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Zona TES - Revista de formación para Técnicos en Emergencias Sanitarias

 

Movilizaciones e inmovilizaciones

Zona TES Octubre-Diciembre 2017

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CARTA AL EDITOR

Como ser TES y no morir en el intento

Carolina Pérez Ramírez

Médico de emergencias.
Coordinadora del GdT SEMES Andalucía “Gestión Emocional en Emergencias”
SUE 061 Ceuta

 

Se viven tiempos convulsos dentro del mundo de las emergencias. Se pide RECONOCIMIENTO en mayúsculas tanto para la especialidad como para las funciones y roles de cada uno. Cuanto mejor formados estemos, cuanto más claro sea el papel y las competencias de cada uno, mejor podremos trabajar y mejor asistencia ofreceremos; siempre claro, que nos doten de los mejores recursos y material, pero eso ya es otro tema.

 

Si hacemos una rápida búsqueda por internet relacionada con los Técnicos en Emergencias Sanitarias (TES) podemos encontrar bastantes artículos y foros donde se está apoyando la formación y defendiendo al TES, incluso hay un recurso interpuesto ante el tribunal supremo contra el RD 22/2014.

 

No es raro el día en el que mis compañeros TES tienen que dar explicaciones a la población acerca de cuál es su trabajo y en qué se diferencian de los mal llamados “conductores o camilleros”. Si nos ponemos en vuestro lugar, es realmente frustrante tener que estar todo el día reconociendo cada paso que se da. Aún falta mucha información dentro y fuera del mundo profesional de las emergencias, siendo esto una cuestión de todos.

 

Manejar la frustración que supone estar recolocando casi a diario las opiniones y creencias ajenas y demostrando la valía profesional en cada asistencia supone un gasto personal muy alto. En algunos servicios ni siquiera existen historias clínicas donde podáis escribir vuestra actuación, esto es lamentable. Tenéis más que razones para sentir frustración.

 

Debajo de los gritos de la frustración se encuentra el enfado. El enfado es la emoción que se activa cuando interpretamos que la situación que estamos viviendo es una amenaza que nos invade, nos ataca y altera nuestro equilibrio normal afectando a nuestros valores de respeto, justicia o libertad.

 

Debajo de esta emoción se encuentra la necesidad psicológica básica de reconocimiento. Y es que todos necesitamos que se nos reconozca; invisibilizar el trabajo de cualquier componente de un grupo provoca que salte la alarma de la supervivencia, porque cuando no nos reconocen, no existimos y si no existimos estamos en peligro dentro del sistema.

 

Cuando el enfado aparece, se activa el sistema nervioso simpático (SNS) provocando una respuesta neurofisiológica (cambios en nuestra frecuencia cardiorrespiratoria, sudoración, movimientos gastrointestinales, alteración del diámetro pupilar, redistribución de la sangre, aumento de las resistencias vasculares), cognitiva (velocidad de procesamiento del pensamiento) y conductual (se producen cambios en nuestra corporalidad para prepararnos para el ataque). Esta respuesta sería muy útil para prepararnos para luchar contra un león en medio de la selva, pero no es nada útil para mantenerla activa varias horas, toda la guardia o incluso instaurarla de forma crónica.

 

Nuestro cuerpo vive esa activación del SNS al inicio como una respuesta de estrés, que si se cronifica se convierte en una respuesta inflamatoria (al activarse el eje neuroendocrino hipotálamo- hipófisis suprarrenal/tiroides/gónadas/páncreas/hígado) con afectación del sistema inmune, que termina en fases finales provocando el conocido síndrome del burnout o desgaste profesional.

 

¿Qué podemos hacer para trabajar y no morir en el intento? Aprender a manejar esa frustración y redirigir nuestra atención del foco combativo (rebatir continuamente las opiniones y creencias de los demás) a un foco más creativo que permita desarrollar la excelencia. ¿Cómo? siendo la mejor versión de nosotros mismos. Victor Küppers dice que el valor de las personas radica en su actitud, que el conocimiento y las habilidades suman pero la actitud multiplica. La excelencia podemos llevarla a las diferentes áreas de nuestro trabajo: qué hago (actividades), cómo lo hago (actitud), por qué lo hago (motivación), para qué lo hago (valores implicados), quién soy yo cuando lo hago (propósito y autorrealización), y a quién más beneficiará en un futuro (visión a largo plazo) esta forma de trabajar.

 

No solo es importante centrar la excelencia en el conocimiento y habilidades aprendidas, sino que hay que complementarla con esa reflexión interna.

 

La actitud es la forma que tiene alguien de actuar e incluso hace referencia a su corporalidad. Si queremos mejorar nuestra actitud tenemos que centrarnos en el cómo hago lo que hago y para ello algo muy útil es aprender a desarrollar nuestra inteligencia emocional.

 

La inteligencia emocional según Goleman es la capacidad para reconocer, aceptar y canalizar las propias emociones, dirigir nuestras conductas hacia los objetivos deseados, lograrlos y compartirlos con los demás. Además, reconocer las emociones propias, ayuda a comprender las emociones del otro, qué necesidad tienen activa, el por qué y para qué de su comportamiento y cómo podemos ayudarle si es que nos lo permite.

 

En cada asistencia establecemos una relación de ayuda en la que ponemos al servicio del otro nuestro conocimiento actualizado y nuestras habilidades entrenadas y perfeccionadas. Hacerlo de una manera excelente, equilibrando nuestro estado emocional, reconociendo la urgencia o emergencia psicobiosocial, afinando el estado emocional del paciente y de su familia y que todo esto contribuya a una mejor asistencia, no tiene precio.

 

Como profesionales de las emergencias tenemos la oportunidad de tocar las vidas de otros en momentos muy críticos donde las emociones y la vulnerabilidad están a flor de piel. Tomar conciencia de ese privilegio nos permite comprender que podemos hacer mucho bien con nuestra forma de actuar o mucho mal. Podemos y debemos crear experiencias únicas e irrepetibles donde el paciente y su familia se sienta protegidos, seguros, escuchados, comprendidos y atendidos. Tan importante es atender una prioridad 1 como una prioridad 4 si nos centramos en las personas.

 

Me gusta buscar metáforas y analogías para explicar mejor las ideas y me viene a la cabeza la experiencia que podemos vivir en un restaurante. En todos puedes saciar la necesidad básica de alimentarte, pero no en todos disfrutarás de la experiencia, no en todos saldrás recomendando el servicio y la comida.

 

Más que sobrevivir como TES en los tiempos que corren, yo os alentaría a empezar a valorar y reconocer todo lo que sois y todo lo que podéis hacer.

 

En inteligencia emocional esto se trabaja mediante el autoconocimiento, reconociendo nuestros puntos fuertes, las áreas de mejora, nuestros talentos, valorando lo anterior, mejorando nuestra autoestima profesional y dirigiendo nuestra mirada hacia qué queremos conseguir en la vida como profesionales sanitarios de las emergencias. También se aprende a gestionar las emociones para que jueguen a nuestro favor, escogiendo la más eficiente y útil en cada momento. Todos nos enfadaremos, pero aprender a enfadarse en el lugar apropiado, con la persona apropiada, en la intensidad y momento justos, es todo un arte que se puede desarrollar.

 

No eres sólo lo que haces, sientes o interpretas de la realidad, eres mucho más. La realidad no es solo como la vemos, es mucho más extensa y amplia de lo que a veces imaginamos. Si diez de nosotros fuéramos al cine a ver una película, haríamos diez relatos diferentes, en esencia iguales, pero diferentes. Diez relatos con emociones diferentes debido a nuestras experiencias pasadas y presentes, sin embargo sólo hay una única película.

 

Me gustaría preguntaros algo, ¿Estáis siendo la mejor persona, el mejor profesional que podéis ser? ¿Si en este momento enfermarais, os pondríais en vuestras propias manos? ¿Os gustaría que alguien como vosotros, con vuestro conocimiento, habilidades, actitud y forma de trabajar os atendiera?

 

Busca la excelencia fuera y dentro de tu trabajo, es tu mejor carta de presentación y la de tu colectivo y la mejor forma de vivir siendo TES.

 

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PUESTA AL DÍA

Medidas de protección frente a la transmisión de enfermedades infecciosas por vía aérea

Ester Collell Blanco1, Rubén Castillo García2, Susana Simó Meléndez3
y Sònia Ramírez Agüero1

 

1 Enfermera. Docente del Ciclo Formativo de Grado Medio de Técnico en Emergencias Sanitarias. Escola Joviat. Barcelona. España.
2 Técnico en Emergencias Sanitarias. Docente del Ciclo Formativo de Grado Medio de Técnico en Emergencias Sanitarias. Escola Joviat. Barcelona. España.
3 Médico Hospital Sant Joan de Déu-Fundació Althaia. Xarxa Assistencial Universitària de Manresa. Barcelona. España.

 

PUNTOS CLAVE

  • Los contagios por vía aérea son una realidad y un peligro que el personal asistencial en general y de urgencias y emergencias en particular debe tener en cuenta.
  • Estar atentos a los signos y síntomas que presenta el paciente nos permite reforzar nuestra protección.
  • Las mascarillas de protección respiratoria forman parte de los equipos de protección individual de que disponemos.
  • Conocer los diferentes tipos de mascarillas y sus usos nos ayuda a protegernos.

 

 

El contacto físico con el paciente es parte natural e inherente del trabajo del Técnico en Emergencias Sanitarias (TES). Para llevar a cabo las actuaciones, tenemos al alcance una serie de elementos del Equipo de Protección Individual (EPI), que nos protegen y nos permiten acceder con las máximas garantías al paciente. Los EPI cotidianos son una recomendación de uso y buenas prácticas en el mundo sanitario, no legislada específicamente en la normativa sanitaria, más allá de situaciones especiales que sí que disponen de normas específicas, pero que quedan fuera de los contenidos de este artículo.

 

Este contacto con el paciente aparece en múltiples y repetidas situaciones cotidianas, como la movilización de los pacientes que trasladamos, la toma de constantes o al realizar alguna acción terapéutica, solos o en equipo con otros profesionales sanitarios, por ejemplo, la aspiración de secreciones.

 

Es en estos momentos cuando el TES, de transporte urgente o no urgente, queda más expuesto y es más vulnerable a un posible contagio de patologías que se transmiten por varias vías y, en concreto, por la que nos ocupa: la vía aérea (VA).

 

CONTEXTO

El trabajo del TES que presta atención extrahospitalaria está englobado en una situación de riesgo bidireccional: nos podemos contagiar durante nuestra actuación y/o podemos contagiar a quien estamos atendiendo, si tenemos algún proceso infeccioso.

 

Centramos este artículo en las medidas y el material EPI destinados a intentar evitar los contagios por VA por el personal asistencial, y cumplir, así, con las medidas estándar y complementarias marcadas para la protección individual. Queda para más adelante la revisión de otras vías de transmisión y sus respectivas medidas de protección inherentes a nuestro trabajo.

 

Los diferentes escenarios marcan las pautas para nuestra protección. Puede tratarse de la atención y el traslado de un paciente que ya está en un centro sanitario y, por tanto, con una orientación diagnóstica y con unas medidas ya definidas de antemano que debemos adoptar para nuestra protección y/o la de terceros. Situación diferente es la de la atención a domicilio de un paciente que, de acuerdo con los signos y síntomas de alarma que presenta, debemos ser nosotros quienes iniciamos las medidas de protección respiratoria. De acuerdo con las estadísticas, los sanitarios tenemos el 40% más de riesgo global de padecer enfermedades infecciosas comparado con otras profesiones1 (figs. 1, 2 y 3).

 

 

FiguraS 1 Y 2.  Dos momentos de la atención al paciente por parte del TES: en la cercanía apreciada es cuando aumenta nuestra vulnerabilidad.

FIGURAS 1 Y 2.  Dos momentos de la atención al paciente por parte del TES: en la cercanía apreciada es cuando aumenta nuestra vulnerabilidad.

 

 

Figura 3.  Las movilizaciones y transferencias que efectuamos de forma rutinaria siguen evidenciando el contacto íntimo con el paciente y la exposición a que nos sometemos.

FIGURA 3.  Las movilizaciones y transferencias que efectuamos de forma rutinaria siguen evidenciando el contacto íntimo con el paciente y la exposición a que nos sometemos.

 

MECANISMOS DE TRANSMISIÓN

En general, la transmisión de patologías infecciosas puede aparecer por diferentes vías2:

  • Transmisión por gotitas.
  • Transmisión por aire.
  • Transmisión por contacto.
  • Transmisión por vehículo común.
  • Transmisión por vectores.

De todas estas, nos centraremos en las que afectan a la VA: la transmisión por gotitas y por aire, responsables de la diseminación de partículas.

 

Transmisión por gotitas

Este tipo de transmisión se caracteriza por la producción en forma de gotas provenientes de secreciones orales y respiratorias.

 

Estas gotitas reciben el nombre de gotas de Flügge, en referencia a Karl Flügge³, médico bacteriólogo alemán (1847-1923), que demostró que son expelidas al aire, nebulizadas a través de acciones como toser, estornudar, escupir e, incluso, mientras se habla.

 

Estas gotas, con una medida superior a los 5 micrómetros4 (µm), transmiten microorganismos con capacidad patógena, que pueden llegar a una distancia calculada de, aproximadamente, un metro, para luego caer sobre la superficie debido a su tamaño.

 

Transmisión por aire

En la transmisión por aire la propagación se origina a través de los llamados núcleos goticulares de Wells, descritos en 19345.

 

A diferencia de las gotas de Flügge, los núcleos de Wells se originan a partir de partículas menores de 5 µm. Su menor tamaño influye en que estas gotas nebulizadas se evaporan más rápidamente cuando son liberadas al aire ambiente y quedan suspendidos sus núcleos, con microorganismos en su interior, durante más tiempo, pudiendo recorrer mayores distancias y constituir riesgo de infección.

 

ELEMENTOS QUE INTERVIENEN EN LA TRANSMISIÓN DE LA INFECCIÓN

La transmisión de una infección es uno de los apartados de lo que se conoce como cadena epidemiológica6, que se compone de 5 o 6 eslabones, según la fuente que consultemos, para que se lleve a cabo.

 

Citamos la cadena epidemiológica de 5 eslabones, que, a nuestro criterio, define de manera sencilla lo que queremos explicar. Los 5 componentes que la forman son:

  • Agente causal: agente biológico que puede dar origen a una enfermedad.
  • Reservorio: ser animado o inanimado en el que el agente causal se reproduce. En este apartado nos vamos a centrar en el reservorio humano enfermo, de entre los diferentes tipos que hay definidos.
  • Fuente: con una definición muy próxima a la de reservorio, la fuente actúa como paso previo a la propagación de los microorganismos patógenos.
  • Mecanismos de transmisión: comentados anteriormente, son el conjunto de mecanismos que utilizan los gérmenes para ponerse en contacto con el huésped.
  • Huésped susceptible: todo sujeto capaz de contraer una enfermedad.

De acuerdo con el tema del presente artículo, presentamos una tabla con las enfermedades más habituales que se contagian por VA y que nos encontramos en nuestro entorno laboral cotidiano, omitiendo las patologías más virulentas y/o en forma de brote epidémico, como, por ejemplo, el virus del Ébola, que requiere de una atención y de unos procedimientos especiales y específicos (tabla 1).

 

 

TABLA 1.  Patógenos, vías de transmisión y tipo de microorganismos relacionados con el contagio de enfermedades por vía aérea.

Figura 3.  Las movilizaciones y transferencias que efectuamos de forma rutinaria siguen evidenciando el contacto íntimo con el paciente y la exposición a que nos sometemos.

 

 

En un ambiente no controlado y sin un diagnóstico firme, saber identificar la patología concreta, más allá de signos y síntomas específicos, es una tarea difícil para el profesional sanitario.

 

En general, aunque poco específicas, nos tienen que llamar la atención y activar nuestro grado de sospecha las manifestaciones clínicas siguientes: febrícula o fiebre, distermia, disnea, incomodidad o malestar general, temblores generalizados, taquipnea y/o taquicardia. Son los signos y síntomas que se asocian a la bacteriemia/viremia, fase de la enfermedad que conlleva una alta contagiosidad7.

 

PRECAUCIONES GENERALES AL ALCANCE DE LOS INTERVINIENTES

Los procedimientos descritos en la literatura que aumentan más el riesgo de infección a través de la VA del profesional son, principalmente, la administración de oxígeno (O2), la aspiración de secreciones, la administración de nebulizaciones, la intubación orotraqueal, la reanimación cardiopulmonar y el sondaje nasogástrico8.

 

Estas situaciones obligan al uso recomendado de diferentes métodos de barrera, destinados a evitar el contacto de gotitas, aerosoles, esputos o sangre con la mucosa conjuntiva de nuestros ojos y de la VA.

 

Precauciones que hay que adoptar

Los elementos al alcance del TES y, en general, de todo el personal asistencial se basan en dos niveles descritos9: un primer nivel de precauciones estándar, y un segundo nivel de precauciones basadas en la transmisión.

Cuando sea necesario adoptar unas u otras, viene definido, principalmente, por la información que recibamos tanto del centro coordinador como de donde se encuentre ubicado el paciente.

Como punto de partida y norma general, si no disponemos de información específica, las medidas recomendadas que debemos adoptar son las que se describen a continuación.

Precauciones estándar

  • Lavado de manos: cuando tengamos contacto con sangre, fluidos, secreciones, tanto si llevamos guantes como si no.
  • Uso de guantes: el uso de guantes no estériles está altamente recomendado antes de cualquier contacto con el paciente, más si vamos a estar en contacto con sangre, fluidos, secreciones, mucosas y/o piel no intacta10.
  • Uso de mascarillas y protectores oculares: haremos uso de ellos cuando vayamos a realizar cualquier procedimiento que pueda generar salpicaduras de sangre, secreciones o aerosoles.
  • Uso de bata: para la protección de la piel y evitar la contaminación de la ropa.

Hay descritos otros tipos de precauciones estándar que no comentaremos aquí por considerar que no tienen demasiada relevancia en el contexto extrahospitalario.

Precauciones basadas en la transmisión

Las precauciones basadas en la transmisión hacen referencia a los pacientes diagnosticados y que están siendo tratados. Son, en general, precauciones más cercanas al entorno hospitalario.

 

Se dirigen principalmente a:

  • Precauciones de transmisión aérea: destinadas a pacientes que presentan patologías que liberan al ambiente partículas menores de 5 µm, como los afectados de tuberculosis pulmonar, varicela o sarampión.
  • Precauciones de transmisión por gotas: para pacientes con patologías que liberan partículas mayores de 5 µm, pacientes que presenten gripe (incluida la estacional por influenza), meningitis, difteria, escarlatina, tos ferina, neumonía o rubéola.
  • Precauciones de transmisión por contacto: usadas en pacientes con diagnóstico o sospecha de patologías transmisibles por contacto directo o indirecto como pueden ser Staphylococcus aureus resistente a meticilina (SARM), infecciones cutáneas diversas, sarna o herpes zóster diseminado.

 

MEDIDAS DE PROTECCIÓN PARA EVITAR CONTAGIOS POR VÍA AÉREA

Las medidas de protección estándar y basadas en la transmisión para evitar los contagios por VA de que disponemos los equipos de asistencia extrahospitalaria se basan, principalmente, en el uso de mascarillas, que pueden ser quirúrgicas o filtrantes de partículas11,12.

 

Hay muchas profesiones en las cuales se requiere del uso de mascarillas. Las que utilizamos en nuestro ámbito son modelos comunes a otros colectivos, aunque nosotros nos centremos principalmente en el riesgo biológico.

 

Nos parece relevante e importante saber identificar cada tipo para escoger el modelo adecuado cuando tomemos la decisión de usarlas (fig. 4).

 

 

FIGURA 4.  Miscelánea de mascarillas de protección respiratoria al alcance del equipo asistencial.

FIGURA 4.  Miscelánea de mascarillas de protección respiratoria al alcance del equipo asistencial.

 

Mascarillas quirúrgicas

Las mascarillas quirúrgicas están comúnmente asociadas a la figura del cirujano operando en el quirófano, aunque cada vez es más conocido y extendido su uso fuera de ese ambiente.

 

Es la mascarilla indicada para colocar a los pacientes con diagnóstico o sospecha de patología transmisible por VA.

 

Destinadas principalmente a evitar la transmisión de agentes infecciosos por parte de la persona que las lleva puestas, están diseñadas para trabajar desde dentro hacia fuera, pero, aunque este tipo de mascarillas no está considerado un EPI13, se utilizan como medida estándar de protección por parte del equipo asistencial para evitar el contacto con salpicaduras de fluidos biológicos y/o sangre en situaciones de cercanía con el paciente, a menos de un metro de distancia.

 

Fabricadas en capas de polipropileno, un derivado plástico que actúa como un buen filtro de partículas14, acostumbran a ser de un solo uso y se recomienda llevarlas puestas solo el tiempo que consideremos imprescindible. En ocasiones, pueden incorporar una visera encima de la mascarilla para la protección ocular (figs. 5, 6 y 7).

 

 

FIGURA 5.  Mascarilla quirúrgica estándar.

FIGURA 5.  Mascarilla quirúrgica estándar.

 

 

FIGURAS 6 Y 7.  Mascarilla quirúrgica con protector facial incorporado, muy útil en situaciones de abordaje de la vía aérea y una alternativa al uso de gafas de protección con la mascarilla.

FIGURAS 6 Y 7.  Mascarilla quirúrgica con protector facial incorporado, muy útil en situaciones de abordaje de la vía aérea y una alternativa al uso de gafas de protección con la mascarilla.

 

Mascarillas filtrantes de partículas

Conocidas también como mascarillas de alta eficacia (FFP, Filtering Face Piece, por sus siglas en inglés), acostumbran a ser la otra opción de que disponemos en cuanto a protección para contagios por VA.

 

Estas mascarillas sí que son consideradas EPI, por lo que tendrán que estar correctamente rotuladas indicando marca, modelo, norma europea, indicación R o NR (reutilizable o no reutilizable) o marcaje CE (conformidad europea, dirigida a ciertos grupos o productos industriales) (figs. 8 y 9).

 

 

FIGURAS 8 Y 9.  Mascarillas FFP2 y FFP3 correctamente rotuladas. A la derecha, ampliación de la rotulación.

FIGURAS 8 Y 9.  Mascarillas FFP2 y FFP3 correctamente rotuladas. A la derecha, ampliación de la rotulación.

 

 

Este tipo de mascarillas, al contrario que las anteriores, actúan filtrando partículas de fuera para dentro. Pueden llevar incorporada una válvula de exhalación, ya que se sujetan a nuestro rostro de una forma más ajustada y pueden provocar sensación de respiración costosa o pesada.

 

La colocación de estas mascarillas al paciente está contraindicada porque la válvula no filtra el aire exhalado, por lo que no limitaría la propagación de microorganismos.

 

Existen tres niveles dentro del rango FFP. Estos niveles nos informan del porcentaje de partículas que es capaz de filtrar la mascarilla que llevemos:

  • FFP1: eficacia de filtración del 78%.
  • FFP2: eficacia de filtración del 92%.
  • FFP3: eficacia de filtración del 98%.

La mascarilla FFP es la recomendada en situaciones de cercanía con el paciente, a menos de un metro, que entrañan riesgo de contagio por partículas menores de 5 µm, en patologías de transmisión por aire a través de las gotículas de Wells.

 

Cabe decir que la denominación FFP hace referencia al nivel de protección del estándar europeo y nos regimos por la normativa UNE-EN 149:2001+A115. En la bibliografía consultada del continente americano, la mascarilla indicada por el CDC (Centers for Disease Control and Prevention) para este tipo de protección es la mascarilla N9516,17, que tiene un porcentaje de filtración de partículas del 95% y de la que no existe una comparativa exacta, solo similar, con ninguna de las mascarillas FFP europeas, por lo que aquí se usa, de forma mayoritaria, la FFP2 (92%) o la FFP3 (98%), utilizada normalmente en situaciones de riesgo superior (figs. 10 a 15).

 

 

FIGURAS 10 Y 11.  Modelo de mascarilla FFP2 estándar.

FIGURAS 10 Y 11.  Modelo de mascarilla FFP2 estándar.

 

 

FIGURAS 12 Y 13.  Modelo de mascarilla autofiltrante FFP2, tipo “pico de pato”, dotada de válvula de exhalación.

FIGURAS 12 Y 13.  Modelo de mascarilla autofiltrante FFP2, tipo “pico de pato”, dotada de válvula de exhalación.

 

 

FIGURAS 14 Y 15.  Mascarilla tipo FFP3. Algunos modelos también disponen de válvula de exhalación, como en la fotografía.

FIGURAS 14 Y 15.  Mascarilla tipo FFP3. Algunos modelos también disponen de válvula de exhalación, como en la fotografía.

 

PROCEDIMIENTO DE USO DE LAS MASCARILLAS

El procedimiento de uso de las mascarillas de protección respiratoria en nuestro entorno de trabajo empieza con la cumplimentación de la lista de nuestra unidad, comprobando que estén físicamente disponibles, en el número indicado y del tipo que procede disponer según los diferentes procedimientos.

 

Es importante comprobar su buen estado de uso, ya que una mascarilla en mal estado de conservación puede no ser efectiva cuando la usemos.

 

Las mascarillas de tipo quirúrgico acostumbran a ser de un solo uso. Su confección sencilla, añadido a que su función principal es la de limitar la propagación de partículas por parte de quien las utiliza, justifica la no reutilización.

 

Debido a los escenarios en que vamos a usarlas, con sospecha o confirmación de microorganismos patógenos en el ambiente, en general en el mundo sanitario no es recomendable reutilizar tampoco las FFP, como prevención de posibles contaminaciones cruzadas posteriores.

 

PROCEDIMIENTOS DE COLOCACIÓN DE LAS MASCARILLAS

Colocación de la mascarilla quirúrgica, con y sin gomas elásticas (figs. 16 a 20).

  • Paso 1. Pasaremos las dos gomas por detrás de cada oreja (fig. 16).
  • Paso 2. Moldearemos el clip nasal (fig. 17).
  • Paso 3. Con los dedos de una mano presionaremos el clip y con la otra estiraremos hacia abajo la mascarilla para proteger la parte inferior del rostro (fig. 18).

 

FIGURA 16.  Colocación de la máscara quirúrgica.

FIGURA 16.  Colocación de la máscara quirúrgica.

 

 

FIGURA 17.  Una vez pasadas las gomas de la mascarilla por detrás de la orejas, ajustar el clip nasal.

FIGURA 17.  Una vez pasadas las gomas de la mascarilla por detrás de la orejas, ajustar el clip nasal.

 

 

FIGURA 18.  Para cubrir la parte inferior del rostro, presionar el clip con los dedos de una mano y estirar la parte inferior de la mascarilla con la otra mano.

FIGURA 18.  Para cubrir la parte inferior del rostro, presionar el clip con los dedos de una mano y estirar la parte inferior de la mascarilla con la otra mano.

 

 

En el caso de que la mascarilla quirúrgica sea con cintas para anudar, empezaremos por anudar las de la parte superior (figs. 19 y 20) para, a continuación, estirándola para cubrir nuestra barbilla, anudaremos las de la parte inferior.

 

 

FIGURA 19.  Ataremos primero las cintas de la parte superior.

FIGURA 19.  Ataremos primero las cintas de la parte superior.

 

 

FIGURA 20.  Detalle de donde tenemos que atar las cintas superiores para ganar en tensión y evitar una eventual caída durante su uso.

FIGURA 20.  Detalle de donde tenemos que atar las cintas superiores para ganar en tensión y evitar una eventual caída durante su uso.

 

 

Colocación de la mascarilla filtrante de partículas (figs. 21 a 24)

  • Paso 1. Con una mano sujetaremos las gomas elásticas (fig. 21), con la otra centraremos la parte filtrante por debajo de la barbilla y por la parte superior nasal.
  • Paso 2. Moldearemos el clip nasal (fig. 22).
  • Paso 3. Tanto si trabajamos con una mascarilla FFP2 o FFP3 colocaremos las manos alrededor para realizar una inspiración y una exhalación (fig. 23). Con esto comprobaremos la correcta adaptación a la cara y podremos notar si hay fugas en caso de mal contacto, en cuyo caso deberemos de tensar las gomas de sujeción (fig. 24).

 

FIGURAS 21 A 24.  Pasos para la correcta colocación de la mascarilla filtrante de partículas.

FIGURAS 21 A 24.  Pasos para la correcta colocación de la mascarilla filtrante de partículas.

 

 

Uso de mascarilla y protectores oculares (figs. 25 y 26)

Es conveniente proteger las mucosas oculares en intervenciones que requieran de abordaje de la VA, como los supuestos descritos en el apartado de este artículo “precauciones generales al alcance de los intervinientes”.

Colocaremos en primer lugar la mascarilla y posteriormente las gafas de protección, sean del tipo que sean (figs. 25 y 26).

 

 

FIGURAS 25 Y 26.  Es conveniente la utilización de gafas de protección ocular. Hay que ponerse primero la mascarilla y posteriormente la gafas de protección.

FIGURAS 25 Y 26.  Es conveniente la utilización de gafas de protección ocular. Hay que ponerse primero la mascarilla y posteriormente la gafas de protección.

 

 

 

Mascarilla dotada de protector facial (figs. 27 a 30)

  • Paso 1. Presentaremos la mascarilla y moldearemos los laterales del protector facial (fig. 27).
  • Paso 2. Seguidamente, acoplaremos la mascarilla a nuestro rostro y moldearemos el clip nasal (fig. 28).
  • Paso 3. Tiraremos de la parte superior e inferior y pasaremos a colocar y anudar de acuerdo con lo descrito en el apartado correspondiente, estirando más, si es preciso, la parte inferior de la mascarilla (figs. 29 y 30).

 

FIGURAS 27 A 30.  Pasos para la correcta colocación de la mascarilla con protección facial.

FIGURAS 27 A 30.  Pasos para la correcta colocación de la mascarilla con protección facial.

 

 

NOTA: en la bibliografía, hemos incluido los enlaces a dos videos ilustrativos sobre la colocación de la mascarilla por si pueden ser de interés para el lector18,19.

 

 


 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Campins Martí M, Uriona Tuma S. Epidemiología general de las infecciones adquiridas por el personal sanitario. Inmunización del personal sanitario. Enferm Infecc Microbiol Clin 2014;32(4):259-65.
  2. Grupo de trabajo de precauciones estándar y específicas basadas en la transmisión. Código PR-PRS-08. Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Madrid, marzo de 2010. Disponible en:  http://www.madrid.org/cs/Satellite?blobcol=urldata&blobheader=application%2Fpdf&blobheadername1=Content-disposition&blobheadername2=cadena&blobheadervalue1=filename%3DProtocolo+de+precauciones+est%C3%A1ndar+y+espec%C3%ADficas.pdf&blobheadervalue2=language%3Des%26site%3DHospitalGregorioMaranon&blobkey=id&blobtable=MungoBlobs&blobwhere=1352862881243&ssbinary=true (Consultado el 1 de julio de 2018).
  3. Wikipedia. Carl Flügge. Actualizada por última vez el 19 de enero de 2018. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Carl_Fl%C3%BCgge (Consultado el 29 de junio de 2018).
  4. Wikipedia. Micrómetro. Actualizada por última vez el 10 de marzo de 2018. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Micr%C3%B3metro_(unidad_de_longitud) (Consultado el 29 de junio de 2018).
  5. Enfervescente.Epidemiología y profilaxis de las enfermedades infecciosas. Febrero de 2013. Disponible en: http://www.enfervescente.com/privado/wp-content/uploads/2013/02/EPIDEMIOLOGIA-13.pdf (Consultado el 26 de junio de 2018).
  6. Rodríguez F. La Cadena Epidemiológica. 10 de julio de 2016. Disponible en: https://www.franrzmn.com/la-cadena-epidemiologica/ (Consultado el 27 de junio de 2018).      
  7. Generalitat de Catalunya. Guía de actuación para la prevención de riesgos laborales frente a agentes biológicos peligrosos altamente transmisibles en centros sanitarios. Año 2017. Disponible en: http://treball.gencat.cat/web/.content/09_-_seguretat_i_salut_laboral/documents/04_-_riscos_i_condicions_de_treball/riscos_laborals/Risc_biologic/GUIA-PRL-AGENTES-BIOLOGICOS.pdf (Consultado el 2 de julio de 2018).
  8. Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Ministerio de Sanidad y Política Social. Gobierno de España. Recomendaciones para la prevención de la infección en los centros sanitarios ante casos de infección por el nuevo virus de la gripe A (H1N1) o de la gripe estacional. Agosto 2009. Disponible en: http://www.msc.es/servCiudadanos/alertas/pdf/Recomen_preven_infec.pdf (Consultado el 29 de junio de 2018).
  9. García Couso S. Los guantes de protección como barrera ante riesgos biológicos en emergencias extrahospitalarias. Zona TES 2014;4:170-4.
  10. Hospital Santos Reyes de Aranda de Duero. SACYL. Junta de Castilla y León. Precauciones y aislamientos en patología infecciosa. Disponible en: https://www.saludcastillayleon.es/HSReyesAranda/es/calidad/precauciones-aislamientos-patologia-infecciosa (Consultado el 25 de junio de 2018).
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