión y velocidad de acción cobran carácter crítico en estos casos (tabla 4).

 

Figura 3.   Descripción gráfica de los tiempos en el proceso de donación en asistolia no controlada.

 Figura 3.  Descripción gráfica de los tiempos en el proceso de donación en asistolia no controlada. (Clic sobre la imagen para ampliar)

 

 

Tabla 3.  Servicios de Emergencias implicados en el proceso de donación en asistolia
tipo IIa de Maastricht (N = 104). España, 2013

Tabla 3.  Servicios de Emergencias implicados en el proceso de donación en asistolia tipo IIa de Maastricht (N = 104). España, 2013

 

 

Tabla 4.  Tiempo (en minutos) del proceso de donación de los donantes en asistolia tipo II de Maastricht. España, 2013. (Clic sobre la tabla para ampliar)

Tabla 4. Tiempo (en minutos) del proceso de donación de los donantes en asistolia tipo II de Maastricht. España, 2013

 

 

Tabla 5.  Efectividad de los donantes eficaces en asistolia en el ámbito extrahospitalario
tipo IIa de Maastrich. España, 2013 (modificada)

Tabla 5. Efectividad de los donantes eficaces en asistolia en el ámbito extrahospitalario tipo IIa de Maastrich. España, 2013 (modificada)

 

 

Tabla 6.  Características de los donantes en asistolia total y por tipo
de Maastricht. España, 2013 (tabla modificada)

Tabla 6. Características de los donantes en asistolia total y por tipo de Maastricht. España, 2013 (tabla modificada)

 

 

Sin duda alguna, las personas que participan también se ven beneficiadas. Para muchos de los TES, enfermeros y médicos que habitualmente responden a paradas cardiorrespiratorias, el resultado es habitualmente frustrante y puede llegar a ser desalentador. El fin previsible de una salida típica a atender una parada es tener un paciente fallecido. La donación de órganos presenta un nuevo horizonte y un estímulo para ir más allá de lo habitual y poder presentarnos con objetivos en escalada: sacar adelante a un paciente, y cuando esto no es posible, beneficiar a otros pacientes que, aunque no estén presentes en el momento de la atención, sabemos que están ahí, esperando un riñón, un hígado u otro órgano que les permita seguir con vida (tabla 5). En esto radica la clave de la pasión que todo el personal que se involucra en estos programas pone cada vez que responde a una emergencia. Para cerrar el círculo, la experiencia que se adquiere al participar en este programa no hace más que ayudar a que nuestro próximo paciente se beneficie de nuestra habilidad y nuestros conocimientos para ayudar a darle una oportunidad de vida, tanto si es un posible donante (tabla 6) como si se transforma en un superviviente de la parada cardiorrespiratoria.


 

Puntos clave

  • La donación en muerte cardíaca o en asistolia plantea serios desafíos. Los servicios que se proponen trabajar en este campo han de estar preparados para la máxima exigencia y el rigor que supone trabajar con pacientes críticos, con tomas de decisiones ágiles y rápidas.
  • Los pacientes que pueden entrar en el proceso de donación y trasplantes han de reunir unos criterios específicos de ingreso.
  • A día de hoy, la mayor parte de las donaciones de órganos procede de los fallecidos en el hospital por muerte cerebral en espera de la muerte cardíaca y los fallecidos en el hospital por parada cardíaca tras muerte encefálica. 

 

 


 

Bibliografía

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CATÁSTROFES, RESCATE, COOPERACIÓN Y SALVAMENTO

El perro como compañero de trabajo en salvamento acuático

David Álvarez Martínez1, Carlota García Ahlers2 y Sergio Nava Herreros3

1 Técnico en Emergencias Sanitarias. SAMU. San Pedro del Pinatar. Murcia. España.
2 Médico de Familia y Comunidad. Murcia. España.
3
Técnico en Emergencias Sanitarias. 061Galicia. España.

 

El primer documento que se conoce en España de cómo actuar ante una persona que se ahoga data del año 1700 y lleva por título “De cómo actuar ante una persona que se ahogara en el río de Sevilla”.

 

En 1914 se creó la primera sociedad española de salvamento a náufragos. Desde entonces hemos vivido una gran evolución en el socorrismo, que ha pasado por las mejoras de habilidades técnicas, en materiales y en la instrumentalización de los rescates con elementos de apoyo y transporte (helicópteros, motos de agua, etc.).

 

Hasta ahora, en España, en socorrismo acuático se ha usado el perro de manera únicamente deportiva; no existía literatura ni grupo alguno que entrenase a estos animales en salvamento acuático para rescates reales. Uno de los objetivos de este artículo es demostrar que ya existe un grupo de rescate acuático con perros con niveles totalmente operativos.

 

 

La raza

 

La raza más utilizada en los rescates acuáticos es la de perro Terranova, aunque hay otras razas, como el Labrador y el Golden Retriever que también son aptas.

 

Los Terranova son perros de grandes dimensiones, peso y fuerza (los machos pesan entre 65 y 70 kg, y las hembras entre 50 y 55 kg). Tienen patas palmeadas con membranas interdigitales (similares a las de los patos) (fig. 1), y una doble capa de pelo que aísla la piel e impide que se moje incluso en caso de inmersión. Estas características lo dotan de una gran potencia de remolque –1.500 kg–, y de una resistencia física y tolerancia al frío en agua superiores a las del humano. De hecho, este tipo de perros son muy utilizados en países nórdicos como perros de asistencia y rescate en expediciones.

 

Figura 1.  Detalle de la membrana interdigital, similar a la de un pato, que multiplica la potencia de la patada en la natación.

Figura 1.  Detalle de la membrana interdigital, similar a la de un pato, que multiplica la potencia de la patada en la natación.

 

 

En España hay varios grupos de rescate acuático que trabajan con perros que realizan rescates de manera deportiva enviando al perro a sacar gente del agua en solitario. Sin embargo, este tipo de rescate presenta algunos problemas: una persona en estado de distrés acuático (con dificultad o incapacidad para nadar, pero capaz de pedir ayuda) puede asustarse al ver acercarse un animal de esta envergadura; además, el animal la podría lesionar inintencionadamente con las zarpas al nadar. Una víctima activa (incapaz de nadar y pedir ayuda, usa sus últimas energías para mantener la vía aérea fuera del agua, con la conocida angustia vital) puede incluso ahogar al animal de la misma manera que ahogaría a un socorrista. En caso de víctima pasiva (flotando inconsciente boca abajo), el perro no puede voltearla en el agua, de modo que la vía aérea quedaría sin liberar durante el remolque a tierra.

 

El Grupo de Rescate Mare Nostrum (GRMN), creado en 2002, comenzó estas prácticas de salvamento en 2009, y tras la incorporación de personal profesional (formadores de salvamento acuático, formadores de primeros auxilios y DESA, socorristas profesionales, adiestradores y educadores caninos, expertos en salvamento, etc.) se empezó a adaptar e investigar cómo usar a estos animales de manera eficaz y versátil para adaptar el trabajo de un perro a rescates reales. En el año 2013 se creó la Asociación Cinológica Española de Socorrismo Acuático (ACESA), que elaboró un reglamento para trabajo en agua, enfocado de manera profesional, para poder evaluar a los socorristas guías y perros en niveles, y que está orientado específicamente a la realización de rescates en situaciones reales.

 

En el continuo proceso de innovación se ha llegado a la conclusión de que en ningún caso el perro puede realizar rescates en solitario, ya que supone un riesgo potencial para la vida del animal y de la víctima.

 

 

Nace el concepto de binomio

 

Aunque está claro que el concepto de binomio ya existe en todo lo que implique trabajo con animales (guía-perro), se ha llegado a la conclusión de que un perro jamás puede sustituir el trabajo de un socorrista, pero sí puede aportar una valiosa e insustituible ayuda en el rescate cuerpo a cuerpo y en el rescate con multitud de materiales.

 

 

Cómo trabaja el binomio socorrista guía y perro

 

Los rescates que realiza el socorrista guía (SG) son convencionales; el gran avance que supone contar con un perro entrenado reside en el apoyo para el socorrista. Al disponer del animal para que lo remolque a tierra, puede realizar una natación explosiva en dirección a la víctima, sin necesidad de economizar energía para el regreso como cuando va en solitario. La extracción a tierra se puede realizar de varias maneras: el SG puede sujetar con una mano a la víctima y con la otra el arnés del perro; y también se puede realizar enganchando una línea de vida al arnés del animal que remolca. Una tercera opción, invención del GRMN es el arnés manos libres, dotado de una línea de vida que parte del SG (chaleco, arnés, etc.) y cuyo extremo muerde el perro (con o sin mordedor).

 

 

Ventajas de trabajar con el perro

 

El socorrista puede nadar de forma más intensiva y disminuir el gasto de energía en el rescate de la víctima, ya que el perro se encargará del remolque de los dos (SG y víctima) hasta la orilla (fig. 2).

 

Figura 2.  Terranova remolcando al socorrista y a la víctima hacia la orilla. El perro hace presa de un cabo con la boca y permite al Guía utilizar ambas manos para estabilizar a la víctima.

Figura 2.  Terranova remolcando al socorrista y a la víctima hacia la orilla. El perro hace presa de un cabo con la boca y permite al Guía utilizar ambas manos para estabilizar a la víctima.

 

 

Los rescates blitz (fig. 3) o de múltiples víctimas (blitz, rayo en alemán, denominado así porque la trayectoria que realiza el socorrista simula la figura de un rayo) se pueden realizar en menos de la mitad del tiempo que necesitaría un socorrista en solitario, debido a que el socorrista asegura a una víctima con el dispositivo de flotabilidad de rescate (DFR) y ordena al perro que la lleve hasta la orilla, y seguidamente el socorrista puede ir a socorrer a la otra víctima para remolcarla hasta tierra (fig. 4).

 

Figura 3A.  Rescate blitz solo socorrista.

Figura 3A.  Rescate blitz solo socorrista.

 

 

Figura 3B.  Rescate blitz solo socorrista y perro.

Figura 3B.  Rescate blitz solo socorrista y perro.

 

 

Figura 4.  Secuencia de rescate desde piragua, con lanzamiento de aro salvavidas, salto del perro al agua y remolque a tierra.

Figura 4.  Secuencia de rescate desde piragua, con lanzamiento de aro salvavidas, salto del perro al agua y remolque a tierra.

 

 

Incluso se realizan rescates blitz en piragua, en los que el SG lleva al perro a bordo hasta la víctima, entrega un DFR (aro salvavidas con línea de vida) a la víctima, el perro salta y la remolca hasta la orilla, mientras el SG sigue remando con la piragua hasta la siguiente víctima.

 

Al revés de lo que ocurre en otros grupos de rescate, en los que se aconseja que el perro se quede en la orilla con la víctima para proporcionarle calor, los profesionales del GRMN llegaron a la conclusión de que esto no era adecuado, debido a que en este caso el animal solo puede molestar y dificultar la primera atención a la víctima; por ello establecieron que el perro debe apartarse, conservar la posición de espera y dejar espacio al SG para que pueda realizar las labores de evaluación inicial y primeros auxilios de la víctima.

 

Los perros pueden ser entrenados para trabajar con un socorrista distinto a su guía cuando este no pueda realizar labores en el agua, siempre y cuando el socorrista haya realizado el curso de trabajo con el animal.

 

 

Inconvenientes

 

El transporte de estos perros conlleva una logística específica, ya que el vehículo ha de estar adaptado a los requisitos legales (trasportín, reja, etc.) y bien refrigerado.

 

En general, los perros conviven con su SG, que ha de hacerse cargo de los cuidados de alimentación y del pelo, de las visitas al veterinario, etc.

 

En situaciones de trabajo real, los animales precisarían instalaciones apropiadas a pie de playa, guarecidos del sol y del calor, igual que los socorristas humanos.

 

No obstante, en España está prohibida la entrada de animales en la playa, lo que dificulta enormemente las tareas de entrenamiento y adiestramiento en estas zonas. A menudo, el GRMN realiza cursos de socorrismo acuático canino en playas, aunque existen verdaderos problemas para conseguir los permisos para acceder a estas. Paradójicamente, todas las puertas se abren cuando organismos oficiales solicitan la realización de exhibiciones en sus mejores instalaciones y playas. ¿Dónde, pues, podemos entrenar con los perros para tales eventos?

 

A pesar de ello, tanto el GRMN como otras muchas asociaciones luchan para que cambie esta normativa, y del mismo modo que un perro lazarillo puede acceder a estos lugares, los de rescate también puedan hacerlo.

 

Cierto es que en España, aunque muy lentamente con respecto a otros países como Italia, Francia etc., la sensibilización sobre estos temas está creciendo y ya existen playas habilitadas para perros para uso recreativo, pero aún no se ha incorporado el trabajo con perros de rescate acuático. Afortunadamente, en junio de 2014, localidades como San Pedro del Pinatar (Murcia) acaban de publicar en su bando de playas la excepción a la presencia de animales, y mencionan a perros lazarillo y –por primera vez– de salvamento. Además, se ha puesto en marcha un proyecto piloto pionero en el país, en el que un socorrista va acompañado de un Terranova entrenado por el GRMN.

 

 

 

Puntos clave

  • Terranova es una de las razas de perro idóneas para el agua, debido a sus características.
  • El perro es un compañero de trabajo para el socorrista; nunca podrá trabajar solo.
  • Gracias al perro se pueden realizar rescates de múltiples personas, debido a que el socorrista podrá remolcar a una persona mientras la otra será remolcada por el animal.
  • El socorrista realiza los rescates de manera convencional, pero con el apoyo del perro no necesitará hacer esfuerzo para volver a tierra, ya que este esfuerzo lo realizará el animal.

 

 


 

Bibliografía recomendada

 

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SALUD DEL INTERVINIENTE

Los guantes de protección como barrera ante riesgos biológicos en emergencias extrahospitalarias

Sergio García Couso


Técnico en Emergencias Sanitarias. Coordinador del Servicio de Emergencias Municipal y Protección Civil. Boadilla del Monte. Madrid. España.


La utilización de guantes constituye –entre otras cosas– una medida de prevención primaria frente al riesgo biológico, y es el método de barrera más importante para prevenir la contaminación cuando nuestras manos entran en contacto con material biológico con gran potencial infeccioso (sangre, membranas mucosas, fluidos corporales, secreciones, etc.).

 

También hay que tener en cuenta que este método de barrera no solo sirve para que el personal interviniente no se contagie de enfermedades biológicas, sino que el uso de guantes también reduce la probabilidad de transmitir al paciente microorganismos durante la intervención.

 

Este tipo de guantes deben garantizar varias características, como flexibilidad, impermeabilidad, sensibilidad máxima y resistencia, según la normativa UNE-EN 455:2001 y UNE-EN 374 1-2-3:2004/AC:2006.

 

Aunque estos guantes tienen que presentar gran resistencia a la rotura y al corte, según la normativa UNE anteriormente nombrada, esto no impide que se produzcan pinchazos con una aguja, un catéter, etc.; sin embargo, está demostrado que en el caso de un accidente por pinchazo, el uso de guantes reduce al menos el 50% la sangre transferida a la persona que ha sufrido el accidente en comparación con alguien que no los lleva.

 

 

Cuándo se deben usar los guantes de protección

 

Por regla general, el personal sanitario que trabaja en emergencias extrahospitalarias debe usar siempre algún tipo de barrera o guante cuando trabaje en una intervención, ya sea de cara a la intervención directa con el paciente o en el apoyo a compañeros que estén trabajando con él.

 

Podemos destacar las siguientes situaciones como las fundamentales, donde siempre se deben usar los guantes:

  • Siempre que el sanitario presente cortes, heridas, erosiones o lesiones cutáneas.
  • Cuando se manipule al paciente.
  • Cuando se manipulen objetos, materiales o superficies contaminados con sangre, líquidos o fluidos biológicos.
  • Cuando se esté en contacto con residuos biosanitarios.
  • Cuando se realicen procedimientos o técnicas sanitarias en las que se produzca contacto con sangre, tejidos, líquidos y fluidos biológicos.
  • Cuando se realicen curas de heridas o cualquier otro tipo de procedimiento invasivo.
  • Cuando se esté en contacto con las mucosas o la piel no íntegra de un paciente.
  • Cada vez que cambiemos de paciente.
  • En procedimientos que conlleven técnicas estériles.
  • Al limpiar material utilizado durante la intervención.

 

Cómo se deben utilizar adecuadamente los guantes de protección

 

Los guantes de protección deben garantizar un nivel de eficacia protectora ante el riesgo que motiva su uso, y además no deberán ocasionar riesgos adicionales ni generar molestias que se opongan a su propia eficacia así como a su utilidad principal, como es la protección.

 

Cuando usemos un guante protector este debe adaptarse tanto al trabajo que se va a realizar como a la mano de la persona que lo va a utilizar, condiciones muy importantes para evitar roturas y desgarros. Para ello es imprescindible elegir bien la talla y el material adecuado según cada caso.

 

Si por un imprevisto desafortunado el guante sufre una rotura, perforación o desgarro, este debe ser retirado inmediatamente, hay que lavarse las manos y ponerse un nuevo par de guantes.

 

Es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • Es necesario realizar una correcta higiene de las manos antes y después del usar guantes de protección, ya sea con agua y jabón o con productos desinfectantes con soluciones alcohólicas.
  • Cuando se usen guantes de protección, y para evitar roturas, perforaciones o desgarros de estos es conveniente quitarse anillos, relojes o cualquier otro abalorio que pudiera deteriorarlo.
  • Comprobar que el guante está sin usar y limpio antes de ponérselo.

 

Cuándo se deben cambiar los guantes de protección

 

La frecuencia de cambio de guantes de protección puede depender de varios factores:

  • La cantidad de sangre, líquidos o fluidos corporales que han estado en contacto con el guante protector.
  • La tarea que se vaya a ejercitar.
  • Posibles contactos con materiales cortantes que puedan haber deteriorado el guante protector.
  • Siempre que los guantes protectores se rompan, perforen o desgarren.
  • Cuando el procedimiento de trabajo lo exija (por ejemplo, técnicas estériles).
  • Cada vez que se examine a un paciente y se cambie a otro para examinarlo.
  • Después de haber tocado o manipulado material contaminado.
  • Cada vez que se realiza una técnica o procedimiento distinto aunque sea en el mismo paciente.

 

Contraindicaciones y efectos adversos que podemos encontrar cuando usamos guantes de protección

 

El uso reiterado de los guantes de protección puede producir varias afectaciones y alergias a la persona que los utiliza con asiduidad.

 

La alergia más común en las personas que utilizan ese tipo de guantes de protección es al látex, ya que el látex natural que se utiliza para la fabricación de este tipo de guantes de protección tiene un alto contenido en proteínas que sirven para estabilizar las partículas de goma y que se vehiculizan con el polvo que contiene el guante. Por este hecho se recomienda el uso de guantes sin polvo.

 

También podemos encontrar diferentes procesos alérgicos a los diferentes lubricantes que encontramos incorporados en los guantes de protección.

 

Debe tenerse en cuenta que estas contraindicaciones y alergias puede tenerlas tanto el personal que utiliza los guantes de protección como la persona a la que se va a atender y examinar.

 

Entre los efectos adversos que encontramos, los más frecuentes son los siguientes:


Dermatitis irritativa por contacto

Es la que se puede presentar con más frecuencia. Como peculiaridad podemos encontrar la aparición de zonas irritadas en la piel, sobre todo en las manos, normalmente por el efecto irritativo del lavado repetitivo de las manos, el uso de jabones y detergentes o por el efecto sobre la piel de aditivos químicos o el polvo añadido utilizados en la fabricación de los guantes de protección. Se trata de una reacción no inmunológica.

 

Alergia química al látex o hipersensibilidad retardada

Es una reacción inmunológica de hipersensibilidad retardada que suele aparecer en los miembros superiores (manos, brazos, etc.). Esta reacción aparece uno o dos días después de haber tenido contacto con los guantes de protección, y desaparece al cabo de unos días si no se vuelve a tener contacto con el guante de protección (alérgeno). Esta dermatitis alérgica está producida por los aditivos químicos que se utilizan para los guantes de protección fabricados con látex, como son los tuiranos, carbamatos, tiurea, etc., que se utilizan para dar flexibilidad y elasticidad al guante, o los antioxidantes que se utilizan para dar resistencia al látex.

 

Alergia proteica al látex o hipersensibilidad inmediata

Al igual que en el caso anterior, son también reacciones inmunológicas que produce la proteína del látex. Sus síntomas son picor, enrojecimiento y habones en la zona de contacto con el látex. Los síntomas aparecen entre 10 y 15 minutos después de haber estado en contacto con el producto. En este tipo de alergias al látex se pueden producir otros tipos de sintomatología, como rinitis y asma, así como cuadros de anafilaxia. En el personal sanitario, la alergia más común por uso de guantes de protección de látex es una urticaria.

 

 

Tipos de guantes de protección

 

En el mercado podemos encontrar una gran variedad de guantes. Los podemos clasificar por los distintos materiales de fabricación (látex, vinilo, nitrilo, neopreno, polietileno, etc.), por su esterilidad (estériles o no estériles), por su tamaño y por su grosor.

 

En la tabla 1 se presentan diferentes tipos de guantes y sus indicaciones.

 

 

Tabla 1. Algunos tipos de guantes. (Clic sobre la tabla para ampliar)

Tabla 1. Algunos tipos de guantes

 

 

Retirada de guantes de protección

 

Para la retirada de los guantes de protección tendremos que seguir los siguientes pasos:

 

1. Para la retirada del primero, se tomará el borde del guante por su cara externa y se le dará la vuelta completamente.

 

 

 

2. Se recogerá el guante usado y posiblemente contaminado con la mano en la que aún está puesto el otro guante.

 

 

 

3. Para la retirada del segundo guante, hay que cogerlo desde el borde como se hizo con el primero, sin soltar el que tiene agarrado en la mano, y hacer la misma operación que con el anterior, dejando el primer guante y la zona contaminada del segundo por la parte interna de este.

 

 

 

4. Una vez finalizada esta operación se deben desechar los guantes en el contenedor adecuado, según los procedimientos de cada servicio.

 

 

 

Una vez retirados los guantes se deben lavar y secar las manos.

 

 

 

Puntos clave

  • Sobre el uso de guantes de protección como barrera ante riesgos biológicos, hay que ser conscientes de su uso obligatorio, ya sea de cara a la intervención directa o al apoyo a compañeros que trabajan con el paciente.
  • Un uso reiterado de este tipo de guantes puede producir varias afecciones y alergias a la persona que los utiliza con asiduidad.
  • Hay que tener muy en cuenta los factores por los cuales deben cambiarse los guantes de protección.
  • El personal que trabaja en emergencias extrahospitalarias debe conocer las diferentes variedades de guantes, su protección, indicaciones y contraindicaciones.

 

 


 

Bibliografía recomendada

  • Alfaro K, Escudero E. Guía: Manipulación, colocación y retiro de guantes estériles [Internet]. DuocUc; Escuela de Salud [acceso 2/9/2014]. Disponible en: http://www.urgenciauc.com/duoc/ENS2100_Manipulacion_Guantes_Esteriles.pdf
  • Limón Cáceres, E. La importancia del lavado de manos y de utilizar guantes para evitar las infecciones cruzadas. Enferm Clin. 2008;18(4):220-2.
  • Cique Moya A. Cómo se utiliza correctamente el uniforme de protección en los equipos de protección NBQ. Zona TES. 2014;2(1):27-35.
  • Guía para la Prevención de la infección hospitalaria. Lavado de manos. Disponible en http://www.elcomprimido.com/FARHSD/PROTGUIAPREVENCIONINFECIONHOSPITALARIA.htm
  • Motilla E, Acebrón V. Protocolos de enfermería: higiene de las manos en el medio sanitario. Recomendaciones para el uso racional de los guantes. Madrid: Hospital Severo Ochoa, Fundación Jiménez Díaz y Hospital de la Princesa.
  • Norma UNE-EN 374 1-2-3:2004/AC:2006. Guantes de protección contra productos químicos y microorganismos.
  • Norma UNE-EN 420:1995. Requisitos generales para guantes.
  • Norma UNE-EN 455:2001. Guantes médicos de un solo uso. Estándares de calidad armonizados en el marco de la Comunidad Europea para guantes sanitarios.
  • Protocolo de vigilancia sanitaria especifica. Agentes biológicos de la Comisión de Salud Pública del Consejo interterritorial del sistema Nacional de salud. Disponible en http://www.msssi.gob.es/ciudadanos/saludAmbLaboral/docs/agentes_biologicos.pdf
  • Real Decreto 664/1997, de 12 de mayo, sobre la protección de los trabajadores contra los riesgos biológicos durante el trabajo.
  • Real Decreto 773/1997, de 30 de mayo, sobre disposiciones mínimas de seguridad y salid relativos a la utilización por los trabajadores de equipos de protección individual.
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