11,7 créditos

Buscar:

Zona TES - Revista de formación para Técnicos en Emergencias Sanitarias

 
Volver al sumario

TRANSPORTE SANITARIO Y EMERGENCIAS: UNA MIRADA HISTÓRICA

Nancy L. Caroline

José Ayoze Sánchez Silva

Enfermero de ambulancia sanitarizada. Servicio de Urgencias Canario (SUC). Las Palmas. Canarias. España.

  @AWH061

 

Nancy L. Caroline

  • Nombre completo: Nancy Lee Caroline.
  • Año y lugar de nacimiento: 27 de junio de 1944, Newton, Massachusetts.
  • Dedicó su vida a: la creación y gestión de servicios de emergencias.
  • Avance más importante: la creación de la figura del paramédico.
  • Contemporáneo de: Peter Safar.
  • Año y lugar de fallecimiento: 12 de diciembre de 2002, Metulla, Israel.

 

Nancy Caroline lideró la creación y coordinación de los incipientes servicios de emergencias médicas y programas de cooperación internacional. Su labor, desconocida para muchos, fue decisiva para el desarrollo de los modernos servicios de emergencias médicas que disfrutamos en la actualidad.

 

Nació el 27 de junio de 1944 en Newton, Massachusetts. Hija de inmigrantes judíos, Leo y Zelda Caroline, que imprimieron en su hija un fuerte sentimiento hacia la comunidad judía y una gran conciencia social. Cuando era adolescente, mientras estudiaba en el instituto, comenzó a trabajar como fotógrafa para el Hospital General de Massachusetts y, al cabo de unos años, trabajó como técnica en el laboratorio.

 

En 1966 se graduó en la Universidad de Radcliffe en Lingüística y se licenció en Medicina en 1971 en la Universidad de Case Western Deserve, a la edad de 27 años. Al terminar la universidad, comenzó su labor asistencial en el Hospital Universitario de Cleveland y en el Hospital de la Administración de Veteranos de Guerra. Dos años después, en 1973, fue aceptada para hacer la especialidad de Medicina de Cuidados Intensivos mediante una beca de reciente creación de la Universidad de Pittsburgh, bajo la tutoría de Peter Safar que en esa época investigaba activamente en reanimación cardiopulmonar y estaba poniendo las bases de la nueva especialidad en cuidados intensivos.

 

Por una parte, los años 60 estuvieron marcados por una gran tensión racial en los Estados Unidos que motivó el inicio de la lucha por los derechos de los ciudadanos de color; la creciente segregación racial de los afroamericanos en barrios donde los niveles de desempleo y pobreza eran enormes causó una gran cantidad de disturbios. Por otra parte, los servicios de la ciudad de Pittsburg, donde Caroline realizaba sus estudios y donde Safar investigaba, estaban muy atrasados con respecto a los estándares del resto del país, que ya eran muy bajos si los comparamos con los actuales. En Pittsburg, el transporte sanitario prácticamente no existía, la policía hacía la mayor parte de los traslados de los pacientes heridos o enfermos al hospital, en condiciones que en la actualidad no podríamos ni imaginar y que eran comparables a las de una ciudad en guerra; a la gente se la metía en la ambulancia como a un saco de patatas y el policía de turno se montaba en el asiento delantero, ni siquiera se acompañaba al enfermo. Las empresas funerarias eran las que gestionaban las pocas ambulancias privadas que existían y, la mayoría de las veces, estos servicios no se atrevían a entrar en los barrios negros y, cuando lo hacían, era rápidamente y de malas maneras.

 

El servicio de emergencias de la ciudad de Pittsburgh tocó fondo el año 1966, cuando el gobernador del estado de Pensilvania sufrió un infarto en un evento público. El político fue transportado rápidamente al hospital en la parte trasera de un coche de policía mientras una enfermera que formaba parte del público y que estaba entrenada en técnicas de reanimación le practicaba un masaje cardíaco. Según relató más tarde, ella iba dando tumbos en la parte trasera del vehículo sin poder ayudar eficazmente al gobernador que, desgraciadamente, ingresó cadáver. Este hecho conmocionó a la población que, de repente, se dio cuenta de la poca preparación que poseía la cuidad para atender las emergencias. Este hecho no pasó desapercibido para Phill Hallen, director del Fondo Médico Maurice Falk, una fundación sin ánimo de lucro para la creación de empleo y apoyo a los más desfavorecidos. Hallen había sido conductor de ambulancias en su juventud y tenía un doctorado en salud pública; enseguida se dio cuenta de que el sistema de emergencias de Pittsburgh era decadente y deficiente. Hallen tuvo una idea: un servicio de ambulancias podía crear empleo local, por lo tanto, el fondo médico que dirigía podía tener en su mano la posibilidad de cumplir con este cometido de crear empleo y, a la vez, establecer un servicio de ambulancias que estuviera a la altura de las circunstancias. Se puso en contacto con el presidente del sindicato de trabajadores de la industria siderúrgica de Pittsburg, James McCoy Jr, que también luchaba por los derechos de los ciudadanos negros. McCoy había creado la Freedom House Enterprise Corporation para fomentar la creación de puestos de trabajo entre la población de color de la ciudad. Hallen contó su idea a McCoy indicándole que un servicio de ambulancias podría crear puestos de trabajo de conductores, sanitarios y mecánicos.

 

 

Nancy Caroline dentro de una ambulancia de la Freedom House.

Nancy Caroline dentro de una ambulancia de la Freedom House.

 

 

Hallen fue al hospital de Pittsburgh en busca de un director médico para su nueva empresa de ambulancias, la Freedom House. Este fue Peter Safar que por aquel entonces se mostró enormemente ilusionado con la idea y se implicó enormemente en el desarrollo del embrión de lo que serían los modernos servicios de emergencias médicas.

 

El último pilar en incorporarse a este nuevo servicio de emergencias médicas fue el profesor de trabajo social de la Universidad de Pittsburgh, Moe Coleman, que también trabajaba en el ayuntamiento de la ciudad asesorando al alcalde en cuestiones sociosanitarias. A finales de los años 60, el presidente Johnson impulsa una serie de programas de lucha contra la pobreza financiados por el gobierno federal. quien obtiene financiación del gobierno federal y consigue que la nueva empresa de ambulancias Freedom House realice la asistencia sanitaria de emergencias en el centro de la ciudad, el gueto donde está confinada la población negra de Pittsburg.

 

La primera promoción de paramédicos de la Freedom House se reclutó entre veteranos de la guerra de Vietnam y desempleados de larga duración. Muchos de ellos luchaban contra las drogas y el alcohol, y comenzaron un proceso de formación que consistía en un curso intensivo de trescientas horas que duraría nueve meses. Este curso incluía prácticas en el Hospital Universitario Presbiteriano de Pittsburg mediante rotaciones en los servicios de urgencias, obstetricia, radiología y cirugía, todo ello combinado con múltiples visitas al depósito de cadáveres. Peter Safar les procuró una educación médica sin precedentes en la época; un puñado de jóvenes desempleados aprendieron todo lo necesario para realizar el soporte vital en la calle, desde las novedosas técnicas de reanimación cardiopulmonar básica hasta la intubación endotraqueal, que aprendieron en los quirófanos del hospital. Safar entraba con sus alumnos en el quirófano y, bajo su supervisión, hacía que intubaran a los pacientes que estaban listos para ser operados.

 

En 1974, Peter Safar nombra a Nancy Caroline directora del servicio de emergencias de la Freedom House. Peter conocía a Nancy Caroline desde hacía muchos años porque la había tenido de residente en su programa de formación de especialistas de cuidados intensivos. Vio en ella el empuje y la lealtad que necesitaba el servicio, que ya contaba con algunos años de experiencia. Caroline no sabía a lo que se estaba enfrentando, ya que ella nunca había entrado en contacto con el servicio de emergencias extrahospitalarias, que en ese momento estaba sufriendo una transformación radical.

 

El trabajo que Peter Safar encomendó a Nancy Caroline era dar el salto desde la asistencia de soporte vital básico a la asistencia de soporte vital avanzado. La enseñanza de todas esas técnicas recayó sobre Caroline que decidió volcarse en ello. Comenzó a hacerse cargo de pacientes tanto en el servicio de cuidados intensivos como en el servicio de urgencias con grupos de alumnos que valoraban, auscultaban, ponían vías intravenosas y trataban al paciente. Ver a una mujer liderando a un grupo de personas de raza negra mientras atendían a una persona de raza blanca era impensable hasta este momento. Se rompieron numerosas líneas rojas mientras se desarrollaba una profesión desde cero. A pesar de su corta estatura, Nancy Caroline no medía más de metro y medio, inspiraba un gran respeto al personal del servicio y, a veces, cuando era necesario, tenía un carácter que hacía que la temieran.

 

 

Caroline estableció que el solapamiento del cuidado del paciente entre los cuidados fuera del hospital y los de dentro del hospital debía hacerse de forma protocolizada. Instauró una rutina de entrega de informes tanto escritos como verbales entre los paramédicos negros y las enfermeras. Una paramédico llamada Jane Moon describió cómo fue la primera vez que dio el informe oral a una enfermera en el servicio de urgencias: «Llegamos al hospital después de valorar, monitorizar, colocar una vía intravenosa e iniciar el tratamiento con un suero al paciente. Lo llevamos al servicio de urgencias y vimos a una enfermera. Empecé a recitar la información médica: edad, sexo, historia médica, constantes vitales… La enfermera comenzó a reírse y se alejó. No me lo esperaba. Luego encontré a un médico que sí me hizo caso. Le dije a Nancy que esto era una pérdida de tiempo y ella me dijo que lo siguiera haciendo igual hasta que me atendieran. Si no hablas la jerga del servicio de urgencias nadie te hará caso nunca».

 

Nancy Caroline salía frecuentemente con las ambulancias a hacer servicios, de esa forma era capaz de controlar lo que se hacía en la calle al mismo tiempo que enseñaba a las tripulaciones y pulía errores. Caroline descubría en esas salidas una medicina de emergencias completamente nueva, algo a lo que no le habían enseñado a enfrentarse en la formación universitaria. Aprendió mucho de sus compañeros, que ya tenían amplia experiencia en el trabajo de campo; en sus propias palabras explicó que: «La primera vez que me incliné sobre una cloaca para hacer una reanimación, me di cuenta de que había muchas cosas que nunca me habían enseñado en la facultad de medicina. No obstante, estaba en buenas manos. Mis maestros eran los veteranos técnicos de emergencias médicas del servicio de emergencias Freedom House, eran seres humanos muy especiales». Mientras trabajaba con ellos en la calle, Nancy Caroline se dio cuenta de las enormes restricciones que conllevaba el cuidado en las condiciones de la calle, alejada de todas las comodidades y facilidades que ofrecía un hospital. Reanimar a un paciente en un restaurante lleno de gente, atender un parto en la sección de ropa interior de un gran almacén, inmovilizar a un paciente en el fondo del hueco de un ascensor, coger una vía dentro de un coche accidentado, todos son ejemplos de lo que era trabajar en un servicio de emergencias extrahospitalarias. En palabras de Caroline: «La gente no se había percatado de que al servicio de urgencias le habían salido ruedas y el cuidado definitivo ahora podía comenzar en la escena del incidente».

 

En 1974, Nancy Caroline comenzó a escribir un libro que lo cambiaría todo en lo que respecta a la asistencia prehospitalaria de emergencias. Este libro, titulado Emergency Care in the Streets, se convirtió en el primer manual escrito específicamente para la formación de paramédicos y fue el único libro de texto usado en todo Estados Unidos para la formación durante los siguientes diez años ya que, con base en él, el Departamento de Transporte de los Estados Unidos (USDOT) creó el plan de estudios para la formación de paramédicos en todo el país. El manual estuvo terminado en su versión preliminar en 1974, pero se publicó cuando Caroline ya estaba en Israel, en 1979. Este manual es la base de todo el conocimiento teórico y práctico, y marcó las líneas generales de toda una profesión hasta nuestros días. Como curiosidad, hay que decir que el manual, en su primera edición, contenía 524 páginas y estaba escrito en solitario por Caroline; este mismo manual, en su séptima edición publicada en 2013, tenía 2.365 páginas divididas en dos volúmenes escritas por dos editores, 52 autores, 219 colaboradores y 6 ayudantes.

 

 

Portada del primer manual de formación de paramédicos.

Portada del primer manual de formación de paramédicos.

 

 

Nancy Caroline continuó mejorando el servicio y estableció nuevas rutinas, como las sesiones clínicas semanales donde las dotaciones presentaban un caso que era discutido por todos. Debían hablar de lo que habían hecho y eso era corregido, criticado o asumido por todos los demás. Todos aprendían de todos.

 

Otro de los grandes avances que consiguió implantar fue una primitiva telemetría, todo un desarrollo tecnológico para la época. Subió electrocardiógrafos a las ambulancias, logró que pudieran funcionar con baterías que eran cargadas con el alternador de la ambulancia, y mediante un complejo sistema de transmisión se consiguió que se pudieran enviar los electrocardiogramas por radio. Los coordinadores del hospital podían ver lo mismo que los paramédicos y estos aplicaban el tratamiento más adecuado para cada caso.

 

En este periodo de mejoras ocurrió algo que lo cambió todo. En 1975, un autobús atropelló a una niña blanca que montaba en bicicleta en una de las zonas ricas de la ciudad. La policía llegó al lugar y descubrió que la niña tenía una pierna destrozada. Acto seguido llamaron al servicio de ambulancias Freedom House, del barrio negro de la ciudad. La respuesta del servicio de emergencias fue que aunque no era su zona de cobertura acudiría al servicio. Los paramédicos llegaron al lugar, valoraron a la niña, la inmovilizaron y la estabilizaron e inmediatamente después la transportaron hacia el hospital. Rápidamente se corrió la voz por toda la ciudad de que los paramédicos negros salvaban las vidas de los blancos ricos. Mucha gente acudió al ayuntamiento preguntando por qué la zona negra y deprimida del centro de la ciudad tenía un mejor servicio de emergencias que el resto de los barrios, que se tenían que conformar con empresas de funeraria y policías sin conocimiento alguno de asistencia médica extrahospitalaria. Ese mismo año, el nuevo alcalde de la ciudad suspendió las subvenciones que hacían funcionar al servicio de emergencias médicas Freedom House; destinó ese dinero a crear un servicio de emergencias municipal, que cubriría toda el área metropolitana de Pittsburg. El último servicio que realizó Freedom House fue a una anciana que se había fracturado la cadera en una caída; el paramédico que la atendió fue un hombre de raza negra, veterano de Vietnam, llamado Mitchell Brown.

 

Muchos de los paramédicos que trabajaban en el servicio de emergencias de la Freedom House fueron contratados para el nuevo servicio de ambulancias de la ciudad. Otros muchos salieron del servicio y se dedicaron a conducir taxis o a otros empleos. Una parte de los trabajadores volvió al gueto, a su antigua vida de desempleo. Nancy Caroline fue contratada como subdirectora médica del servicio de urgencias del Hospital Shadyside de Pittsburgh donde trabajó durante dos años, hasta que fue llamada desde Israel para dirigir el servicio Magen David Adom; corría el año 1977.

 

Cuando Nancy Caroline llegó a Israel y asumió el cargo de directora del servicio Magen David Adom para todo el país, se encontró con un servicio de ambulancias muy primitivo, constituido en su totalidad por ambulancias de soporte vital básico, sin una gran capacidad asistencial extrahospitalaria. El Magen David Adom (la estrella roja de David, también conocido como escudo rojo de David) es una sociedad de voluntarios creada en Tel Aviv en 1930 a imagen de la Cruz Roja. En 1950, el Parlamento de Israel la convirtió en el servicio de emergencias médicas del nuevo estado. El servicio de emergencias siempre obtuvo la simpatía de la Cruz Roja, pero se le denegó la entrada a la organización debido a que no estaban de acuerdo en sustituir su emblema, la estrella de David de color rojo, por la cruz roja, y mucho menos por la media luna roja. En 2006 se llegó a un acuerdo entre el Comité Internacional de la Cruz Roja y la estrella roja de David en el que acordaban incorporar un nuevo tipo de icono identificativo, conocido como el cristal rojo. Este nuevo icono, de carácter absolutamente neutral, podía contener en su interior un segundo logo como, por ejemplo, la cruz roja, la media luna roja, o la recientemente incorporada estrella de David roja.

 

Su primera medida como directora del servicio de emergencias israelí fue comenzar el entrenamiento de los paramédicos introduciendo la figura en el país, aplicando la receta que tan buenos resultados había dado en Pittsburg. Caroline argumentó a sus críticos: «Se necesitan ambulancias de cuidados intensivos móviles para los casos graves que puedan llegar al paciente en tres minutos». Los médicos de los servicios de emergencias pensaban que estaba loca. Después de centrarse en la formación en cuidados intensivos de los paramédicos y de la mejora de la flota de ambulancias y el equipamiento de las mismas, se dedicó a la capacitación en el manejo de las víctimas de trauma ya que, a finales de los 70, Israel vivía una auténtica guerra terrorista en sus calles. El programa de formación permitió dar una respuesta adecuada a la amenaza terrorista, con ambulancias distribuidas por toda la ciudad, lo que permitió disminuir el tiempo de respuesta enormemente y, de esta forma, salvar una enorme cantidad de vidas. En el poco tiempo que pasó en Israel, Caroline participó en más incidentes de múltiples víctimas de los que había visto en toda su vida profesional anterior. Durante todo el tiempo que estuvo en Israel, continuó asesorando a los recién creados servicios de emergencias de Pittsburg y Boston, por lo que siempre estuvo al tanto de lo que ocurría en las calles de los Estados Unidos.

 

A finales de los años 70, la Sociedad de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y el Comité de RCP de la Federación Mundial de Sociedades de Anestesistas pidieron a Nancy que escribiera un manual de reanimación cardiopulmonar y primeros auxilios; este manual, titulado Life Supporting Resuscitation and First Aid. A Manual for Instructors of the Lay Public se convirtió en la línea que habían de seguir el resto de autores debido a la simplicidad y elegancia con la que mostraba las técnicas de reanimación y primeros auxilios a la población. Fue publicado en 1982.

 

En 1981 Nancy Caroline abandonó la dirección del Magen David Adom y estuvo trabajando de asesora médica en algunos hospitales hasta 1982. A principios de los años 80, se produjo una enorme hambruna en el Cuerno de África. Se trataba de una emergencia sencilla, había escasez de comida e higiene y unos cuidados médicos básicos. Nancy Caroline decidió que podría ser su próxima misión la de ayudar a la gente a ayudarse a sí misma mediante no solo la formación en medicina básica sino con otros conocimientos. Adquirió conocimientos básicos de agricultura y se dedicó a enseñarlos a las poblaciones pobres de Etiopía. En 1982 llegó a Nairobi (Kenia) dispuesta a colaborar con la AMREF (Fundación Africana para la Medicina y la Investigación), se convirtió en médica de la organización, y fundó y coordinó un servicio de aviones-ambulancia que cubriría el oeste de África. También se dedicó a la formación de trabajadores sanitarios, que fueron instruidos como médicos de comunidades pequeñas en Kenia, Tanzania, Uganda y Sudán. Escribió con frecuencia en múltiples medios aportando información y dando consejo médico. Durante esta época, trabajó para la Cruz Roja como asesora médica y escribió un manual de soporte vital y primeros auxilios para países africanos. Llevó a cabo otros muchos proyectos menores para otras ONG en temas tan dispares como la alimentación y los cuidados para niños en orfanatos, sobre todo en Etiopía. En esta época, comenzó a denunciar la rampante corrupción de todos los estamentos gubernamentales de África, especialmente en Kenia, que hacía que el dinero destinado a las campañas de alimentación, vacunación y asistencia sanitaria no llegara a su destino. Este hecho ocasionó que Caroline comenzara a recibir presiones desde el gobierno y los grupos paramilitares; comenzó a temer por su vida y decidió dejar el continente.

 

Regresó de nuevo a su querido Israel decidida a continuar ayudando a los más desfavorecidos. Mientras buscaba un proyecto en el que emplear sus fuerzas, comenzó a colaborar con los programas de formación de medicina de emergencia del hospital de la ciudad de Kiryat Shmona, al norte del país y descubrió que no había un programa adecuado de atención a pacientes terminales de cáncer. Comenzó a estudiar oncología y cuidados de los pacientes terminales porque descubrió que ese era el objetivo al que quería dedicarse ahora. Empezó a enseñar cuidados paliativos al personal de enfermería de los hospitales de la zona y creó un hospicio para la atención de este tipo de enfermos que no tenían recursos. Su trabajo fue especialmente valorado por los habitantes del norte de Israel, ya que la medicina de la época vivía un momento de grandes cambios tecnológicos y requería de alguien que humanizara la atención y los cuidados de los que más sufrían el dolor de padecer una enfermedad terminal. Terminó recibiendo el apodo de la Madre Teresa de Israel.

 

En el año 2000, la Universidad de Pittsburg creó en su honor una beca de investigación en medicina de emergencias y cuidados críticos. Peter Safar dijo de Nancy Caroline en sus memorias publicadas en el año 2000: «Una de las razones de su éxito es que ella se preocupa, es dinámica, compasiva, es una “súpermédica”, una mujer renacentista y una escritora elocuente».

 

En el año 2001, Nancy Caroline fue diagnosticada de un mieloma múltiple de crecimiento rápido que acabó con su vida en pocos meses. Falleció el 12 de diciembre de 2002 en el mismo hospicio que fundó. Tenía 58 años.

 

Nancy Caroline escribió una vez: «Echando la vista hacia atrás, los días que pasé en las ambulancias a tiempo completo, me doy cuenta de que fueron los mejores días que he conocido en la medicina. Eran días de avisos, desafíos y el orgullo compartido de haber hecho un buen trabajo».

 

Volver al sumario

© 2017 Sirá Ediciones S.L.